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SáBADO 4 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22961 / ACTUALIZADA 12:00 pm
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Blanco y negro
2003: Año de la Esperanza y la Reconstrucción

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Eduardo Enríquez
eduardo.enriquez@laprensa.com.ni

Ya se ha perdido la costumbre, pero recuerdo que antes los gobiernos le daban nombres a los años. Hace 30 años, 1973 fue el año de la Esperanza y la Reconstrucción. Tenía que serlo, después de la destrucción del centro de Managua no había de otra, el corazón del país estaba herido, con el tiempo nos dimos cuenta que estaba herido de muerte, pero había que darse ánimos.

Aunque ya la costumbre se ha perdido, lo curioso es que si todavía existiera, este año bien podría llamarse igual. O sea, da tristeza que hayan trancurrido 30 años y no hayamos pasado de la esperanza de reconstruir, o de reconstruirnos.

Sin embargo, es positivo que tengamos todavía la esperanza, o que al menos la hayamos recuperado porque la verdad, a lo largo de estos tres decenios seguro que la Esperanza quedó opacada, escondida, soterrada por tantos problemas, abusos, desaciertos y hasta fenómenos naturales.

Pero la Esperaza ha renacido. Igual que renació en 1979, en 1990 y hasta en 1996. Todas esas fueron grandes oportunidades para dar el primer paso hacia el desarrollo, hacia la lucha contra la pobreza y el establecimiento de una verdadera democracia donde las instituciones del Estado funcionen.

En todas volvimos a caer. La primera vez porque los que llegaron pensaron que —a pesar de la retórica— no habían liberado sino que habían conquistado y ellos eran los nuevos dueños y señores. La segunda porque quienes llegaron eran tan débiles —probablemente el gobierno más débil de nuestra historia— contemporánea y se conformaron con sobrevivir, y si para mientras se hacía un buen negocio, pues mejor aún. Y en la tercera, bueno, en la tercera los que llegaron traían escondido en el traje Armani el antifaz y el saco de bramante del ratero.

La lucha frontal contra la corrupción del gobierno anterior al menos parece indicar que esta gente quiere trabajar y pretende hacer las cosas bien. Pero no todo depende de ellos. Y no sólo no depende de ellos por los inmensos problemas que enfrentan en lo económico, en lo social y todavía en lo político, sino que no depende de ellos porque a lo largo del año que llevan en el Ejecutivo han demostrado que, aún si saben lo que quieren, es seguro que no están claros de cómo conseguirlo.

Pero además, no todo depende de ellos porque construir los cimientos de una democracia y de una sociedad con mayores oportunidades no depende del grupo que gobierna. No son el presidente y sus 12 ministros un grupo de magos. Reconstruir es mucho más complicado que destruir. El capricho de un solo hombre, ya lo hemos visto, puede destruir un país o retrasar su recuperación, pero la voluntad de uno solo no basta para hacer lo contrario. Esa es tarea de todos, o al menos de la mayoría. Los nicaragüenses debemos estar pendientes de que se sigue el camino que se ha trazado y que se hacen las reformas necesarias, y que se hagan de forma urgente.

Es por eso que me preocupa que se vayan a perder seis o más meses en un diálogo de esos que nos tienen aburridos porque no resultan en nada. ¡Si ya todo mundo está claro de lo que hay que hacer! Hay que comenzar ya.

¿O es que después de 30 años de verdad creen que necesitan un diálogo para saber lo que necesita reformarse en este país?  
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