Los “malos” y los “buenos” políticos que existen en Nicaragua
María José Zamora*
Recuerdo que cuando era niña escuchaba a los adultos de la familia hablar sobre lo sucio que era la política y los políticos de Nicaragua. Decían que en la política, ninguna persona honesta tenía oportunidad de hacer carrera. Un político que exprese sinceramente sus sentimientos; que no ofrezca lo que no tiene las intenciones de cumplir; que sea capaz de decir no, incluso a sus amigos, cuando decir sí implicaría traicionar su ética y sus valores morales es, desde el concepto que guardo de mi niñez, un mal político. Un buen político, por el contrario, es aquel que no acostumbra a expresar sus verdaderos sentimientos o intenciones, más bien se acomoda a las circunstancias en dependencia de su propia conveniencia e intereses personales; para obtener más votos ofrece cualquier cosa, aún sabiendo de antemano que no existe la posibilidad de cumplir lo prometido; y por último, para mantener su poder y su estatus económico, es capaz de hacer y decir cualquier barrabasada. Así que desde esta perspectiva, para ser un buen político no se debe tener escrúpulos ni valores morales y mucho menos sentimientos de solidaridad y respeto por sus compatriotas. Yo diría que, a excepción de la bancada Azul y Blanco del Parlamento, el resto de bancadas nos han dado suficientes demostraciones que fundamentan mi punto de vista.
Por otra parte, la actuación de los llamados “grandes líderes políticos” de los últimos cuarenta años: Anastasio Somoza, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, me ha reforzado el nefasto concepto que tengo de la política y los políticos criollos. De esta forma he llegado a comprender por qué para los arnoldistas don Enrique Bolaños es el traidor, mientras Arnoldo Alemán es su máximo líder.
Ahora que Arnoldo Alemán está fuera de la Asamblea Nacional, los arnoldistas que ayer públicamente le llamaron a don Enrique traidor, inepto y “rata de dos patas”, y lo amenazaron e intentaron chantajearlo de todas maneras, hoy como excelentes políticos que son, pretenden venderle al Ejecutivo una imagen conciliadora y fraternal. Me parece que un arreglo con estos liberales sería como dejar entrar al Caballo de Troya.
El partido liberal debería de buscar cómo renovarse, yo coincido con las palabras del Sr. Eduardo Urcuyo, publicadas en LA PRENSA del viernes 20 de diciembre. Él dice que se debe buscar el fortalecimiento de una fuerza nueva o de una tercera vía y reconoce que lo que ha fortalecido al liberalismo es el 30 por ciento del voto no liberal y de aquellas personas que no tienen partido.
Respecto a la relación Ejecutivo- Asamblea Nacional; opino que el próximo año tampoco se vislumbra muy prometedor. Don Enrique debería mantener mucha distancia y cuidarse las espaldas tanto de los arnoldistas como de los sandinistas. Me parece que a ninguna de estas dos “bandadas” les conviene, que el gobierno del Ing. Enrique Bolaños tenga un balance positivo al final de su gestión.
Ojalá que todo el esfuerzo de don Enrique Bolaños por impulsar esta revolución moral; sin el manoseo vulgar al que siempre han sometido los políticos a nuestra Patria, logre cambiar los viejos conceptos y paradigmas políticos que guarda nuestra sociedad, por otros que inviten a las personas honestas como él, a participar con orgullo en el quehacer político de Nicaragua.
* La autora es psicóloga. mjzamora@interlink.com.ni 
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