MARTES 9 DE DICIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23297 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Sentencia

William d’Arbelles

No es motivo de regocijo la sentencia contra Alemán y su pacotilla, porque es triste. Satisfacción sí, porque se hizo justicia; no porque la juez Méndez se haya apegado a Derecho, sino porque el mismo Alemán en un desmán de prepotencia sopló el castillo de cartas y todo se le vino al suelo.

Este proceso confirma lo que dice el presidente Bolaños: la urgente necesidad de un sistema de justicia autónomo, no partidario. En un sistema judicial verdaderamente justo no caben las Juana Méndez ni las Ileana Pérez, que bailan al son que toca Daniel.

Hoy los nicaragüenses no podemos levantar la frente y confiar en la justicia, porque si bien el veredicto es justo y merecido, no se dio en las circunstancias que debieron ser. Las pruebas fueron contundentes, el trabajo de Fiallos y Lara fue remarcable y sin embargo no fue esa la razón primordial, sino el interés de Ortega lo que hizo, a Dios gracias, inclinar la balanza del lado de la justicia.

Ahora falta recuperar lo robado. Ya los bienes mal habidos por Jerez están siendo subastados en EE.UU. Alemán debe también ser expropiado y subastar los bienes que tiene en Nicaragua, porque el dinero desviado a las cuentas en el extranjero será muy difícil recuperarlo. Además, 20 años sólo están escritos en papel. Los pactos continúan, la repartición de poderes seguirá y los 20 años los veo reducidos a dos o tres años, según el humor de Ortega.

Es responsabilidad de los nicaragüenses velar porque la justicia prime sobre los intereses partidarios. Esta victoria nuestra ha sido puramente accidental.

Ottawa, Canadá
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