Casals en la memoria musical
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Pau Casals era fumador en pipa. |
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Roberto Cazorla EFE
A los 30 años de su muerte, sigue considerado como el mejor violonchelista del mundo.
Pau Carlos-Salvador Casals Defilló, nació el 29 de diciembre de 1876 en El Vendrell (Tarragona, España). “Pienso que antes de la sangre, por mis venas corrió la música”, dijo en una de sus entrevistas. Fue un niño precoz en todos los sentidos, ya que después de haber estudiado solfeo, a los 8 años ofreció su primer concierto de violín en su ciudad natal.
“Aquel concierto me causó grandes agravios porque mis amigos se burlaron de mí llamándome ‘el músico ciego’ por mi costumbre de tocar con los ojos cerrados. Esto me causó tanto enojo que juré abandonar el violín en busca de otro instrumento. Sí, porque yo había nacido músico y lo necesitaba tanto como el oxígeno”, añadió en la citada entrevista.
A los 11 años, o sea, en 1887, descubrió el violonchelo, y cuando se lo comunicó a su madre Pilar, ésta le dijo: “Si es el instrumento que quieres aprender, te llevaré a Barcelona para que lo estudies con José García, además teoría con José Reboreada y piano con Joaquín Malats y Francisco Costa Lloberas, quienes se encargarán de tu futuro musical. Si vas a dedicarte a la música, quiero ayudarte para que seas el mejor del mundo”.
Ocurrió en 1888, y en 1891, el joven Casals ofreció su primer recital como solista de violonchelo en Barcelona. Se graduó a los dos años.
Tras dos años de rigurosos estudios, se trasladó a París con su madre, contratado para tocar como segundo violonchelista en la orquesta del Teatro Folies Marigny. Su madre fue siempre su mejor amiga y consejera. Al año siguiente regresó a Barcelona, y fue nombrado profesor de la Escuela Municipal de Música y violonchelista principal de la Orquesta del Gran Teatro del Liceo. En 1997 viajó a Espinho (Portugal) invitado por los reyes Carlos y Amelia para ofrecer un recital en su palacio de Lisboa donde tuvo de espectadores a lo más brillante de la alta sociedad portuguesa.
En 1914 fundó en París la Escuela Normal de Música y un trío con su nombre, acompañado por el pianista Alfred Cortot y el violinista Jacques Thibaud.
Según declaró, aquel mismo año realizó el acto más feliz de su vida: casarse con la cantante estadounidense Susan Metcalf, pero la vida le jugó una mala pasada, puesto que se separaron en 1928.
En 1926 fundó la Asociación Obrera de Conciertos bajo la cual los obreros, con un pago anual simbólico de seis pesetas, podrían acudir a los conciertos clásicos.
La Guerra Civil Española lo sorprendió en 1936 ensayando con su orquesta la novena sinfonía de Beethoven, y al término de la misma, en 1939, se exilió voluntariamente en Prades (Francia), y se negó a actuar en países que simpatizaran con el régimen totalitario español de Francisco Franco.
Llegó a Puerto Rico por primera vez en 1955 y a los pocos meses declaró que se había enamorado de la isla, y dijo: “En esta tierra había nacido mi madre y por lo tanto es mi segunda patria”.
En 1956 fundó el Festival Casals en Puerto Rico, y al siguiente año, a los ochenta, contrajo segundas nupcias con la joven puertorriqueña de 21 años Marta Montañez, a quien había conocido cuatro años antes en Prades, donde había sido su alumna. En 1959 creó la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, y posteriormente fundó y presidió el Conservatorio de Música. 
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