LUNES 22 DE DICIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23,310 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Reportaje especial
¡A correr! Peligro a la medianoche

Foto  
. Corren para competir entre ellos mismos, y corren de la Policía. Son las carreras ilegales de autos que a la medianoche muchos jóvenes realizan desplazándose a más de 150 kilómetros por hora. Un periodista de LA PRENSA presenció tres de estas citas temerarias.

Antes del arranque, ambos carros son rodeados por los fanáticos que a gritos vitorean a su favorito.

 

Jehú Hernández Sandoval
jehu.hernandez@laprensa.com.ni

La noche transcurría perezosa y sin muchos ánimos. Una corriente de aire frío hizo que la piel se pusiera como carne de gallina y la lluvia casi inmediata obligó a quienes departían un rato ameno en las afueras de una gasolinera en la Carretera a Masaya, a refugiarse dentro del establecimiento o en el interior de los autos deportivos que se encontraban en el extremo sur del parqueo.

Momentos antes, los parlantes de un automóvil blanco, de la línea Hyundai deportiva, dejaban escapar desde la cajuela el ritmo de “el perreo”, actual favorito entre la juventud, mientras los demás autos permanecían con las tapas de sus motores levantadas en una clara invitación para que los visitantes se acercaran a observar su interior.

Piezas extrañas de llamativos colores indicaban que el motor había sido modificado. Sus conductores, jovencitos que según su apariencia física tienen edades que oscilan entre los 14 y 22 años, no escatiman en gastos con tal de adaptar a sus “naves” las extras necesarias para obtener mayor velocidad y rendimiento, con la intención de ganar las competencias que los fines de semana realizan al filo de la madrugada.

Sensación de libertad

“Christopher” es el piloto de ese Hyundai que minutos antes contaminaba el ambiente con su estridente música. Tiene sólo 17 años de edad y uno de competir clandestinamente en carreras de velocidad acompañadas por apuestas.

Según él, la motivación principal de quienes realizan estas competencias es la sensación de libertad que alcanzan durante los diez o quince segundos que necesitan para alcanzar la meta, el interés de ganar las apuestas y lucir como el mejor ante sus novias y otras jovencitas que asisten a esas sesiones de adrenalina pura.

Con mucha timidez contó que la rutina cada noche de competencias es similar. Generalmente, un grupo de jovencitos ubica sus autos deportivos, originales o logrados a través de adaptaciones, en el estacionamiento de los On the Run o Star Mart de la Carretera a Masaya.

“Debido a que la Policía Nacional con frecuencia realiza operativos para agarrarnos in fraganti, tenemos un sistema de vigilancia para detectar a tiempo cuando vienen los policías”, dijo.

Ubicados en puntos estratégicos y utilizando teléfonos celulares, los “postas” alertan la proximidad de patrullas policiales o de algún vehículo particular del que sospechen viajen policías vestidos de civil.

Esta primera noche no fue posible presenciar las competencias. La desconfianza generada al ver un vehículo extraño con tres personas “sospechosas” a bordo, les hizo desistir en pro de su seguridad.

Segunda noche

La segunda noche en que LA PRENSA intentó presenciar las carreras clandestinas de automóviles, coincidió con una exhibición de autos deportivos realizada por una empresa privada capitalina. Al parecer, esa actividad elevó los ánimos de muchos jovencitos que a eso de las diez de la noche, se dieron cita en la gasolinera Shell ubicada frente a Monte de los Olivos, en Altamira.

El ambiente estaba dispuesto. En el parqueo de esa estación de servicio se encontraban unos cincuenta carros y más de cien jóvenes entre hombres y mujeres. La algarabía multitudinaria quizá fue una ventaja para que el equipo de LA PRENSA se mezclara con el grupo de jóvenes sin mayores problemas y convertirse en testigos de lo que ocurriría aquella noche.

Los competidores seleccionan a sus contrincantes de una forma muy especial. Puede hacerlo porque quieren poner a prueba la máquina de aquél con respecto a la suya, o bien, vengar el honor de un amigo que perdiera antes contra ese mismo corredor.

Como quien no quiere la cosa, el retador se acerca al posible rival dejando entrever el interés de “medir” sus carros. El otro entiende la intención y si está dispuesto, pregunta el monto de la apuesta. Al llegar a un acuerdo, ambos entran en sus carros y esperan la señal para ponerse en la línea de salida.

A partir de ese momento se escucha el rugir de los motores y una gritería entre los asistentes indica que otro “pique” se aproxima. Aprovechando la escasez del tráfico por lo avanzado de la noche, los contendientes se ubican frente al semáforo y en el preciso instante en que cambia a la luz verde, ambos pilotos aceleran al máximo y sacan la mayor velocidad que pueden a sus motores. La meta es el cruce que se encuentra unos cien metros antes de llegar al Autolote El Chele, circulando de oeste a este.

“Ahí la preferencia es para el que va en esta pista y no hay peligro, porque si alguien va a entrar en ella, tiene que hacer un alto y de aquí del semáforo salen sólo los corredores, no hay más carros delante de ellos”, expresó uno de los presentes, al ser consultado sobre el peligro que representan esas competencias.

No hay juez de salida ni tampoco de llegada. El arranque inicia con la señal del semáforo y el ganador es designado “a conciencia” por ambos competidores. “Ellos saben cuál de los dos ganó”, explica el mismo joven, al tiempo que confiesa ser amante de las carreras, pero que no participa en ellas porque su carro es “sencillo” y para tener esperanzas de ganar hay que hacerle algunas modificaciones al motor.

A los pocos minutos, el ganador ingresa nuevamente a la gasolinera haciendo rugir el motor del vehículo que le permitió ganar una apuesta de cuatrocientos córdobas.

Propiamente a orillas del semáforo, un grupo de jovencitos comentaba animadamente la recién finalizada carrera. El más chavalo, vestido con una camiseta sin mangas y una gorra de pelotero con la visera hacia atrás y corte de cabello al rape, aseguró que “a ese rojito nadie le gana, hay que tener una buena máquina para competir con él, ese maje estaba loco si creía que le iba a ganar”.

Otro miembro del grupo, de unos 25 años y más de 200 libras de peso, aseguró que recientemente llegaron al país unos guatemaltecos que los retaron en las carreras de velocidad. “Toditos perdieron. Aquí tenemos buenos carros y buenos pilotos”, expresó con mucho orgullo, sintiéndose parte de los ganadores, aunque confesó que ni siquiera los conoce.

Acerca de las apuestas, dijo que sólo en la noche que enfrentaron a los “chapines” pusieron en juego unos tres mil dólares. Las apuestas aquí son de 100, 200, 400, 500 y hasta mil córdobas y muy pocas veces superan los cien dólares. “A veces hay apuestas de 500 o mil dólares, pero son raras”, dijo, al momento que jaló a otro joven de similar tamaño, para instarlo a que simularan que ambos competían en lugar de los carros, “Ahora es la competencia de los pesados”, gritó con jocosidad.

¡Alerta, policías!

A eso de la una de la madrugada llegaron cuatro taxistas con la intención de competir. “Esos ya vienen a perder lo que se ganaron en el día”, “van a perder el abono del banco”, fueron entre otros los comentarios de los presentes.

Los competidores siguieron llegando al punto de partida, los motores dando su mejor esfuerzo y los pilotos demostrando su talento. Los taxistas no se “lanzaban” a competir, se limitaban a observar los autos deportivos estacionados en la gasolinera, como valorando la capacidad de cada uno y elegir un oponente.

Pueden morir

Según valoración de la Policía Nacional, las carreras de autos a exceso de velocidad no exponen solamente a quienes participan, sino también a los peatones y conductores de otros vehículos que utilizan la vía.

“La Carretera a Masaya tiene reductores de velocidad, es una vía traficada por furgones, buses, microbuses y vehículos livianos de todo tipo, incluyendo motociclistas y ciclistas. No es apta para correr a grandes velocidades sin importar la hora”, expresó el comisionado Javier Obando, jefe del Distrito Cinco de Managua.

Aunque señaló que ese Distrito policial ejecuta de forma permanente un plan dirigido a frenar esas competencias, dijo que el uso de la fuerza no es el método más apropiado y que más bien apelan a la conciencia de los actores principales y secundarios para que intervengan y desaparezcan esa práctica.

Mencionó, por ejemplo, que los padres de familia deben controlar mejor lo que hacen sus hijos, sobre todo cuando éstos tienen autos deportivos. “Nosotros hemos detenido unos veinte jóvenes desde que entró en vigencia la Ley 431 en marzo y la mayoría son adolescentes o muchachos de entre 18 y 24 años que seguramente son hijos de dominio”, advirtió.

Aunque dijo que no han registrado accidentes fatales, sospechan que una persona que encontraron muerta a orillas de la carreta en diciembre del año pasado a la altura del kilómetro 13 y medio de la Carretera a Masaya, fuese atropellada por estos competidores. “No lo podemos probar, pero las investigaciones nos indican que fueron los corredores ilegales los que lo atropellaron”, indicó, agregando que son casualmente esas desgracias las que quieren prevenir.

A las dos de la madrugada irrumpió un policía motorizado seguido por una patrulla. Eso fue suficiente para que en cuestión de segundos desaparecieran los autos que compitieron. Los primeros en salir fueron los taxis que llegaron desafiantes pero que al final no corrieron.

Como para no hacer el viaje en vano, el policía motorizado solicitó sus documentos a un conductor que permanecía en el estacionamiento. “Nos vas a acompañar a la delegación”, le habría dicho, señalándolo como un presunto corredor ilegal.

Bueno y malo

Un joven que atiende la estación de servicio expresó que los corredores llegan viernes y sábado, pero que hay semanas que también los jueves. Dijo que esa actividad los beneficia y los perjudica, “porque vendemos más de lo que tenemos en la tienda, como gaseosas, cervezas y algo de comer, pero se bajan las ventas de combustibles porque los particulares no entran por miedo a que un carro de esos que se mueven a gran velocidad dentro de la gasolinera, los choque”.

Pero no todo terminó con la llegada de la Policía. Los vehículos que salieron despavoridos cuando llegaron los agentes del orden, se reagruparon en otra gasolinera.

Aunque lograron hacer varios “piques”, una llovizna que amenazaba convertirse en lluvia empapó también los ánimos y a eso de las 3:30 de la madrugada ya no quedaban autos en ese nuevo escenario.

“La seguridad es primero, cuando llueve no hay carreras”, gritó mientras se retiraba un conductor que al parecer sabía que la persona que observaba no era un fanático, sino alguien interesado en saber más. Aceleró bruscamente el motor e hizo chillar las llantas de su auto deportivo original. Sacó el brazo izquierdo por la ventanilla en señal de despedida y dibujó en su rostro una sonrisita maliciosa y acusadora.

Tercera cita

La gran diferencia entre este sábado y el anterior, fue la participación decidida de los taxistas. Los primeros “piques” fueron de ellos, retando autos de corredores tradicionales que terminaron ganándoles casi todas las apuestas.

“Con los taxistas las carreras son baratas. Apuestan cien córdobas y casi siempre pierden. Vos sabés, un vehículo que recorre de doscientos a trescientos kilómetros todos los días no puede correr igual que un carrito bien cuidado que sólo lo traen a correr aquí”, expresó un competidor del que poco a poco el equipo de LA PRENSA se fue ganando la confianza.

Este corredor sabe de memoria la marca, el modelo y el color de todos los autos que compiten. Calcula unos cincuenta. Conoce además las características de cada uno de ellos, las adaptaciones que les han hecho, el precio que pagaron y pronostica con una precisión increíble, quién ganará cada “pique”. Lo que no sabe, quizá por razones de seguridad, son los nombres de los corredores.

Cuando las agujas del reloj marcaban las doce de la noche ya se habían realizado unas diez carreras, algo que hasta a los mismos fanáticos tradicionales les extrañaba, porque generalmente los “piques” se producen hasta que hay seguridad de que la Policía no está cerca, una cada media hora como promedio.

Quizá fue la adrenalina exaltada al máximo la que hizo que se descuidaran un poco. Cuando un Chevrolet y un Honda se disponían a iniciar la carrera ubicados propiamente frente al semáforo, llegaron de improviso dos motorizados y dos patrullas llenas de policías que los agarraron “in fraganti”.

La sorpresa fue tan grande que un grupo de chavalos se echó a correr hacia el interior de la gasolinera sin saber por qué. Los policías los persiguieron y capturaron a dos de ellos. El nerviosismo y el no saber qué hacer se apoderó de buena parte de los presentes.

Según algunos jóvenes visiblemente impactados por la presencia policial, jamás les habían caído en el preciso instante en que desarrollarían una carrera. “Pero no les pueden probar nada, ellos estaban en la calle esperando que el semáforo se pusiera en verde, si no los agarran corriendo a exceso de velocidad no los pueden acusar de nada”, expresó el más calmo entre los nerviosos.

Los gritos y reclamos no se hicieron esperar.¿Por qué se los llevan?, ¿por qué se los llevan?, preguntaba una mujer embarazada al oficial que al parecer estaba a cargo del operativo. –Porque nos da la regalada gana, ¿y qué? le dio por respuesta.

Uno de los motorizados solicitó los documentos a los dos conductores que se disponían a competir. “¡Abuso de autoridad!, ¡abuso de autoridad!, ¡no hay delito, son inocentes!”, gritaban los fanáticos al policía.

Los ánimos se caldearon y el agente comenzó a llamar por radio a los antimotines para que llegaran en su auxilio. Al final no llegaron, fue quizá para impresionar a los jóvenes y tratar de que se calmaran que el policía hacía el llamado.

El tráfico quedó interrumpido temporalmente. Los dos carros, una patrulla y una motocicleta en plena vía impedían la libre circulación. Vecinos del sector alarmados por el alboroto se levantaron para saber qué ocurría.

El doctor Oscar René Vargas, conocido analista político, quien vive en ese sector, manifestó que esos alborotos son cada fin de semana. “El ruido de los motores no nos deja dormir. A veces yo mejor me levanto a ver las carreras porque de todas formas no se puede dormir. Pero la verdad es que son peligrosas”, advirtió.

Finalmente detuvieron a los dos conductores con sus vehículos, trasladándolos al Distrito Cinco de la Policía de Managua. Las patrullas no habían llegado al Autolote El Chele, cuando dos autos iniciaron una furiosa carrera. Ni siquiera apostaron, fue quizá un acto de rebeldía y una forma de decir a las autoridades: “Aquí estamos, no nos detendrán”.

“Dennos una pista”

“Si tuviéramos una pista para hacer las competencias, se terminaría el problema, porque ya no tendríamos excusas para poner en peligro nuestras vidas y las de otras personas que van en sus carros o a pie. Ahí sí, al que agarren corriendo en las calles que le echen todo el peso de la ley, porque ya no habría justificación”, alega un líder de corredores clandestinos.
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