Un campeón sin casa
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 | Luis Pérez, ahora Campeón Mundial de las 115 libras de la FIB, vive posando desde que se casó |
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Esta es la casa que Luis Pérez y su familia habitan en Managua. (LA PRENSA/G. Miranda) |
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Wilder Pérez R. wilder.perez@laprensa.com.ni
Después de siete años de casado, el Campeón Mundial de las 115 libras de la Federación Internacional de Boxeo, Luis Pérez, puede darle la casa que siempre prometió a su esposa y en dependencia de sus prioridades, mejorar la vivienda que su mamá no logró concluir en 40 años de trabajo como vendedora en el Mercado Oriental.
Una vez más, el boxeo hizo el milagro. Sacó de la extrema pobreza a un hombre y su familia, con la oportunidad de darle más si sigue sus reglamentos. Esa era la meta de Pérez, y ahora está ante la posibilidad de cumplir sus sueños: una casa para el matrimonio, dejando atrás siete años de vivir posando donde la suegra o la mamá.
“Vamos a ver ahora qué pasa, teníamos la idea de buscar un terrenito para cuando volviera, a ver si compramos una casita”, afirmó su esposa Yahaira Vega. Y es que “Tito”, como le dicen en el asentamiento Las Praderas, al sureste de Managua, viene de una familia tan pobre, que los ripios no alcanzaron para hacerle pared a uno de los cuartos de la vivienda de su mamá, donde habita desde hace un mes.
La casa es tan pobre como limpia. El porche es de tierra con un muro levantado de polines. La edificación es de ripios que van desde láminas lisas de zinc hasta plástico. Aunque goza de energía eléctrica no tiene servicio de aguas negras. Un patio fresco por árboles vecinos es adornado por un hueco en el centro donde cae el agua del baño y del lavandero, que luego se utiliza para regarlo.
Dentro no hay ladrillos, el suelo de la sala fue cubierto de a poco con cemento. Un televisor, una cama, tres sillas, un mueble, un pequeño equipo de sonido, un ropero y una cocina, es todo lo que hay. Al menos tres camas son ocupadas por un mínimo de siete personas.
La casa refleja lo duro que fue para su mamá, haber criado a 12 hijos que nunca terminaron sus estudios, valiéndose únicamente de un “caramanchel” en el Oriental, donde vendía cosméticos y granos básicos, con la ayuda de sus hijos, incluyendo al ahora Campeón del Mundo.
Pero todo eso se olvidó ayer, y a como pudieron, la familia, vecinos y amistades, le alistaron un rápido almuerzo para cuando llegara a la casa.
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