MARTES 16 DE DICIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23304 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Tiranos no aprenden la lección

Zacarías Chamorro

El domingo 15 de diciembre se conoció la noticia en todo el mundo de que el ex dictador de Irak, Saddam Hussein, había sido capturado vivo en un hueco debajo de la tierra de una casita muy humilde, a 15 kilómetros de su ciudad natal de Tikrit.

En las fotos disponibles ese día se vio al otrora poderoso líder de una nación rica en petróleo, con el pelo largo y lleno de piojos, envejecido y con una barba semicanosa que le daba el aspecto de pordiosero, de ésos que se ven en las grandes urbes del primer mundo.

La lección que se puede aprender de este viraje tan brutal en la suerte de un individuo está en la mala cabeza del mismo Saddam Hussein. Un hombre que en la cúspide del poder reinó ampliamente en su país y en los alrededores; que se consideraba el heredero contemporáneo de Nabucodonosor y Nazrudin, los dos héroes épicos de una reputación estelar en el mundo árabe y de la antigua Mesopotamia.

Pero Saddam Hussein lo perdió todo por ser terco y rodearse de aduladores que tenían horror de contradecirlo. Dos veces el destino lo enfrentó a los norteamericanos y las dos veces éstos le dieron una serie de advertencias. Los norteamericanos —para aquéllos que aún no los quieren conocer en sus métodos— son muy legalistas y dan advertencias parecidas a las que da un casero al que no se le ha pagado su renta. Le enviaron embajadores, emisarios amigos del mismo Saddam Hussein, y árabes también llegaron a mediar; la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le llamó la atención, y después, cuando todo falló, sonaron los tambores de guerra. Dos veces vio Saddam Hussein cómo el ejército de una potencia distante amasaba tropas y equipo enfrente de él, pero los ignoró. Le ofrecieron hasta un exilio en Arabia Saudita, Siria o Libia, y no lo aceptó. Finalmente vino la guerra y hoy todo mundo sabe cómo terminó Saddam Hussein.

Esto me recuerda la historia de hace 24 años, en Nicaragua, cuando los mismos EE.UU. le dieron todo tipo de oportunidades al general Anastasio Somoza Debayle, y éste, al igual que Saddam Hussein las menospreció hasta llevar al país al despeñadero —y él mismo terminó muerto en 1980— arrastrando en su caída al Partido Liberal Nacionalista y la Guardia Nacional.

En tiempos más recientes a Arnoldo Aleman se le pidió por las buenas que dejara gobernar en paz al recién electo presidente Enrique Bolaños, y no quiso. Se le pidió que no se autonombrara presidente de la Asamblea Nacional, y tampoco quiso. Dicen que el Gobierno le ofreció una embajada, y hasta que se fuera al Parlacen, en Guatemala. Por último, se le pidió que no peleara tanto pero a nadie ha escuchado. Se le retiró la visa a los EE.UU. y no entendió la señal. Se le abrieron causas en los EE.UU. y se le congelaron unos certificados de depósito, y aun así él y su familia siguen manteniendo la fantasía de que todo esto es inventado y que es una farsa política. Y se mantiene desafiantemente con un perfil alto.

Hay que ver las fotos actuales de un greñudo y desorientado Saddam Hussein. ¿Era necesario llegar a estos extremos? A como le gusta decir al doctor Arnoldo Alemán, el que tenga oídos que oiga y el que tenga ojos que se vea en este espejo, añadiría yo.

El autor es observador político nicaragüense.
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