La matrona de tres siglos
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Rodeada de hijas, nietOs y bisnietos, doña Octaviana Catalina Juárez, de 105 años, es la matrona y una de las fundadoras del poblado que le da nombre a los Hervideros, San Jacinto. |
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Orlando Valenzuela info@laprensa.com.ni
Para conocer un poco de la historia de San Jacinto, lo mejor es hablar con doña Octaviana Catalina Juárez García, que con 105 años a “tuto”, aún guarda una fresca y lúcida memoria.
Sentada en una silla al fondo de la sala de su humilde casa, doña Catalina goza al recordar sus años de juventud. La centuria le ha traído algunos padecimientos a “Cata”, quien ha perdido la visión y hay que hablarle al oído fuerte.
Doña Catalina vino de la zona del Tololar hace más de medio siglo, cuando el volcán Cerro Negro hizo una de sus destructivas erupciones y obligó a muchas familias a emigrar. “Cuando llegamos a este lugar, aquí había una hacienda de ganado de dos mil manzanas. Un obispo de León compró la hacienda para regalarle tierra a la gente que vino huyendo del volcán y así fue como nosotros y todos los que venimos recibimos un terrenito donde vivir”, relata emocionada la anciana.
La vida de doña Catalina ha sido dura, pues además de sentir en carne propia los horrores de las guerras civiles entre las paralelas históricas, la pobreza siempre ha sido su eterna acompañante. Recuerda que a principios del siglo pasado, cuando las revueltas armadas eran cuestión de casi todos los años, las tropas conservadoras pasaban por su comarca y se les bebían la leche de las vacas paridas o se les comían las gallinas y como ella era liberal, muchas veces se fue a dormir con sus hijos a las huertas por temor a los cachurecos.
CON 16 HIJOS Y 70 AÑOS DIO EL SÍ AL AMOR DE SU VIDA
Como si hubiese ocurrido ayer, doña Catalina sonríe al recordar que de chavala solía ir con una pana llena de tortillas, cuajada y güirilas a venderle a las tropas de Zelaya acantonadas en León. Entre los primeros pobladores que llegaron a San Jacinto, además de ella, menciona a Hernán Medina, Brígido García, y Genaro Mayorga.
Recuerda que se rejuntó a los 16 años con el amor de su vida y tuvo 16 hijos, de los cuales ahora tiene nietos, bisnietos, tataranietos y hasta “Chombo”, pero no fue sino hasta que su compañero de vida se estaba muriendo de tanto licor, cuando ella ya había cumplido los 70 años, que decidió darle el sí para casarse por la Iglesia. 
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