MIéRCOLES 10 DE DICIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23298 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Cafta en la voz campesina

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. Dos municipios del departamento de Managua tienen severos problemas de pobreza y acceso a los servicios básicos
. Sus pobladores desconocen el rumbo de las negociaciones del Cafta y lo único que perciben es temor

Los campesinos de San Francisco Libre conocen muy poco sobre el Cafta.

 

Gustavo Ortega Campos
gustavo.Ortega@laprensa.com.ni

SAN FRANCISCO LIBRE, MANAGUA.- Los campesinos de dos municipios del departamento de Managua no se enteran que esta semana se desarrolla en la capital de Estados Unidos la última ronda de negociaciones del tratado de libre comercio de este país y Centroamérica, conocido, pero no por ellos, como Cafta.

En los días previos a la última ronda de negociaciones del Cafta que inició este lunes en la capital estadounidense, LA PRENSA logró la opinión de campesinos de varias comarcas de Villa Carlos Fonseca (El Carmen) y de San Francisco Libre. Ambos lugares tienen como común denominador el deterioro económico que se traduce en la ausencia de los servicios básicos, y eso que no quedan a más de 80 kilómetros de la capital de Nicaragua.

A pesar de ser un día de semana, Reina Isabel Díaz, de 37 años, asegura que no existe diferencia con los sábados, ni domingos, “es lo mismo de siempre, tratar de sobrevivir”, asegura sin ningún tapujo a la vez que fortalece su plática con el brillo de sus enormes ojos sarcos.

Reina vive en la comarca La Trinidad, ubicada a unos 30 kilómetros de San Francisco Libre, municipio de Managua, a unos 75 kilómetros al noreste de la capital, justo al otro lado del Lago Xolotlán. En La Trinidad, la luz eléctrica es un sueño y se puede tomar agua gracias al río y a los pozos que han logrado construir los pobladores.

Entre risas dice que no ha escuchado sobre el Cafta, pero al segundo inmediato lo asoció con el libre comercio, “es un programa que ha venido dando el Gobierno donde se dice que se va a mejorar pero al campesinado no va a mejorar porque las cosas serán más caras”.

Ella desconoce con quién se está negociando este acuerdo comercial y mucho menos sabe que el martes se firmaría en la capital de Estados Unidos, “bueno, a mí se me imagina que todo lo que se va a cosechar del país va a ser trasportado (transportado), va a hacerse un intercambio con otros países”.

Tras escuchar una breve explicación sobre el proceso, agrega “pues figúrese que no estoy al tanto pero a mí me han dicho que no es rentable”, según le comentaron en una reunión de campesinos promovida por un organismo que les dijo que no apoyaran el libre comercio porque no les favorecería.

Durante la plática se fueron acercando uno a uno sus siete hijos que van desde los 15 años hasta la cumiche de dos meses, en el frente de la casita de madera, los cerdos y gallinas carrereaban, mientras un par de caballos y un macho resoplaban, quizás por el bochorno de la zona.

Esta familia sobrevive de la cosecha de granos básicos, en una zona bastante árida y que depende en un ciento por ciento del río que atraviesa la comarca.

ALGO HEMOS ESCUCHADO…

De repente Simeón Gutiérrez, el esposo de Reina, está llegando de la huerta donde siembra maíz, sorgo, frijol y trigo millón. Para el Cafta equivale al TLC (Tratado de Libre Comercio).

“De eso hemos estado escuchando nosotros, de lo que es el libre comercio, pero hasta la vez no sabemos si nos va a beneficiar o nos va a perjudicar a nosotros como productores de granos básicos… cuando se dice libre comercio puede ser que haiga (haya) más granos en el país, porque pueden entrar de ajuera (afuera)”, opina este agricultor, de 52 años.

Su principal preocupación es la caída de los precios debido a la llegada de mayores volúmenes de granos básicos del extranjero, pues desconoce que en las negociaciones del Cafta se pretende proteger esta situación durante 15 años, tiempo que se ha establecido para eliminar el arancel a los rubros estadounidenses que podrían afectar a los campesinos nacionales.

Este matrimonio resiente el ausente apoyo del Gobierno, pues a la fecha sólo cuentan con el respaldo del Programa Mundial de Alimentos (PMA), “muchas veces el productor no se desarrolla porque no tiene alimentación”.

En Villa Carlos Fonseca, municipio ubicado a unos 60 kilómetros al noroeste de la capital, Ana María Mendoza, pobladora de la comarca California, rompe su elocuencia de una entrevista al preguntarle que sabe del Cafta, y con la voz un poco temblorosa responde de inmediato: “No, ¿el Cafta?”, pero al darle algunas señas del asunto agrega, “sí, si lo he escuchado un poco”, pero no supo responder sobre lo que saldrá al final.

“Fíjese que no puedo responderle, porque no sé cómo va a salir eso”, y la plática siguió y ella agregó que los representantes de las organizaciones campesinas les han hablado un poco de eso (el Cafta).

“Pero nosotros les decimos que esperamos como campesinos, lo vemos bueno siempre y cuando salgamos beneficiados, pero si va a servir para hundirnos más, pues ahí no, ojalá que nos sirva a nosotros eso”, indicó. Ana María se dedica a la siembra de granos básicos, mismos que ella comercializa, además se dedica, junto a un grupo de mujeres a la fabricación de conservas.

NUESTRO “MAICITO”

Mas tímida se mostró María Erlinda Dávila, también de la comarca California, “Casta… causta… no sé, no tengo yo conocimiento de eso, no tengo idea”, respondió de inmediato, pero a medida que avanzó la plática recordó que había visto por la televisión lo de un tratado de libre comercio.

“Supuestamente van a entrar maíces de esos lados… no sé o sea… pues yo lo que vi fue un anuncio que iba a entrar ese maíz acá, pero el maíz que nosotros sembramos es un maicito criollo y nosotros no queremos perder pues esa raza, yo miré ese anuncio así pues de pasadita”, respondió con el peculiar acento campesino.

Erlinda dice que lo que quiere es seguir sembrando el mismo maíz, “que sea criollo de aquí porque supuestamente esos maíces vienen con fertilizantes y se dice que al comerse ese maíz contaminado produce cáncer, supuestamente pues…”.

Tras finalizada la visita a los campesinos, LA PRENSA conversó con el jefe negociador de Nicaragua en el Cafta, Carlos Sequeira, quien de primera aceptó la poca información que ha llegado a las zonas rurales sobre este proceso, pero lo justificó por el hecho de que los esfuerzos están orientados a lograr una negociación que sea “eficiente y sin mediocridad”.

Sin embargo, asegura que en comparación a meses atrás, la población en general tiene más conocimientos del asunto, al tiempo que aseguró que las principales organizaciones campesinas están al tanto del proceso del Cafta.

Sequeira no descartó que en las próximas semanas se continúe con un proceso informativo de mayores ribetes.

“DOS TENDENCIAS”

Felícito Miranda, es un líder campesino. Vive en la comarca Los Pochotillos, a unos 30 kilómetros de San Francisco Libre, en la “guardarraya” que divide a Managua con Matagalpa, al pie del Cerro Colorado.

Dice que ha tenido poca información sobre el tratado de libre comercio, concepto que interpretó al consultarle si sabía algo del Cafta. Sin embargo, dijo a título personal, que a su juicio en este asunto “hay dos tendencias”.

“Una es que digamos que el TLC se puede dar, pero que a los productores que son pequeños pocos beneficios les va a traer porque digamos que nosotros no producimos en cantidades y a quienes les va a llevar los mejores beneficios puede ser a las empresas, a los productores que tienen posibilidades grandes”.

Felícito cree que los granos básicos que él produce no los va a poder vender con el TLC, “sin embargo yo tengo mucho entendimiento sobre eso del libre comercio, pero pienso yo que debe estudiarse muy bien… o sea las personas que son más entendidas en esto tienen que ver que no seamos afectados”, mencionó este campesino que nunca asistió a la escuela.

Es de la idea de que los que están al frente de negociar el Cafta deben hacerlo con precisión y en defensa de los sectores más vulnerables.

“Los que van a la cabeza de esto tienen que saber hacer este tratado, porque si no hacen buenos acuerdos concretos que vayan beneficiando, digamos a todos los productores, pues vamos a caer en más pobreza, pues nos van a pagar al precio que ellos quieran… los productores grandes van a querer comprarnos a los pequeños para ellos exportar”, opinó.

Este campesino siembra maíz, frijol y trigo. Acaba de iniciar su experimento con el plátano, en una zona donde la pobreza campesina es obvia, las vías de acceso están deterioradas en una región agreste, árida y con un solo puesto de salud donde las madres caminan hasta 10 kilómetros para obtener la cura de sus vástagos.

Los Pochotillos, con 240 habitantes, es una de las 30 comunidades del municipio de San Francisco Libre, localizado a 75 kilómetros de Managua y donde en mero casco urbano municipal, la luz eléctrica es un servicio que mantenerlo activo de manera permanente es una especie de buena suerte.
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