SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA
MARTES 2 DE DICIEMBRE DE 2003



 
Seducción, cuestión de actitud

Foto  

Modelo: Marianela Lacayo Agencia: Silhuetas.

 

Gretchen Robleto Lupiac
gretchen.robleto@laprensa.com.ni

Seducir es un arte que se aprende y se perfecciona. Con habilidades se puede lograr conquistar al hombre deseado y mantenerlo a su lado. La seducción es la maestría que implica la fusión de su cuerpo y su mente, pero muchas veces las inhibiciones y los complejos ponen freno a nuestro ímpetu. ¿Qué tan ducha está en esa técnica?

Todas hemos conocido a ese tipo de mujer que cuando llega a un lugar simplemente no pasa desapercibida. Es como un imán para las miradas, tanto de hombres como de mujeres. No se trata sólo de que se vea muy bien, es más que su apariencia lo que cautiva, ya que al poco rato de haber llegado al lugar, ya son varias las personas a su alrededor.

Es ese tipo de mujer para quien no existe imposible en materia de amor y conquista. Simplemente porque parece tenerlo todo para tener al hombre que desee tras ella.

Hay una gran diferencia entre esa mujer y aquélla que desde adolescente tuvo que conformarse con la atención del “peor es nada” y al llegar a la adultez, la timidez era su principal obstáculo para lograr acercarse al hombre que le gustaba. Esa diferencia la marca la actitud. Se es seductora o no. ¿Con cuál se identifica?

Seducir se define como la acción de atraer, fascinar, poseer gran influencia. La seducción consiste en despertar el deseo de los demás, logrando atraer su atención y esto se logra mostrándose interesante y agradable.

Ya sea que usted tenga 100, 60 o nota roja en el arte de la seducción, debe estar clara que todo se puede aprender y mejorar. Es cuestión de conocer las claves, ponerlas en práctica y considerar que lo que puede resultar seductor para una, puede no serlo para otra.

Para conocer testimonios de técnicas de seducción de algunas mujeres, recurrimos a una experta. Dicen que los años dan la experiencia y la práctica hace a la maestra. Adriana Quezada es una mujer de 39 años de edad y divorciada desde hace 9 años.

Adriana es simpática y hay que admitir que su mayor fortaleza en el campo de la seducción es que cuida mucho de su imagen. La conocimos en un evento al que asistían personas de diferentes profesiones y desde que la vimos nos llamó la atención la seguridad y jovialidad que proyectaba.

La modestia definitivamente no es una de sus cualidades. “Modestia aparte fijate que yo siento que no tengo que hacer nada especial para llamar la atención de un hombre que me guste, simplemente me cuido, tenés que preocuparte por verte bien y si te sentís bien con vos misma, en cómo te ves, eso se va a notar, a nadie le gusta estar con una persona acomplejada, yo me siento bien con cómo me veo”, cuenta Adriana, quien actualmente sale con un hombre dos años mayor que ella.

De acuerdo a la experiencia de Adriana, la conquista lógicamente entra por los ojos. El mejor consejo que da es lucir siempre bonita, cuidar del cuerpo y la salud, pero sobre todo mostrar seguridad.

Dicen que el tiempo es el principal enemigo de la pasión. Consultamos a Lila Ruiz de 45 años de edad y con 23 años de casada al respecto. Según Lila, es inevitable que con el paso de los años la seducción se vaya dejando a un lado, pero eso es un error. “Una nunca debe confiarse porque por muy seguro que crea tener al marido, en la calle siempre habrán mujeres que se pueden interesar en él”.

Lila asegura que seduce a su esposo a través de técnicas que no se atreve a revelar, pero sí accedió a compartir una de ellas. “Es muy importante que cuides de tu privacidad, que nunca te vea haciendo tus necesidades personales, ponerte siempre bonita a la hora que se van a acostar, con ropa para dormir llamativa, que cuides de tu higiene, de olor siempre rico, todas esas cosas mantienen el misterio y son seductoras”, afirma.

Gabriela Cerda, de Atención al Cliente en Panamco, es una joven mujer de 26 años, casada desde hace un año. Conoce a su esposo desde hace 13 años y dice que fue “amor a primera vista”.

Como recién casada que es Gabriela opina que la mejor seducción es ser la mejor amiga de su pareja. Para eso tiene como aliados la comunicación y la compresión. Comparten los momentos de alegría, preocupaciones y tristezas. Eso los lleva a tener una confianza infinita, la cual la hace a ella la mujer más seductora del mundo ante los ojos de su marido.

Como mujer casada aconseja tener presente que la rutina, el estrés y los problemas del trabajo, traen consigo situaciones difíciles para la relación, pero siempre deben tener presente que el amor debe alimentarse con pequeños detalles.

ALGUNAS IDEAS

Existen trucos, pero cada persona es distinta. Una buena seductora sabe acercarse.

La mirada: Los ojos son el espejo del alma y una forma de comunicación muy importante. Mantener el contacto visual puede ser una manera de expresar el interés por la otra persona.

La sonrisa: Es un gesto de aprobación con el que sutilmente se muestra interés hacia el otro.

Gestos: La postura y los gestos son un medio básico de comunicación no verbal que muestran la disposición o no, de establecer una aproximación.

Sentido del humor: Ser positivas ante la vida, reír y hacer reír a los demás, son actitudes que valora cualquier persona inteligente.

Saber escuchar: Mostrar interés por las actividades y conversación de la otra persona demuestra el grado de interés que tenemos.

ALGUNAS IDEAS

Para obtener más consejos sobre el tema, consulte:

El gran juego

Libro Virtual de Editorial

http://www.librosenred.com

Para las casadas

La seducción en el matrimonio

Técnicas seductoras

La técnica de la seducción

www.loslibros.com

http://www.todomujer.cl

¿SABE MANTENER CONVERSACIONES?

Ya logró captar su atención; ahora viene, mantener el contacto.

Según la Enciclopedia de la Sexualidad, de Editorial Espasa, saber mantener conversaciones implica fundamentalmente que las personas sean capaces de adoptar tanto el rol del que escucha como el del que habla. La buena ejecución de cada uno de estos papeles implica mostrar estas habilidades:

Comparando entre sí personas que mantienen mayor y menor número de relaciones, se ha comprobado que las primeras son personas que, al conversar, tienden a emplear más contacto ocular, sonríen con mayor frecuencia, gesticulan y cambian más de postura se manifiestan más afectuosos (por medio de la expresión facial, mirada, sonrisa, tacto, etc.), evitan que se produzcan silencios, expresan interés por la otra persona, etc. Por el contrario, causan una deficiente impresión las personas que al conversar emplean un habla vacilante (con numerosas interrupciones), expresan opiniones y realizan autorrevelaciones negativas, dejan que se produzcan largos silencios (aquellos que duran más de 8-10 segundos y que se deben a “no saber qué decir”) y hablan durante un tiempo excesivo o muy corto.

Del mismo modo, las personas que mantienen un mayor número de relaciones tienden a ser más hábiles a la hora de finalizar los encuentros, ya que (si realmente tienen interés en volver a ver al otro) cierran sus conversaciones planificando un encuentro futuro, esto es, concertando una próxima cita.  
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