La insuficiencia renal: un reto a la salud pública
Erwin A. Aguilar eaguilar@bellsouth.net
La salud pública es la conciencia de la medicina y un postulado social. Es la aplicación del conocimiento científico a las estrategias y mandatos sociales dirigidos a la promoción, preservación y protección de la salud de la población. En nuestro mundo moderno y a medida que las sociedades se desarrollan para poder competir en los mercados mundiales, los grupos poblacionales están afectados por problemas como la lluvia ácida, la contaminación del aire y el agua, la basura, los pesticidas, el calentamiento ambiental, etc., causando graves daños a la salud. De igual manera las costumbres alimenticias tradicionales tienen un contenido alto de grasa, sal y azúcares y, por otra parte, la introducción de nuevos hábitos alimentarios con las llamadas comidas rápidas y las importadas que, entre otras cosas, están cargadas de preservativos químicos y sal, son factores que conducen a la obesidad, la hipertensión y la diabetes. A esto le podemos agregar el estrés laboral, el consumo excesivo de bebidas alcohólicas, el abuso de drogas y medicinas y la automedicación.
Las consecuencias de estos desajustes sociales y cambios de conducta y ambiente, son, en gran parte, la causa de la insuficiencia renal, siendo los mayores factores de riesgo la hipertensión y la diabetes no controladas, entre otros.
Los riñones sanos limpian la sangre filtrando los desechos, el exceso de agua y producen hormonas. Cuando fallan, el organismo retiene líquido, la presión sanguínea aumenta, desechos tóxicos se acumulan y no producen suficientes glóbulos rojos causando anemia. Cuando esto sucede, es necesario recurrir a tratamiento para sustituir el trabajo que los riñones ya no pueden cumplir con la ayuda de la diálisis y medicamentos muy costosos para mantener la vida. Un sector muy grande de la población humana está expuesta a sustancias químicas nefrotóxicas como resultado de la vida moderna, o un tratamiento farmacológico, vivir o trabajar en un ambiente contaminado o a envenenamientos accidentales o intencionales. Tomando en cuenta, únicamente, la contaminación ocupacional, se calcula que en los EE.UU. unos 4 millones de personas están potencialmente expuestas a sustancias químicas nefrotóxicas y la incidencia anual de la insuficiencia renal aguda es de 2 por cada 100,000 habitantes.
Esta relación puede ser mayor en los países menos desarrollados donde la mayoría de la población no tiene fácil acceso a los sistemas de salud y de medicina preventiva y los pocos recursos disponibles tienen limitaciones económicas. En algunas regiones la insuficiencia renal se considera como una de las principales causas de muerte a la par de las enfermedades cardiovasculares. De acuerdo a algunos autores hasta el 20 por ciento de los casos de insuficiencia renal aguda se puede atribuir a daños tóxicos producidos por fármacos. El abuso de analgésicos es responsable de un tres por ciento de los casos agudos que reciben diálisis y, en algunos países europeos, hasta un 20 por ciento de los pacientes en diálisis renal se debe al abuso de analgésicos. El resto se debe a diferentes causas, pero principalmente hipertensión y diabetes no controladas.
La enfermedad renal aguda es un enorme reto a la salud pública con un aumento en la incidencia y la prevalencia. En los EE.UU. más de 300,000 personas reciben diálisis tres veces por semana y los más afortunados reciben un trasplante de riñón para poder seguir viviendo. El número de estos casos se ha aumentado en las décadas pasadas y el costo es de más de 16,000 millones de dólares anuales, del sector privado y público, y con más de 63,000 personas muriendo anualmente, el impacto en los sistemas de salud es enorme. Los países menos desarrollados, de escasos recursos y difícil acceso de las mayorías a los sistemas de salud, no pueden hacerle frente a este problema.
La prevención de la degeneración renal es la estrategia a seguir y esto implica disminución de peso, reducción de la ingesta de sal, farmacoterapia para disminuir la presión sanguínea, restricción de la ingesta proteínica y, en el caso de los diabéticos, un estricto control del azúcar sanguíneo.
El objetivo principal es evitar el fallo renal, que puede pasar desapercibido en sus primeras etapas y dado que el aumento de la incidencia de la enfermedad renal crónica es rápido, los médicos generales juegan un papel importante en la detección precoz y remitir el paciente a los cuidados del nefrólogo a la mayor brevedad posible.
La alta prevalencia de esta enfermedad, que es en gran parte prevenible, requiere educar a la comunidad, alertar a las autoridades de salud, aumentar las campañas de salud comunitaria (radio, TV y periódicos), facilitar el acceso a los sistemas de salud, además de mantener una vigilancia epidemiológica continua para identificar los factores de riesgo y prevenir la enfermedad. Esto es posible siempre y cuando haya voluntad y compromiso social con la población.
El autor es director de Investigación Clínica-Nefrología de la Louisiana State University, Nueva Orleáns y profesor Visitante de Salud Ambiental, Universidad Americana (UAM).
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