Zona de strikes
Salud, Luis
Edgard Rodríguez C. edgard.rodriguez@laprensa.com.ni
Aún en medio de lo frustrante que resultó ver el despojo del cual fue objeto Ricardo Mayorga y de las naturales preocupaciones que ha causado la presentación de Rosendo Álvarez, es difícil no sentir admiración hacia el trabajo de Luis Pérez, una especie de luz ferviente en medio de una noche oscura para el boxeo nacional.
Me alegra por Luis, porque a menudo tiende a creerse que los chicos buenos siempre son últimos. Pero él no ha necesitado emitir frases explosivas y mucho menos ofensivas para hacerse notar. Lo consiguió con sus puños y su carácter.
Ahora ha penetrado hondo en el sentimiento popular, porque en él aún se descubre la emoción sincera de este deporte, a menudo exaltado sólo desde su perspectiva meramente comercial y espoleado por intereses mafiosos.
Bajo esa apariencia tímida y esa actitud taciturna de Luis, hay un competidor feroz. Se transfigura sobre el ring y no cuesta mucho llegar a la conclusión de que su semblante inofensivo es sólo un débil reflejo de la ferocidad y del hambre de victoria que lleva dentro.
Es un chavalo con afán de superación, con deseos de acercarse a la vida, que no es sino, trabajar con diligencia y honestidad, para satisfacer las necesidades más sentidas de él y los suyos. Hasta ahora se está moviendo sobre la senda correcta.
Pero lo esencial para Luis, será lo que haga de ahora en adelante.
El pasado sólo es útil en términos de experiencia. Tiene en sus manos la posibilidad de elegir el rumbo que desea para su carrera. Puede dedicarse a ver pasar el tiempo o a sacarle provecho.
Aún está en etapa de construcción, pero ha mostrado el talento y tiene el empuje de varias personas que creen en él y que le han respaldado, motivados por su sentido de agradecimiento y superación.
Luis viene de la pobreza extrema, de la casa de cartón y los pies delcazos, pero a base de sacrificio y empeño sin pausas, está decidido a escapar de las limitaciones, mientras captura la admiración de todos.
Este Luis bien vale una misa.

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