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MARTES 7 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22964 / ACTUALIZADA 02:00 am
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Las líneas de respeto

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Margarita Murillo
mmurillogamboa@yahoo.com

He querido ahondar en un aspecto esencial en la profunda construcción de una mejor vida para los hombres y mujeres de nuestra sociedad latinoamericana. En nuestra sociedad no sólo se ha tolerado sino que se han construido patrones de comportamiento muy destructivos para ambos (hombres y mujeres) en donde se perpetúa la violencia, el adulterio, la mentira, la corrupción llegándose a convertir casi en un modo de vida desde nuestra infancia, estimulada y no confrontada y mucho menos corregida por todos nosotros.

Me refiero a lo que de muy buena forma el Dr. James Dobson hace alusión en su libro “El Amor debe ser firme”, en donde refiere que uno de los principales problemas en las relaciones de pareja y en la vida diaria es reconocer y madurar las líneas de respeto entre las personas, cuando se hace referencia a esto se habla de la necesidad de reconocer que el otro y la otra tienen necesidades y formas de ver y resolver la vida y las dificultades que se nos presentan.

Cuando habla de las líneas de respeto, se habla de madurar las relaciones y no esperar que sea siempre el otro o la otra quien deba tomar la iniciativa de mejorar, confrontar o resolver nuestras dificultades.

Para esto se requiere de una buena dosis de autoafirmación en lo que creo, pienso y construyo para mi vida, pero, como todos sabemos, nos falta mucho camino antes de poder reconocer que tengo dignidad y respeto por mí misma o mí mismo.

Las líneas de respeto implican decir con claridad los valores que quiero para mi vida, la forma en que ambos vamos a dialogar acerca de lo que vamos o no a permitir entre nosotros, ya sea en nuestra relación de pareja y no sólo allí, sino también en nuestras familias, trabajos, comunidades.

Si nos pusiéramos a pensar delicada y honestamente corroboraríamos que estas líneas de respeto están presentes en toda convivencia humana.

Cuando el Dr. Dobson hace mención de que hay una diferencia entre ser una mujer o un hombre seguro de sí mismos o ser alguien que sufre sin protestar, hace mención de la tensión que implica para el equilibrio espiritual, físico y mental el tomar la decisión de sufrir “pacientemente” en espera del desarrollo no sólo de una enfermedad física, sino también moral, espiritual y mental.

Saltarnos nuestras líneas de respeto y las de los demás implica debilitar nuestra armadura moral, implica destruir nuestra propia dignidad y caer en un juego social inmaduro de creer que “nada me va a pasar”. Los matrimonios que tienen éxito, refiere el Dr. Dobson, descansan sobre un cimiento de pedirse cuentas entre esposos.

Cada uno refuerza en el otro una conducta responsable mediante un sistema inspirado en los frenos y los equilibrios, en ausencia de esto una de las partes puede desviarse hacia el insulto, el maltrato, la acusación y el ridículo.

El elemento clave y crítico que se suscita cuando comienzan a presentarse los conflictos, principalmente en la pareja, es la manera en que un cónyuge comienza a percibir al otro y a su vida juntos, además, agregaría yo, está implícito la presión sociocultural de perpetuar el que no se promueva el vínculo, pues, de alguna manera sutil se nos hace creer que la virilidad o la autoestima o dignidad se da en la medida en que podamos filtrear y coquetear con otras y otros y así sentir que estoy guapo, hermosa y de esta manera no logro madurar mi amor en una relación que busca hacerme crecer y disfrutar de mis sueños, hijos, luchas.

La seducción de la infidelidad, entre otras conductas, y sobre la que hablaremos en el próximo artículo, no es más que un vicio como muchos otros, en un individuo que tiene agrietada su armadura moral.

Esto también es parte de la educación de la sexualidad el poder detener aquellas conductas que maltratan y dañan la construcción de hombres y mujeres mucho más maduros y libres para amar.  
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