Las mató por venganza
 |
|
|
|
El crimen de Otilia Icabalceta Valverde y su hija Ana María Rodríguez Icabalceta, provocó escenas de dolor como ésta, en la que una de las hijas de la difunta, se desmaya por el impacto de la muerte de su madre y su hermana.
|
|
Luis Alemán Saballos luisaleman@laprensa.com.ni
La muerte violenta de la señora Otilia Icabalceta Valverde, y su hija Ana María Rodríguez Icabalceta, aún mantiene consternados a los habitantes de la comarca Sabana Grande, distante 12 kilómetros al sureste del municipio de El Sauce, departamento de León, quienes ayer, en medio del dolor y la impotencia, dieron cristiana sepultura a las víctimas de Andrés de Jesús Torres Blandón.
Una de las primeras versiones sobre el hecho señalan que la joven Rodríguez Icabalceta y su compañero de vida Torres Blandón, tenían intención de viajar a Matagalpa a los cortes de café.
Por esa razón bajaron desde la comunidad El Jobo, donde vivían y se quedaron en la casa de la mamá, esperando la llegada de un camión que tradicionalmente traslada a cortadores de El Sauce hacia Matagalpa.
Sin embargo, una prima de la fallecida, Flora Icabacelta, señala que Ana María se le fue de la casa a su compañero de vida porque era muy violento y se refugió en la vivienda de su madre.
Hasta ese lugar llegó Torres Blandón, donde se quedó viviendo hasta que el pasado domingo, en una discusión, ambas mujeres lo corrieron, sólo para que al día siguiente se vengara, dándole muerte a punta de garrotazos.
Esa misma versión es la que maneja la Policía de El Sauce, para quienes, el móvil del doble asesinato fue la venganza, según confirmó el suboficial mayor, José Antonio Ramírez.
A Torres Blandón y Rodríguez Icabalceta, le sobrevive un niño de dos años que procrearon en su corta relación amorosa, el pequeño quedará en manos de las tías maternas.
SEPULTADAS
Las dos mujeres fueron sepultadas en una sola fosa, ubicada en el cementerio de la comunidad, mientras, al otro extremo de Sabana Grande, a unos 45 minutos de camino a pie, en la comarca El Jobo, también era sepultado el cuerpo de Torres Blandón, quien se quitó la vida con herbicida, después de matar a las dos mujeres.
El médico forense, de la ciudad de León, confirmó que ambas mujeres fallecieron por un trauma craneoencefálico, provocado por los golpes que recibieron en sus cabezas, propinados por Torres Blandón, con un bate de beisbol y una tranca.
ESTABA ENDEMONIADO
Carolina Icabalceta, hermana de la suegra del asesino, recuerda cómo Torres Blandón, con el rostro lleno de ira, descargaba sobre la cabeza de su sobrina, Ana María, la tranca con la que le desbarató su cabeza.
El cuerpo de la joven quedó tirado a la orilla de un baño, junto a un árbol de pintadillo, que además quedó pringado de sangre. “Ella gritaba me matan tía, ay tía ayúdeme”, recuerda.
Ella vio a través de unos hoyos que hay en la pared de la casa, la escena sangrienta en la que su sobrina murió.
Alí Icabalceta, hermano y tío de las mujeres asesinadas, relató que él vio cerca de las 6:00 a.m. del día del crimen a Torres Blandón. “Estaba todo raro, muy quieto, como pensativo, yo creo que estaba planeando el crimen, ese hombre estaba poseído por el diablo”, aseguró.
Para don Antonio Martínez, lo ocurrido con la familia Icabalceta es “un hecho imborrable para la comunidad”. “Yo estoy seguro que fue satanás quien se le metió, sólo así pudo hacer lo que hizo”, afirmó Martínez, quien recuerda al asesino como un hombre raro. “Él siempre andaba como raro”, señaló.

|