Carestía e inseguridad marcan las navidades de los iraquíes
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La crisis económica y la inestabilidad que vive ahora el país no permitirá a los iraquíes disfrutar las celebraciones navideñas.
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Javier Martín/EFE
Bagdad.-La carestía y la inseguridad caracterizan la primera Navidad que la minoría cristiana iraquí disfrutará en su país sin la larga sombra de Saddam Hussein, capturado hace más de una semana.
Hala Sulaf Yusuf tiene 46 años, la tez curtida por el tiempo y seis hijos que apenas le ayudan a mantener una humilde casa en el barrio de Al Dura, en el sur de Bagdad, una zona industrial que durante el verano fue escenario de frecuentes ataques contra las fuerzas de ocupación.
En el salón, como cada año, desde que lo compró hace casi una década, destaca un pulcro y raquítico abeto de plástico, colocado bajo un pequeño retrato del precedente Patriarca de Babilonia, Mar Rafail I.
Pero esta Navidad no reluce como las anteriores, ya que la crisis económica, la guerra, la inseguridad y la inestabilidad que vive ahora el país no le han permitido este año desplazarse al centro de la ciudad para comprar los típicos adornos.
“Somos una familia pobre. De todos, la única que trabaja soy yo, que limpio en una casa. Mi marido está anciano y enfermo, y los chicos no encuentran trabajo permanente. Hemos sacado el árbol y le hemos quitado el polvo porque nos gusta saber que es Navidad”, dice Hala a EFE.
“Debería ser una Navidad incluso más feliz que las de otros años, porque el dictador ha caído, pero será muy triste pues no tenemos nada. Ni siquiera horas de electricidad o gas suficiente para juntarnos con la familia, comer y rezar”, dice Hala, a quien su fe le empujó a cometer un “exceso económico”.
Vestida de negro, pero con la cabeza descubierta, gastó algunos dinares y se desplazó en autobús a la Iglesia de Mar Yusef, en el céntrico barrio de Karrada Jarach, para asistir a la investidura del nuevo Patriarca de Babilonia, jefe de la Iglesia Caldea, Mar Ammanuel III Deli, elegido hace casi tres semanas en Roma.
La ceremonia, a la que asistieron líderes religiosos de todas las confesiones —cristianos y musulmanes—, además de representantes políticos y diplomáticos, marcó el inicio oficial de la Navidad en Irak.
“Hay muchas familias que están en la misma situación que la mía. No tenemos dinero. Cómo vamos a comprar un pavo para cenar ese día, si cuesta más de 50,000 dinares (unos 30 euros)”, se queja Hala con amargura, ya en su casa.
Unos bancos más atrás, en la Iglesia, ataviado con una corbata gris y un traje oscuro, Gorgis Hanna, un hombre cuarentón que se declara “clase media”, entonaba con devoción los himnos que celebran la subida de Ammanuel III al trono de la Iglesia Caldea, a la que pertenece un 75 por ciento de la pequeña comunidad cristiana iraquí.
“El árbol es el mismo que el de todos los años. Hemos comprado algunos adornos nuevos y trataremos de cenar con mis hermanos y sus familias en casa de mis padres, que tienen un potente generador. Como todos los años, aunque éstas serán una navidades diferentes”, dice tras la misa.
La falta de seguridad desde que cayó Bagdad, el pasado 9 de abril, amenaza todo Irak.
“Tenemos miedo de salir. Por la noche es imposible. Hay miles de ladrones y hombres armados. Yo a mis dos hijas no las dejó caminar solas por la calle. De todas formas, apenas hay lugares a dónde ir”, asegura Hanna, quien tiene una pequeña tienda de electrodomésticos en el centro de la ciudad.
“Rezamos para que el futuro sea mejor, para que podamos vivir en un país tranquilo que nos permita olvidar los pasados años (de dictadura). Esta ceremonia es un prueba de que podemos vivir en armonía”, apostilla antes de subirse a un destartalado vehículo y perderse en el tráfico.

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