El tema agrícola en Cafta
Dr. Roberto Morales M.
Actualmente, los agricultores nicaragüenses viven la crisis más terrible de toda su historia, por el incremento en los costos de los insumos y los medios de producción, el crédito restringido, altas tasas de interés, falta de financiamiento (los escasos créditos resultan inaccesibles), la descapitalización del campo, la migración a la ciudad de miles de nicaragüenses, problemas de integración productiva, heterogeneidad, falta de infraestructura vial habilitada, falta de logística en transportes y almacenaje, no se ha producido la reestructuración de la deuda de los granos básicos y faltan semillas para hacer producir la tierra, las ya conocidas dificultades para el acopio y posterior comercialización de la cosecha, entre otros. Tales factores que deprimen este vital sector de nuestra economía agravan aún más la crisis.
En ese mismo sentido, tal y como se perfila el futuro de los productos y productores agrícolas en el Cafta se está obligando implícitamente o condenado a un gran número de campesinos a dejar su cultura de subsistencia debido a la implacable competencia de los productos estadounidenses, de menor costo, por la mecanización de su producción y por los subsidios del Estado.
La última ronda de negociación de Washington difícilmente coadyuvará a definir el futuro del arroz, sorgo, frijoles, azúcar, maní, entre otros productos agrícolas. En el caso del maní, azúcar y el arroz será más difícil aún, ya que Estados Unidos no quiere abrir su mercado debido a las ya conocidas presiones políticas que ejercen cada uno de sus sectores. Adicionalmente aún quedan temas álgidos pendientes, como propiedad intelectual, medio ambiente, laboral, compras del sector público, reglas de origen y cooperación, entre otros.
Nicaragua y los países del istmo deben seguir presentando su tajante rechazo ante la propuesta agrícola de EE.UU., por ofrecer un acceso excesivamente bajo a los productos de interés de la región mientras ellos reclaman mayor apertura a los productos considerados altamente sensibles. No se debe olvidar que del sector agrícola dependen alrededor de 3 millones de personas que habitan en las zonas rurales; por tanto deben existir reglas claras y asimétricas para el ingreso de productos agrícolas americanos a nuestra economía. La administración Bolaños debería preocuparse un poco más y comenzar a sentar las bases para asimilar el TLC con Estados Unidos.
Los productores de la región podrían quedar protegidos si se logra un consenso y se solicita un sistema de cuotas dentro de las salvaguardias agrícolas especiales para proteger la producción local frente a la invasión de productos importados a precios más bajos, pero solamente para aquellos productos que reciben subsidios. Asimismo, debe lograr un consenso sobre la aplicación del arancel de nación más favorecida fuera del contingente que promueve la SAE.
El Cafta será oportunidad para Nicaragua, en materia agrícola, si el Gobierno tuviera la capacidad de garantizar el acceso de los principales productos nacionales de exportación, a Estados Unidos, libres de arancel, o si logran compensar las barreras arancelarias y las no arancelarias, los subsidios y los apoyos internos a la producción por parte de EE.UU. En ese sentido, si la política comercial de Nicaragua con respecto al TLC está orientada a la creación de empleos y bienestar al país, poco o casi nada se está haciendo por crear medidas destinadas a evitar el eventual impacto negativo del TLC. Hasta el momento no existe ni se prevé ningún avance para fortalecer o consolidar la productividad, ni para contrarrestar algún efecto negativo en los sectores sensibles de nuestra economía.
En este mismo sentido, el empresariado de Nicaragua debe apostar a la diversificación aprovechando el aún bajo costo de mano de obra. Una buena diversificación nos conducirá a producir, por ejemplo, vendiendo granos en bolsa ó enlatados, congelados, procesados, cocidos, etc. Se puede diversificar vendiendo dulces hechos del procesamiento de algunos granos, como maní, sorgo, frijol, arroz y otros; procurando, en todo sentido, dar a nuestros productos un valor agregado y reconvertir el actual sistema de producción, mejorando la productividad y logrando ser más competitivos.
El autor es jurista en Derecho Internacional.

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