MIéRCOLES 17 DE DICIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23305 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Entrevista - Bernardo Callejas: asesor
“Buscamos diversificar las inversiones”

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. A los ocho años dejó el suelo patrio por el ambiente político de los años ochenta. Y dieciséis años después regresó hecho un hombre, según dice, dispuesto a ayudar al país. A esta fecha, parece que lo ha logrado, pues a él se le atribuye la materialización de la más “grande” inversión textilera en el país, inaugurada recientemente en Nandaime, que generará empleos por lo menos en los próximos 50 años.

 

Amparo Aguilera
amparo.aguilera@laprensa.com.ni

Dice que es penoso y por eso un tanto introvertido. Sin embargo, cuando se le entrevista Bernardo Callejas se comporta como cualquier personaje con hábito a los medios.

Ve constantemente el lente de la cámara digital fotográfica, mientras se “despliegan” las preguntas y respuestas; sus gestos faciales son escasos pero oportunos, y en todo momento irradia, con su postura corporal, la ausencia de estrés.

Un manejo casi perfecto, a no ser por el constante “cotorreo” de sus manos, que a cada segundo rozan un lapicero de escritorio, que por su aspecto pareciera recién adquirido. Aparentemente una vieja manía, o quizás tic del momento, que en el transcurso de la entrevista llega abandonar para adoptar una compostura estilizada que centra sus manos bajo la barbilla.

Desde hace un año Callejas es asesor de inversiones en la Agencia de Promoción de Inversión, Pro Nicaragua, entidad de origen gubernamental cuyo último mérito es la instalación de la empresa estadounidense Popular Textil, en Nandaime.

Este avance industrial es también atribuido al desempeño de Callejas que lo visualiza entre sus grandes logros, pues dice que esta empresa proyecta una inversión de 100 millones de dólares en los próximos cuatro años, y una generación de empleos por lo menos durante 50 años.

“Y eso me llena de satisfacción porque siento que con mi trabajo se beneficiará a gente pobre, que de momento está en el desempleo. Entonces percibo que estoy ayudando a mi Patria”.



—¿Como asesor ésas son parte de sus funciones?

—Mi puesto oficial en Pro Nicaragua es de asesor en inversiones en el sector de manufactura. Entonces lo que me toca a mí es hacer contactos con los inversionistas extranjeros, ligados a esta industria, y convencerlos de invertir en el país.



—¿Eso qué implica?

—Conseguir un listado de empresas con posibilidades de invertir aquí (en Nicaragua). Esta lista se consigue a través de las embajadas que tenemos en el exterior, internet, ferias o por medio de amistades o colegas de la industria. De manera que hay una serie de formas para conseguir los contactos iniciales.



—Tras esto ¿qué sigue?

—Después de esto, involucra un acercamiento al contacto que puede hacerse mediante un correo electrónico, una carta o una llamada telefónica. En mi caso, y el de Pro Nicaragua, preferimos las llamadas, porque son más personales y hay más probabilidades de que te contesten.

De allí, cuando el inversionista recibe mi llamada, explico la misión de la agencia que radica en apoyar la puesta de inversiones en el país, y les pido una cita. En esta cita formal, llego y hago una presentación, que dura media hora, donde expongo lo que ofrece Nicaragua en inversiones, claro dependiendo del tipo de industria. Y luego hay una sesión, de media hora, de preguntas y aclaraciones.



—En esta presentación, ¿qué es lo que más cuenta...?

—El manejo de la información, el ánimo con el que uno habla de su país, la forma de actuar y por supuesto, la presentación.



—¿En su caso?

—En mi caso, trato de ser genuino y lo más natural posible. No acostumbro tener actitudes superficiales y calculadoras porque primero ellos ven en mí al nicaragüense, y sólo eso te carga un buen peso, y segundo tengo que convencerlos de que visiten al país. Esto es lo que queda pendiente tras la presentación.



—¿Cuánto tiempo pasa para concretarse este fin?

—Normalmente casi todos te dicen ¡yo llego! Pero no es tan fácil, hay que insistir, darle seguimiento al inversionista e insistir, enviándoles por ejemplo la agenda de su probable visita, junto a las facilidades que les ofrecemos. Entonces, usualmente, se tardan unos dos meses en venir.



—Estando en el país, ¿qué es lo primero que les muestra?

—(Ríe), bueno lo primero que ven es el aeropuerto. Y uno de sus primeros comentarios es que nunca imaginaron que Nicaragua contara con un aeropuerto de primera, tan moderno. Y esa percepción ayuda mucho, porque indica parte de nuestro proceso de desarrollo.

Por supuesto, yo les hago saber que el aeropuerto no es toda Nicaragua, que también van a ver el otro lado: lo del tercer mundo (pobreza). Además que yo no los engaño, no les pongo tan bonito al país, para que ellos se asombren con nuestros avances, porque ellos se fijan en todo: en la basura, en el ordenamiento público, en cómo los atienden en el hotel, en la educación general...



—Pero una típica visita, ¿qué es lo que conlleva específicamente?

—Después que se acomodan en el hotel y almuerzan, los llevo a Pro Nicaragua, y les presento la última versión de la agenda, generalmente piden siempre que se les elimine el último día, porque decidieron adelantar el viaje, y en dos minutos hay que reacomodar las actividades.

Entonces se procura que visiten las empresas o funcionarios que van a abonar en la materialización de la inversión. Tengo la dicha de contar con un personal de apoyo excepcional que me ayuda, porque incluso hay ocasiones en que piden una reunión con “x” funcionario, y hay que conseguírsela lo más rápido posible.



—Lo básico, ¿en qué radica?

—No hay básico. Cada inversionista trae su plan. Hay quienes te dicen de entrada que sólo quieren reunirse con funcionarios de Gobierno; hay otros que no quieren nada con el Gobierno, y sólo pretenden encontrarse con el sector privado.

También me he reunido con empresarios que sus prioridades se concentran en la capital, y no quieren salir al interior del país, en cambio otros me piden visitar los pueblos porque han tenido malas experiencias en ciudades grandes.



—El trabajo, parece bastante desgastante.

—No, para mí no. En la agencia nos visita un inversionista por semana, que permanece en el país de dos a cuatro días. Pero eso más bien me llena de satisfacción porque me gusta interactuar con la gente, estar fuera de la oficina y acabar logrando beneficios para el país, como la inversión textil en Nandaime.



—Aparte de esas satisfacciones, ¿qué es lo engorroso del quehacer?

—Probablemente cuando me ha tocado explicar lo que pasa.



—¿Asunto de coyuntura?

—Posiblemente.



—Por ejemplo.

—Una de las cosas más penosas que me pasó fue por ejemplo explicar a uno de los inversionistas los tranques de los universitarios por el seis por ciento. Y esto tuve que explicarlo porque nos detuvieron en Chinandega, y vimos muchachos enmascarados y con morteros. El inversionista me preguntó qué pasaba, yo intenté minimizar la situación explicando que eran protestas no violentas... pero cómo convencerlos, si estaban enmascarados y con morteros...



—Partiendo de lo expuesto, realmente percibe un crecimiento en las inversiones considerando que en las últimas semanas se ha visto una incrongruencia política previo al Cafta y a la HIPC

—Claro, cualquier tipo de inestabilidad política es un factor de riesgo para atraer inversiones. Pero creo que vamos avanzando. El Cafta por ejemplo está situando en el mundo a Nicaragua y a Centroamérica, lo que está obligando a los inversionistas a investigar sobre la región.

Además este tratado atraerá más inversionistas, porque saben que por medio de la región, del país, tendrán más acceso de exportar hacia Estados Unidos. Por otro lado, la HIPC es un estímulo para el país, y eso lo analizan los inversionistas que al fin de cuentas persiguen una inversión segura y productiva.



—Partiendo de lo anterior, ¿hacia dónde apunta Pro Nicaragua?

—A diversificarse. Por ejemplo en manufactura a áreas como el ensamblaje de muebles, la manufactura de juguetes y los centros telefónicos de atención al público, donde sea posible realizar diversos trámites.



—Y usted...

—Yo voy día por día. Espero seguir contribuyendo en el desarrollo del país. Ahorita sigo cocinando muchas empresas (inversiones), entonces hay Callejas para rato.

EL CUMICHE DE UNA TRIBU

Bernardo Callejas es el “cumiche” de once hermanos y tío de 36 sobrinos. Es originario de Chinandega, y al igual que muchas, su familia emigró en los años ochenta hacia Estados Unidos, donde terminó de “criarse”.

En este país estudió en la universidad de Florida, donde egresó como ingeniero en agroindustria. Para luego trasladarse a Nicaragua, a los 24 años, donde trabajó en una comercializadora, cuyo capital era británico.

Tras cuatro años de estadía en el país, realizó una maestría en administración de empresas y negocios en Canadá, donde perfeccionó el francés, idioma que se suma a su manejo de inglés, español y portugués.

Tras esto consiguió trabajo en Pro Nicaragua, donde actualmente labora como asesor de inversiones. Hace seis meses contrajo nupcias con una portuguesa, con quien espera “encargar” el año entrante el primer bebé, con el cual su familia inmediata se contabilizaría en 66 personas.



Sobre el exilio

Bernardo Callejas dice que éste le dolió porque no tuvo niñez en Nicaragua. “Conocí mi país hasta los 24 años, y a la fecha, sigo conociéndolo”, apunta. También resiente el haber perdido las amistades de esa etapa de su vida. Aunque agradece el haber vivido la experiencia porque respeta los distintos puntos de vista; es eficiente y responsable.

“La gente piensa que quienes vivimos en el exterior tuvimos días de oro. Y no fue así, yo trabajé desde los 15 años para ayudar a mi familia como vendedor de helados, y eso me ha ayudado a ser lo que hoy soy”, argumenta.

También declara que es católico, pero “no iglesiero ni de rosarios”. Aunque confiesa que le gustaría asistir todos los días a misa. “Porque mi relación con Dios es como la de un padre con un hijo. Yo siempre me pongo en sus manos y me dejo llevar por Él”, puntualiza.
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