Narrativa
La gallina rellena
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Pintura de Mariana Sansón Argüello. |
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Róger Fischer S.
Doña Hortensia, con nombre de flor, era conocida popularmente en Chinandega como la Tencha, ella rifaba todo lo imaginable: un par de aretes, una pulsera, una cadena con dije, vírgenes de bulto y para Navidad, una gallina rellena. Cada número valía un córdoba y sus clientes podían anotarse en varios números porque a sabiendas de la pobreza de la Tencha, ellos cooperaban de alguna manera para ayudar a la madre soltera de la Chayito, una preciosa niña morena lavada, de nariz perfecta, respingada y con camanances que le daban gracia a su carita de virgen morena. Su abuela Chepita le contaba cuentos y le hablaba de la pobreza de San José y la Virgen, son tan pobres como nosotros le decía. La niña empezó a soñar con sacarse la gallina rellena para darle de comer a Jesús, pero ni siquiera tenía el córdoba que la haría participar en el sorteo. Se sentó en su sillita mecedora a la orilla de la puerta con sus sueños de llevarle una gallina rellena a la Sagrada Familia. La gallina rellena se volvió su obsesión. Por esas cosas del destino, la Chayito observó un papel movido por el viento, arrugado, pero que bailaba y casi hacía ruido cerca de sus pies. La Chayito tomó aquel papel y lo fue abriendo, era un córdoba con la figura de una india blanca y hermosa con una pluma en la cabeza. Salió corriendo en busca de su abuelita, mientras gritaba alborozada... ¡abuelita, abuelita!, ya tengo el córdoba para la rifa de mi mamá y el Niño Jesús va a comer gallina rellena. Indulgente la señora tomó el córdoba y lo guardó a sabiendas de que podían participar en la rifa, pues el sorteo de la lotería era transparente y nadie iba a dudar de su honorabilidad si el premio favorecía a Jesús.
La Tencha siguió llenando su rifa y le dejó a Jesús el doble cero, considerando que era un número muy difícil, casi imposible de resultar favorecido, llegó el gran día. Todo Chinandega estaba oyendo el sorteo de la lotería transmitida por Radio Nicaragua. Era un domingo 24 de diciembre a las 12:00 m. cuando los huérfanos del Hospicio Zacarías Guerra empezaron a sacar las bolitas premiadas: “cayó en 0”, dijo alguien cerca del micrófono y así entre grito y grito, salió el gordo terminado en doble cero. Se la ganó Jesús, se la ganó Jesús se sacó la gallina rellena ...decía la Tencha y salió “tirada” a contarle a todas sus amistades.
Esperemos que venga Jesús a traerla dijo la Tencha... y cómo va a venir Jesús contestó doña Chepita, si ni siquiera está en el pesebre. Mejor traigamos la gallina, pongámosla en la sala, a lo mejor pasa alguien que se llame Jesús y se la lleva. La Chayito hacía señas y en la algarabía ni su mamá ni su abuela le hacían caso, hasta que por fin la oyeron decir, como yo compré el número premiado, voy a ir a traer la gallina a la cocina. La Tencha le respondió: “Mirá mamita, ya la gallina está lista en su platón, tráela con mucho cuidado que si se te cae, quién aguanta a Jesús”. La niña corrió a la cocina... en el platón no estaba la gallina, sino un papelito que decía: “Andate a tu cuarto que en tu cama está la gallina”. La Chayito corrió al cuarto. La siguieron mamá y abuela curiosas de lo que estaba pasando. En la cama de la niña había una luz muy suave y en medio de ella una preciosa muñeca que al tomarla la Chayito entre sus brazos le habló y dijo: “Gracias Chayito por acordarte de los pobres. Gracias de María y de José. Recibe un beso de Jesús”. 
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