Prisionero
Ramón Salgado Valle
Saddam Hussein es el prisionero más famoso del mundo. Su captura demuestra que no es lo mismo decir que hacer. Hussein está probando el enorme poder de 25 millones de dólares, recuerda a todos (especialmente a los ex gobernadores militares) que todo poder, menos el de Dios, tiene un límite. El poder de la superpotencia también terminará. Pero nadie llore ni se ría todavía. La Biblia dice: “Todo tiene su tiempo”. Los nicaragüenses decimos: “A todo chancho le llega su sábado”.
Saddam Hussein demuestra que se termina como se empieza. Sin nada al nacer y sin nada al morir, y que toda gloria es pasajera. También demuestra que un día cada quien será cuestionado y juzgado por sus hechos. Hussein confirma esta verdad: “Se paga muy caro la manera barata de vivir”. Muestra que es posible nacer campesino, sin tierras, a los diez años no saber leer ni escribir y llegar a ocupar el poder supremo de una nación. Hay que aprender esta lección. Nunca menospreciar el potencial de los niños campesinos. Recordar a Abraham Lincoln y unos cuantos como él.
Finalmente, ¿cuál es su veredicto sobre Hussein?

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