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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 6 DE DICIEMBRE DE 2003
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Jorge Eduardo Arellano

Este año la Fundación Vida del Grupo Financiero Uno editó al menos seis obras que, como es de rigor en esta entidad, marcaron hitos en la historia cultural del país e incluso del área centroamericana. El año pasado adquirió esa dimensión al publicar un volumen ilustrado, de carácter geográfico y etnológico, bajo la dirección de Jaime Incer, su principal colaborador: Colón y la Costa Caribe de Centroamérica. Otros ocho autores colaboraron en dicho volumen: un norteamericano, dos nicaragüenses, un chileno-tico, una costarricense, un hondureño y dos panameños. Dos países estuvieron ausentes en las páginas sobre el descubrimiento colombino: Guatemala y El Salvador; sin embargo, ambos fueron temas importantes del estudio final: “La empresa de la conquista en Centroamérica”, escrito por Jorge Eduardo Arellano.

“DICCIONARIO DE AUTORES CENTROAMERICANOS”

De éste, precisamente, es la obra con que la Fundación inició el año: LITERATURA CENTROAMERICANA/DICCIONARIO CONTEMPORÁNEO DE AUTORES: volumen de 580 páginas que abarca 512 literatos creadores, la referencia de casi 600 fuentes de información y 6 resúmenes panorámicos, correspondientes a cada país del área, incluyendo a Panamá. Así figuran: 117 nicaragüenses, 95 guatemaltecos, 86 costarricenses, 77 hondureños, 70 salvadoreños y 67 panameños. De monumental fue calificada en Honduras, donde oportunamente fue presentada por Segisfredo Infante, Galel Cárdenas y Oscar Acosta, Director de la Academia Hondureña de la Lengua.

“UN ATLAS HISTÓRICO DE NICARAGUA”

Sin precedente como la anterior, esta obra de Francisco Xavier Aguirre Sacasa compila mapas y planos del país, procedentes de la Biblioteca del Congreso, elaborados a lo largo de cinco siglos y viene editada también digitalmente, es decir, con disco anexo, por primera vez en el istmo. Aguirre Sacasa, además de interpretar las piezas cartográficas, las ordena y comenta en cinco capítulos: “Ephraim Squier, el embajador desconocido”; “La Guerra Nacional (1855-1857)”, “Maximiliano von Sonnester, padre de la cartografía nicaragüense”, “El canal que no fue” y “Las intervenciones norteamericanas”. Un índice de los mapas y otro onomástico complementan este meritorio esfuerzo, más una bibliografía, una presentación del doctor Ernesto Fernández Holmann, una “Introducción” del doctor John R. Hebert y unos reconocimientos del autor.

“EL NATURALISTA EN NICARAGUA” DE THOMAS BELT

Otra joya bibliográfica de la Fundación Vida, y al mismo tiempo clásica entre los viajeros y científicos del siglo XIX, es “El Naturalista en Nicaragua” de Thomas Belt. Aparecida en 1976 gracias al Banco Central de Nicaragua, ameritaba una segunda edición de su versión española emprendida por el doctor Jaime Incer Barquero, a quien se le deben también el estudio preliminar y las notas. Como traductor maestro, Incer no omite, ni añade, ni adultera el original; revela todo lo mejor posible.

Reconocido y admirado por Darwin, el inglés Thomas Belt (1832-1878), quien vino como minero a Chontales, dejó un amplio testimonio de la vida y costumbres de los nicaragüenses a mediados del siglo antepasado. No sin prejuicios victorianos, destiló una crítica válida; pero su mayor aporte fue su descripción de nuestra flora y fauna, al igual que la discusión de algunos tópicos científicos sobre geología, meteorología, evolucionismo, antropología, etc.

“POESÍA I” DE PABLO ANTONIO CUADRA

Con lúcido prólogo de Pedro Xavier Solís, apareció, asimismo, el primer volumen de la poesía completa de PAC, distribuida en tres secciones: 1. Vanguardia y post-vanguardia; 2. Poesía indígena; y 3. Poesía religiosa. 226 textos suman los textos compilados. A este primer volumen, seguirá otro que completa la obra del mayor poeta contemporáneo de Nicaragua en el siglo XX, el cual se presentará en los primeros días de diciembre.

“PIRATAS Y AVENTUREROS EN LAS COSTAS DE NICARAGUA”

Interesante en su contenido y decorosa en su diseño, esta obra documental retoma aportes anteriores —ya agotados— y renueva el interés de su compilador y traductor parcial por el rescate de amenos, desconocidos textos dispersos en curiosos libros redactados por europeos durante la época colonial. En esa línea, ya había estructurado otras dos indispensables colecciones: Crónicas de viajeros. Nicaragua (Vol. I) (San José, Costa Rica, 1990) y Descubrimiento, Conquista y Exploración de Nicaragua (Managua, Fundación Vida, 2002), ambas centradas en el siglo XVI.

Ahora el doctor Incer Barquero amplía su afán histórico-geográfico al XVII y al XVIII. En primer lugar, presenta las crónicas de los piratas John Esquemeling, William Dampier, Raveneau de Lussan (danés el primero, franceses los segundos) y del incógnito M.W., autor de The Mosqueto Indian and his golden river (1699), que traduce como lo acostumbra: mejorando en español el original inglés sin alterarlo. Lo mismo había ejecutado con este documento otro traductor maestro; Luciano Cuadra Vega, en la revista Nicaráhuac (Núm. 8, octubre, 1982, pp. 47-65) y en el Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación (Núm. 107, abril-junio, 2000, pp. 39-58). Ellos “nos legaron las primeras referencias sobre la Costa Caribe, las características del litoral y las islas, y el quehacer de sus habitantes indígenas” (p. IX).

A continuación, el compilador inserta los relatos de dos marineros que a mediados del siglo siguiente “transitaron por Nicaragua, el uno mendigando por los pueblos del Pacífico y el otro como esclavo de los indios sumus por las selvas del Caribe”. Se refiere Jaime al inglés John Cockburn y al irlandés John Roach. A diferencia de su antecesor Thomas Gage en el siglo XVII, el primero no fue hispanófobo. “Cockburn —señala— no aprovechó su relato para recalcar el atraso de los pueblos visitados. De aquella gente sencilla más bien recibió refugio y alimento, con sus cinco compañeros de viaje, cuando acicateados por el hambre recorrieron en andrajos los caminos del istmo”. En cuanto al segundo —de quien sólo Ernesto Cardenal había tenido conocimiento de sus sorprendentes aventuras, según un poema que le dedicó en los años cincuenta— pasó tres años de sufrimientos, ausente de su pueblo natal. Su historia —lo destaca Incer Barquero— “tiene el mérito de haber sido la primera que dio a conocer las costumbres de los indios sumus o mayagnas que vivían tierra adentro de la Costa Mosquita en el siglo XVIII”.

Una tercera y última sección la consagra el investigador a “Crónicas misceláneas sobre la Costa Atlántica”. O mejor dicho, a reproducir y anotar varios informes oficiales que datan desde segunda mitad del siglo XVIII hasta principios del XIX. ¿Su tema descriptivo? Obviamente, la situación territorial y étnica, productiva y política de la entonces llamada Costa de la Mosquitia, bajo el protectorado de Inglaterra hasta 1786, cuando ese dominio fue traspasado de iure —pero no de facto— a las autoridades españolas. Así, éstas enviaron a dicho territorio expediciones de reconocimiento como la del corregidor Matías de Oropesa, o de espionaje marino para constatar del contrabando y tráfico comercial de los ingleses, como la crónica de Juan Antonio de Gastelu. También Incer Barquero incorpora las de Antonio Porta Costas, José del Río y Josef Domas y Valle, anticipada ésta en el número anterior de la RAGHN (Tomo LVI, julio, 2003, pp. 171-180).

Finalmente, complementan esta sección las inestimables páginas de Robert Hodgson y Orlando Cuadra Downing. Nuestro litoral caribeño queda, pues, ampliamente documentado en este volumen de crónicas pioneras, aparecido en el año del centenario de Bluefields como ciudad.

“MAYAGNA/APUNTES SOBRE LA HISTORIA DE LOS INDÍGENAS SUMUS DE CENTROAMÉRICA”

Pocos diplomáticos, en el ejercicio de sus funciones, se han enamorado de Nicaragua como el alemán Götz von Houwald (1913-2001). Embajador de la República Federal de Alemania en Nicaragua entre 1969 y 1975, a él se debe una obra pionera en su temática: Los alemanes de Nicaragua, que ha tenido dos ediciones: una lanzada por el Banco Central en 1975 y la otra en 1992 por el Banco Nicaragüense (Banic).

Más su “enamoramiento” de nuestro país —como me lo confesó en una ocasión— daría un salto cualitativo de índole académica. En efecto, a sus 62 años comenzó a estudiar etnología en la Universidad Friedrich-Wilhelm de Bonn, especializándose en Mesoamérica. Sin embargo, la étnica mayagna —conocida anteriormente por sumo— fue el principal sujeto de sus trabajos. Y no sólo eso: el eje sobre el cual girarían los últimos 26 años de su vida, a la que le otorgaría mayor sentido.

Tal lo revelan sus investigaciones culturales, etnolingüísticas y etnohistóricas sobre los mayagnas, etnia que sobrevive en el Norte de Nicaragua (dentro de la reserva de la biosfera Bosawás) y al Sur de Honduras. Algunas se publicaron en revistas como “Distribución y vivienda Sumo en Nicaragua “(Encuentro, Núm. 7, enero-junio, 1975, pp. 63-83), en colaboración con Jorge Jenkins; o sus “Nuevas notas sobre el idioma sumu” (Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación, Núm. 47, mayo-junio, 1982, pp. 21-32). Otras aparecieron en libro, por ejemplo su Diccionario Español-Sumo/Sumo-Español, prologado por Carlos Tünnermann Bernheim y las reunidas en el original alemán de esta obra que reseñamos: Mayagna = WIR: Sur Geschicthte der Sumo-Indianer in Mittlelamerika [Contribuciones a la historia de los indios sumu en Centroamérica] (Hamburg, Hamburgisches Museum für Vöeckerkunde, 1990), volumen de 527 páginas que incluye mapas, ilustraciones y bibliografía. Véase, al respecto, el comentario de Wolfgang Haberland en la RAGHN (Tomo XLVIII, septiembre, 2000, pp. 263-264).

La obra de von Houwald precedida de tres notas (una del antropólogo Ralph A. Buss, otra de la socióloga Verónica Müller Arce y la última de Mirna Cunningham), se divide en cuatro partes: I. De la intuición al conocimiento; II. Taguzgalpa y Tologalpa; III. Cultura y cambios en la cultura y IV. Las fuerzas del conservar y del cambiar. En resumen, como afirma Ernesto Fernández Holmann, “representa la culminación de varios años de investigaciones etnográficas”.  
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