Plan Nacional de Salud
Emilio Álvarez Montalván
Si bien el Plan Nacional de Salud que promueve el ministro del ramo, José Antonio Alvarado, es oportuno y encomiable, debe sin embargo enriquecerse con opiniones de la sociedad civil. Empiezo recomendando al Minsa mantener una página Web en la que se registren los índices actuales de la salud de la población, comparándolos con similares de tres décadas atrás. Asimismo, divulgar el Plan Nacional de Salud dándole seguimiento y recibiendo observaciones por correo electrónico.
Aquellos indicadores son: mortalidad infantil por nacidos vivos, promedio de vida, mortalidad materna, enfermedades más comunes, letrinificación, disponibilidad de agua potable por mil habitantes, grado de participación ciudadana en los programas sanitarios, porcentaje del Presupuesto nacional asignado a Salud, inversión en ingeniería sanitaria, etc.
Como ha insistido el ministro Alvarado, se deberían profundizar medidas de medicina preventiva. Para ese efecto las direcciones involucradas, como atención materno infantil, CCD, primer nivel de asistencia, dirección de desastres naturales, yodización de la sal, fluorización del azúcar, vacunación masiva, etc., deberían contar con mejores recursos humanos y financieros.
Noto, además, que el segundo nivel de atención (hospitales) consume el 70 por ciento del presupuesto del Minsa, desproporción debida a la vigilancia crítica que guardan los periódicos sobre esos centros y la demanda creciente sobre todo en zonas urbanas. Aún así, debería buscarse alternativas de financiamiento como la cooperación internacional, hermanamientos con ciudades de otros países, cuartos de pensionado, etc., que lleven al autosostenimiento.
Otro lado flaco que debe cubrirse es la manera como se manejan las referencias (de ida y vuelta) en los centros de salud. Mi recomendación es que esa red debe profundizarse. Por ejemplo, los médicos que ahí atienden deberían efectuar pasantías en hospitales para mantenerse al día en los adelantos. Recíprocamente, los profesionales asignados a hospitales convendría pasasen un tiempo en centros de salud, para enterarse de las necesidades vecinales.
En ese contexto es esencial separar la centralización normativa de la descentralización operativa del sistema. La primera corresponde al nivel Central del Minsa como normador y controlador. A su vez, los centros de salud y hospitales deben cumplir su rol de ejecutores. Por ejemplo, el personal de centros de salud y nosocomios reglamentan ahora sus actividades, apartando guías técnicas. Por otro lado, el nivel central organiza cursos que serían mejor planeados por los responsables del nivel periférico donde trabajan.
En ese sentido debería destinarse al primer nivel de atención médica un mayor financiamiento para mantener y renovar equipos, pagar mejor a su personal y vigilar más sus horas de atención al público, pues ahora asignan la mayor parte del dinero a los hospitales y los profesionales entran y salen sin control. Por otra parte, urge buscar alternativas de financiamiento, como empresas provisionales, casas geriátricas, farmacias administradas como negocio, etc.
Finalmente, debería el Minsa vigilar y reglamentar el funcionamiento de especialidades médicas estableciendo parámetros de reconocimiento basado en antecedentes académicos, para otorrinolaringólogos, oftalmólogos, gineco-obstetras, etc. Es verdad que se han realizado algunos esfuerzos en campos técnicos como por ejemplo para farmacias, optometrías, laboratorios clínicos, clínicas de radiografías, tomografías, resonancia magnéticas, etc. Sin embargo se precisa una política más definida y de mayor cobertura, con medidas que se cumplan para garantizar al ciudadano la calidad por la que está pagando.
El autor es médico retirado.

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