MIéRCOLES 10 DE DICIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23298 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Entrevista - Carlos Mántica, empresario nicaragüense
“Los buenos tiempos se hacen…”

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. Carlos Mántica es un reconocido empresario nacional que nunca se le ve metido en política. Su familia ha sido golpeada fuertemente por crisis económicas, desastres naturales y saqueos. Los Mántica tienen una reconocida trayectoria de inversión nacional que va desde supermercados, venta de carros, hasta mueblerías.

 

Gabriel Sánchez Campbell
gabriel.sanchez@laprensa.com.ni

Carlos Mántica, un reconocido empresario nacional, vive sin excentricidades ni lujos. Es una persona modesta y sencilla al hablar. Viste muy casual, con camisa mangas cortas y un pantalón de vestir, apto para el clima tropical de Nicaragua.

Habla pausado, pero claro. Tiene un tono de voz un poco grave y al caracterizarlo se tiene que hablar de sus tres facetas en la vida: la de empresario, de escritor y de cristiano. Pero quizá uno de los aspectos que casi no se conoce es para él uno de los más importantes: el de padre, abuelo y bisabuelo.

Como empresario es el dueño de varias inversiones importantes en el país, la más conocida de todas es la cadena de supermercados La Colonia, cuyo socio igualitario es su hermano gemelo Felipe.

En su faceta de escritor, todos los maestros de español y fanáticos de la literatura nacional de seguro lo han leído porque es el autor del libro El Habla Nicaragüense y a la vez es uno de los más fervientes traductores del clásico de la literatura nacional: El Güegüense.

Como “aprendiz de cristiano”, como él mismo se hace llamar, es miembro de la comunidad catecúmena de Nicaragua y ha fundado una sociedad llamada Ciudad de Dios que acaba de cumplir 26 años de establecida.

Tiene cuatro hijos, 16 nietos y tres bisnietos. Está casado con Mariana Cuadra. Forma parte del Gabinete de Apoyo de la Presidencia en el actual Gobierno y aunque después de sufrir un infarto el doctor le recomendó bajar sus responsabilidades empresariales su vida familiar sigue ocupando un importante lugar dentro de su vida, por eso es que concluida esta entrevista pasó a recoger a Diego, uno de los nietos que en medio de la conversación con LA PRENSA, lo llamó tres veces para decirle que se diera prisa porque lo estaba esperando.



—¿De quién fue la idea de instalar el supermercado?

—La idea del supermercado fue de mi papá. Mientras yo estudiaba en la universidad de Georgetown en Washington a mi padre se le ocurrió establecer un lugar que le diera atención de servicio a la Colonia Mántica, así que lo que abrimos primeramente fue una gran “pulperillota”, con autoservicio, aire acondicionado y dos cajas registradoras que en año y medio tuvo que expandirse tres veces a su tamaño inicial



—¿Cuál era la reacción de la gente cuando abrieron el supermercado?

—Es curioso que el primer cliente que llegó nunca entró, porque no había lo que buscaba. Era un taxista que preguntó que si había cigarros y en efecto no teníamos. Arrancó su carro y se fue. La segunda fue la embajadora de los Estados Unidos en 1956.

Lo interesante es que la gente no estaba acostumbrada a un supermercado, por ejemplo muchos se asustaban con el aire acondicionado y los cobradores evitaban entrar para no enfermarse y pedían que les sacáramos los cheques o más típico aún era que la gente por lo general preguntaba las cosas pegando gritos desde la calle, esa costumbre se fue eliminando poco a poco.



—¿Qué significó la apertura del supermercado?

—Bueno aparte de los nuevos hábitos de compras tuvimos que traer productos y semillas de otros países, porque había productos que no se cultivaban en el país, como los melones, el apio y otras cosas más. Tuvimos también que empezar a empacar el arroz, el azúcar, café y los jugos. Era un tiempo muy divertido, más que ahora que todo se pide de forma electrónica.



—¿Cómo se introduce usted en el mundo de los negocios?

—Lo que he hecho siempre, me ha gustado, pero la idea de abrirme campo siempre me ha entusiasmado, por eso es que a mí nunca se me olvida qué nos dijo mi padre cuando inauguramos el supermercado: “Abrir un nuevo negocio es lo más fácil del mundo, pero el detalle es que después de 20 años siga manteniéndose como nuevo”. Por eso es que gracias a Dios tengo un socio meticuloso que es mi hermano y después de 20 años de haber construido el edificio de La Colonia de Plaza España siempre se ve como nuevo.



—En estos años usted mejor que nadie puede contar las facilidades o dificultades para hacer negocios en Nicaragua. ¿Qué diferencias hay cuando empezó y qué diferencias hay ahora?

—Es difícil visualizar ahora el darse cuenta de lo que significaba hacer negocios en esos tiempos. Era un momento donde no existía la banca privada y que el que no estaba con Somoza no recibía financiamiento del Banco Nacional. Antes se tenía que trabajar con capital propio porque el que no era somocista no conseguía financiamiento, por eso es que mi papá es uno de los fundadores del Banco de América y empezó el Banco Nicaragüense y todo empezó siendo distinto. El renacer continuamente sobre las cenizas ha sido parte de nuestra historia. Ahora es casi igual, siempre hay incertidumbre, no siempre corren los mejores tiempos, pero los buenos tiempos no se esperan, se hacen.



—¿En qué se diferencia hacer negocios ahora?

—En nada, desde el arranque todo es igual. Ha sido una dificultad tras otra.



—¿Y cómo han aprendido usted y su familia a sobrellevar las crisis?

—Pues aquí entra la parte del aprendiz de cristiano. Hemos sido dueños de lo que tenemos y no nos hemos dejado poseer de las cosas que tenemos. Cuando sos dueño de algo podés regalarlo o perderlo y no importa, pero cuando el bien te posee pues estás listo y servido... No recuerdo que el terremoto o la revolución nos hayan destruido en lo más mínimo. Ha sido un volver a empezar pero todo con tranquilidad.



—¿Qué tan importante ha sido el apoyo de la familia en los momentos duros?

—Creo que la prinicipal fuente de paz ha sido el Señor, pero la segunda fuente es la familia, primero porque ellos comparten eso. Ellos pueden seguir siendo felices con lo que hay. Tal vez ha ayudado que siempre he tenido un nivel de vida por debajo de mis ingresos, entonces cuando perdés mucho seguís viviendo de forma sencilla. Sin ostentaciones y sin derroche y todo eso ayuda. Pero sin el apoyo de la familia hubiese sido difícil.



—¿De dónde aprendió eso?

—De la unidad familiar que nuestros antepasados fomentaron y del único matrimonio perfecto que he visto: el de mis padres.



—¿Cómo se lleva con su hermano?

—Pues así como hay una armonía total en las decisiones demostradas en los negocios, tenemos gustos diferentes. Yo soy guitarrero, me gusta cantar, mis amistades son los bohemios, los compositores y poetas de Nicaragua. Él tiene otro tipo de amigos, mucho menos estrenduosos que los míos.

A mí me gustan los deportes acuáticos, a él no. En fin la gente dice que ni siquiera parecemos hermanos, porque no somos iguales.



—¿Cómo se introduce en el mundo del catolicismo. Por educación de sus padres, tradición y hubo algo que lo llamó?

—Honradamente fue tradición y educación porque me gradué en el Colegio Centroamérica de Granada con los Jesuitas y culminé mis estudios en universidades Jesuitas, pero hubo un momento que tuve una conversión por convicción muy profunda y tuve una vivencia muy fuerte que todavía la mantengo.



—¿Cómo vincula su línea religiosa abarcando su vida personal y de trabajo. Algunas decisiones empresariales pueden ser difíciles?

—El cristianismo que no incide en la vida y que no incide como prioridad y como valor absoluto no es verdadero cristianismo. Es feo que lo diga pero nunca me he dejado tentar por un gran negocio. No he aceptado puestos de Gobierno, no milito en ningún partido político, ayudo en todo lo que tenga que ver con Nicaragua y lo sigo haciendo, pero no milito en ningún partido, porque pertenecer a uno de ellos hipoteca tus convicciones porque tenés que aprobar no sólo lo que hace en el presente, sino lo que hizo en el pasado, si no sos un traidor, un ingrato y demás epítetos que podás poner y por eso es que yo realmente no puedo hipotecar mis convicciones por las pertenencias, por un puesto de Gobierno o por una militancia. No estoy dispuesto a llamar bien lo que está mal.



—¿Pero usted es parte del Gabinete de Apoyo del Presidente?

—Justamente sólo damos apoyo. No tengo honorarios para nunca caer en la tentación de decirle a don Enrique Bolaños lo que él quiere oír, porque no le debemos nada. Cuando uno acepta una posición remunerada tiene una tentación a decir sí señor, o a aprobar lo que no está bien. Cuando uno trabaja a título gratuito, nadie te puede llamar traidor, ni ingrato, porque el único compromiso que uno tiene es con su conciencia y con Nicaragua.



—¿Qué costos ha tenido eso?

—Cuando hemos sufrido reveces muy grandes y alguien te ofrece montones de cosas muy atractivas como capital, grandes oportunidades, incluso posiciones he tenido que decir no. Cuatro gobiernos me han ofrecido posiciones altas, y a ninguno se las he aceptado. Ellos saben porqué no se las he aceptado y creo que lo tomaron bien.



—¿A los 68 años de edad, qué le falta completar?

Como la persona a la que más admiro es a mi papá, porque es un hombre que hizo un gran capital en medio de la adversidad, sobresalió en el deporte, sufrió exilio por incursionar en la política y sin embargo nunca descuidó a sus hijos y a su familia pues es eso lo que me falta. Que ahora mis nietos y mis bisnietos recuerden a su abuelo como la persona que siempre tuvo tiempo para atenderlos.



La faceta de escritor

Su vocación de escritor dice ser la más rara, porque parte de los libros han sido porque su hija secuestró sus escritos con amigos de ella. Pero sólo fue unos cuantos de los 11 títulos que ha sacado a la luz. Entre ellos se destacan El Habla Nicaragüense, El Güegüense y uno de reflexiones espirituales.

Cuenta que todos han empezado a ser escritos de su tiempo libre o bien de pequeñas publicaciones en medios de comunicación que se han ido engordando hasta convertirse en libros.

El Guegüense fue el único escrito en que se sentó para hacerlo libro y dijo que sería para plasmar cosas nuevas. Las cosas que se habían ocultado, como por ejemplo que siempre se ha pensado que la lucha de El Güegüense era contra el gobernador español y todo hace indicar que era contra el gobernador indígena corrupto que le hacía los mandados al gobernador español.

Pero de este libro lo que más le llamó la atención fue la lucha contra la corrupción y saca a luz el nepotismo indígena. “Me llama la atención que se quiere sacar el ideal del nica que combate la corrupción, pero que él mismo es corrupto porque es contrabandista, es evasor de impuestos, es adúltero y adulterador, así como otras cosas más. Es detestable en muchas cosas. Pero es bueno porque haqbla de la lucha contra la corrupción, pero tenemos que empezar por nosotros”.
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