Testimonio de fe
Rigo Cabezas.
Quiero referirme al artículo publicado en días pasados sobre el Padre Santiago de Anitua, quien pasó a la vida que el mismo anunciaba en sus clases de filosofía.
Si es cierto que somos genuinos testigos de esa fe, pasémosla a todos los que nos encontremos en nuestro andar por este mundo, especialmente a nuestros enemigos, pues es haciéndolo a los que nos destruyen que hacemos el trabajo de paz que se nos ha encomendado.
Durante la Misa del Gallo a la medianoche, mencioné en voz alta el nombre de Santiago de Anitua.
Yo no tuve una experiencia tan impactante como la del autor del artículo, pero sí, él afecto grandemente la forma en que yo conduzco mi vida ya que debido a sus consejos yo pude permanecer sano en medio de la vorágine que envolvió a Nicaragua en la década de los 70. Fue debido a el que, reflexionando en sus guías pude volver a la Iglesia en los 80. Fue debido a él que, guardando su recuerdo de cuestionamiento de la fe encontré lo que los jesuitas enseñan: “Te educamos para que vos vayas a tu comunidad a ser testimonio de esa fe a través de la acción en favor de los demás, especialmente de los marginados”.
De hoy en adelante sumo a Santiago al coro de mis embajadores que ya están en la eterna presencia de Papa Dios, y le pido que le ruegue por todos nosotros que sí necesitamos de sus oraciones.

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