JUEVES 11 DE DICIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23299 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





¿Qué podemos temer?

Foto  
. Casi todos consideran a Spinks amortajado

Ricardo Mayorga, una figura excesivamente controversial, pero generador de espectáculo.

 

Edgard Tijerino M.
Enviado especial
edgard.tijerino@laprensa.com.ni

ATLANTIC CITY.- Qué frío está aquí. Los gemidos de nuestros huesos, dificultan el sueño.

No importa. La nieve no podrá resistir la fogosidad del imprevisible e impetuoso atacador pinolero Ricardo Mayorga.

Retando la temperatura en la cima de su autosuficiencia, Mayorga considera que sería capaz de derribar a golpes el impresionante edificio del Hotel Bally, y por supuesto, noquear a Cory Spinks.

De acuerdo a las apuestas, los cálculos de los expertos y la espectacular promoción recibida, Mayorga no puede perder.

En cierta forma, ese amplio favoritismo, asusta.

¿Por qué?, dirán ustedes. ¿Acaso hay algo que temer?

A simple vista, todo está del lado de Mayorga. Es más agresivo, más resistente, más destructivo, más habiendo de fama y fortuna, y está crecido después de sus dos victorias inobjetables sobre Vernon Forrest, calificado como muy superior a Spinks en todo el trayecto de la A a la Z en el boxeo.

Y nos preguntamos: ¿Es Cory Spinks (31-2 con sólo 10 nocáuts), un enemigo tan pequeño como para no provocar la menor perturbación en Ricardo Mayorga?

Vencedor por puntos del discreto italiano Michelle Piccirillo después de haber sido derrotado en su primer intento, Spinks todavía no ha atravesado por una gran pelea, y es la primera vez que se ve envuelto en un torbellino promocional.

Mayorga nos impactó como la pedrada de David o la estocada de Ulises, reduciendo a polvo de ladrillo tanto a Andrew Lewis como a Forrest en peleas consecutivas, y luego, demostró que puede recorrer toda la distancia y prevalecer en las tarjetas, durante la agitada revancha con el domador de Mosley.

Alexis Argüello fue un rotundo favorito para vencer a Ernesto Marcel y también a Rubén Olivares, y estivo a punto de rebotar dos veces.

¿Podrá Cory Spinks fabricar una sorpresa que estremezca al boxeo como lo hizo su padre León, contra Cassius Clay?

No se cree, como tampoco en esa ocasión, pero hay muchas historias insólitas en el boxeo, como la de Ingemar Johanson, quien “haciéndose el sueco”, derrotó a Floyd Patterson.

¿Qué aprendizaje sacó Spinks de ver a Mayorga en sus tres recientes peleas?

Que no se puede elaborar un plan para enfrentarlo, porque se trata de una caja de cartuchos de dinamita listos para explotar de diferentes formas en cualquier momento; que es necesario pelearle por afuera a base de piernas ágiles y la suficiente habilidad para poder golpearlo sobre sus fallas, algo muy difícil; que hay que proponerle un tipo de pelea distorsionada, y sobre todo, disponer de una asimilación extraordinaria. Si Spinks no es capaz de cabecear granadas, que ni se acerque, o mejor que no suba al ring.

“No hay nada que temer. Estoy muy fuerte, muy ansioso y no aguantará mi ritmo de pelea. Pueden ver lo pálido que está. Sabe que morirá”, ha dicho Mayorga, con su habitual jactancia.

Y todos lo creen.

¿Por qué yo no?
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