Especial
Un día de ajetreo en los cafetales
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 | Pese a la tragedia ocurrida el pasado domingo, en que perecieron 6 cortadores de café y 26 resultaron heridos, los trabajadores aceleran su ritmo de trabajo. En las frías y silenciosas madrugadas, centenares de obreros agrícolas despiertan para iniciar sus extensas jornadas en la gran mayoría de haciendas y fincas cafetaleras del departamento de Matagalpa, pues el corte del “rojito”, entró a la época “pico” |
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Al concluir la jornada, los cortadores sacan el café a la orilla de la carretera, donde se debe medir la cantidad cosechada durante el día. (LA PRENSA /L.E. Martínez membreño) |
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Luis Eduardo Martínez M. CORRESPONSAL /MATAGALPA departamentos@laprensa.com.ni
En la Hacienda Santa Rosa, 15 kilómetros al sur de la ciudad de Matagalpa, el frío de la madrugada cala los huesos. Antes que las aves de corral despierten, los “patieros” Francisco Ramos y Noel Pérez inician sus labores en el beneficio húmedo, donde se debe orear el café que el día anterior fue cortado, despulpado y fermentado. Son casi las tres de la madrugada.
Cerca de las cuatro, uno a uno, los obreros agrícolas que se quedan en el campamento de la hacienda, empiezan a llegar a la enorme pila que se ubica junto al beneficio húmedo. “Tiritantes” por el frío, aceleradamente dejan caer panadas de agua sobre sus cuerpos. Es la hora del baño.
Mientras en la cocina ya se siente el calor del fogón y el fresco aroma de café recién hecho. Doña Mercedes Navarrete y su ayudante Fanny Jiménez, preparan el desayuno para todos los cortadores.
Frijoles recién fritos, café caliente y una gigantesca tortilla, son infaltables a la hora del desayuno, que es servido cuando los primeros rayos del sol irrumpen entre las altas montañas de la zona.
LOS QUE VIAJAN DIARIO
A esa misma hora se registra la llegada de hombres, mujeres y niños cortadores que viven en comunidades cercanas a la hacienda y que a diario recorren el camino entre sus casas y Santa Rosa.
Héctor López, de 14 años de edad, originario de la comunidad El Ocote, es el único de su familia que se dedica a los cortes. Dice levantarse a las cuatro de la madrugada para emprender la caminata hacia la hacienda donde aprendió a cortar el año pasado.
Por su parte, don Pedro Ramos Aguilar se levanta a las tres de la madrugada para encender el fogón de su casa, preparar un poco de café y junto a algunos miembros de su familia sale desde su casa, en la comunidad Bijawe Sur, a las cinco, para llegar a Santa Rosa a eso de las seis de la mañana.
Similar es la rutina que desde hace siete años lleva doña Reina Eduarda Ramos, durante la temporada de cortes. Ella vive en Bijawe Sur y relata: “me levanto a las tres de la mañana porque debo dejar listo el desayuno para mis niños pequeños y después nos venimos a cortar café con mi hijo mayor”.
Juntos, doña Reina Eduarda y su hijo Joel Jacinto López Ramos, de 15 años de edad, emprenden el camino hacia la hacienda Santa Rosa, mientras en su casa quedan Lisbeth Leticia y Jonás, de 12 y 8 años de edad, respectivamente, quienes pasan el día cuidando la humilde vivienda. La mayorcita se encarga de cuidar al menor y de alimentar a las gallinas.
Los cortadores que viajan todos los días, llegan a desayunar a la hacienda y cerca de las seis y media de la mañana reciben las orientaciones de los dos capataces, uno de ellos, don Roberto Pérez Méndez, con más de 30 años de trabajar en la hacienda y que también viaja a diario desde la comunidad El Ocote.
Su primera tarea es escuchar las orientaciones del mandador de la hacienda, Humberto Jiménez Rodríguez, quien a su vez, las recibe del patrón Frank Lanzas Monge, dueño de Santa Rosa.
Un afilado machete y el cuerno de una res, son los principales instrumentos del capataz Pérez Méndez, quien se encarga de “pasar revista” de cuántos y quiénes son los cortadores que llegaron ese día, para luego señalarles los surcos de los cafetales en los cuales deben iniciar sus labores.
“Ya saben, corten sólo el madurito, no echen gajos ni granos verdes, no “soben” el palo, tengan cuidado de no quebrar los palos y pepenen (recojan) el grano del suelo”, son algunas de las orientaciones que Pérez Méndez da a los cortadores.
Luego, con un fuerte soplido hace sonar el cuerno, indicando que los cortes deben iniciar. El cuerno suena nuevamente entre los cafetales cuando alguien busca al capataz y éste sopla para ser ubicado rápidamente.
De lo contrario, sonará hasta el medio día, cuando llame a almorzar a los cortadores y luego, a las cuatro de la tarde, cuando indique que el corte del día terminó y que es hora de la “medida”.
NIÑOS NO APARECEN EN PLANILLA
Canasto al cinto, hombres, mujeres y niños, de todas las edades se internan en los cafetales. Ya el mandador les asignó el surco en que deben cortar cada uno.
“Allí la suerte de cada quién, porque hay surcos en que el café está más maduro que los otros y tienen oportunidad de cortar más latas”, explica Humberto Jiménez Rodríguez, el mandador de Santa Rosa.
A los cortadores se les paga cinco córdobas por cada lata de café cortado. En las planillas sólo aparecen los obreros mayores de catorce años, por lo que el café cortado por los niños se anexa al que cortaron sus padres.
Así es el caso de don Pedro Ramos Aguilar, uno de los más “veteranos” cortadores de Santa Rosa. Él tiene unos 15 años de llegar a cortar café a esa hacienda y asegura que este año “el pago es muy bajo y al niño (señala a su hijo de ocho años), aunque no es mucho lo que corta (poco menos de una lata al día) ya suma algo pero no le pagan lo que él corta, por eso, a la hora de la medida es como que yo lo haya cortado”.
Durante las primeras horas, los niños se integran a los cortes, pero cuando el trabajo los agota, algunos se reúnen en lugares despejados de cafetos y malezas, iniciando a jugar canicas y posteriormente vuelven a los cortes junto a sus padres.
Para los adolescentes y adultos, los cortes de café se interrumpen únicamente a la hora del almuerzo, cuando el capataz anuncia, sonando el cuerno, que los alimentos llegaron a la orilla del camino cerca del plantío donde ellos se encuentran.
Inmediatamente después de almorzar, los obreros agrícolas regresan al cafetal y algunos deciden descansar un poco cuando consideran que ya han cortado suficiente café como para devengar unos 30 córdobas por el día de trabajo.
LA MEDIDA
A las cuatro de la tarde es la hora de la medida. Los capataces hacen sonar nuevamente sus cuernos y uno a uno los cortadores sacan el café en sacos hasta la carretera, donde esperan el mandador, los capataces, el planillero y en algunas ocasiones el patrón.
Sobre una improvisada alfombra, hecha con sacos, uno de los capaces toma la caja de madera que sirve de medida (denominada lata) y el planillero llama en orden numérico a los cortadores, quienes vierten en la caja los granos recolectados.
Los granos deben colmar la lata, por lo que al finalizar las medidas, una buena cantidad de “rojito” queda sobre la alfombra. El promedio de latas cortadas por cada obrero oscila entre cinco y seis, aunque algunos, con ayuda de los menores alcanzan entre ocho y nueve latas.
El planillero anota la cantidad de latas cortadas por cada obrero durante el día y éste recibirá su pago al finalizar la catorcena.
Tras ser “medidos”, los cortadores van hacia la pila junto al beneficio y lavan los sacos. Luego, descansan un poco mientras llega la hora de la cena. Una parte de ellos se queda en el campamento, mientras, los otros se van a sus casas en las comunidades cercanas, para regresar a los cortes al día siguiente.
El café, recolectado durante el día, es llevado hacia el beneficio húmedo donde se despulpa, fermenta y lava el grano, para luego ser oreado en la misma finca y al día siguiente transportado hacia el beneficio seco.
HACIENDA CON CORTES A "MEDIO GAS"
La extensión de la Hacienda Santa Rosa es de 280 manzanas, de las cuales 104 manzanas se dedican al cultivo del café. Otras 60 son destinadas para potreros y las restantes son de montaña virgen.
En épocas de corte de café, en esta hacienda usualmente se requiere de unos 240 cortadores, sin embargo, en la presente cosecha únicamente están en planilla 79 cortadores, sostiene Frank Lanzas Monge, propietario de Santa Rosa.
Añade que, por la falta de mano de obra, se perderá una buena parte de la cosecha: “estamos a medio gas, pues deberíamos estar sacando entre 700 y 800 medios de café cada día, pero por la falta de cortadores apenas estamos sacando alrededor de 400 medios”.
ESTRICTA VIGILANCIA
En los cortes de café, es notoria la presencia de familias completas como es el caso de doña Agustina Gutiérrez, quien llegó a la Hacienda Santa Rosa con su esposo y sus hijas de 17 y 14 años de edad. Doña Agustina dice que mantiene una estricta vigilancia sobre sus hijas. “Durante los cortes no dejo que se vayan lejos de donde yo estoy, tienen que estar cerca porque uno nunca sabe y por la noche deben acostarse y dormirse antes que yo y no las dejo salir del campamento”, advierte. 
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