Mi hijo no me respeta
Ernesto González Valdés egonzav@uam.edu.ni
Tener autoridad, que no es lo mismo que autoritarismo, es básico para la educación de nuestros hijos. Debemos marcar límites y objetivos claros que le permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas: “...no quiero hacerlo, porque no me da la gana”. ¿Cómo rescatar nuestra autoridad?
Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres, inclusive a pesar de que le vaya muy bien en lo económico, laboral y socialmente, porque simplemente ha fracasado en el “negocio” más importante: la educación de sus hijos. ¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometemos cuando interaccionamos con nuestros hijos?:
a) Ceder después de decir no. Una vez que usted se ha decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. El no es innegociable. Si usted le ha dicho a su hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, su hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro. En cambio, el sí, se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuánto rato.
b) Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Si el padre le dice a su hijo que ha de comer con cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: “Dejalo que coma como quiera, lo importante es que coma”.
c) Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. Como es el caso de gritar, supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Cuando los gritos no dan resultado, la ira puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos síquicos y físicos, lo que es muy grave.
d) No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dice. Deben ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.
Estos consejos o recomendaciones sólo requieren el convencimiento de que son efectivos, y llevarlos a la práctica de manera constante y coherente, aunque deberá quedar claro que dependerá fundamentalmente de dos factores, que en la relación con los hijos son absolutamente imprescindibles: amor y sentido común.

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