LUNES 1 DE DICIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23289 / ACTUALIZADA 2:30 am





EL HUMOR DE




Reportaje especial
El santo padre Putoy

Foto  

 

Yo había estado ya en Ars, Francia, cuando conocí al padre Ignacio Putoy Segura, párroco de La Concepción, departamento de Masaya. Al comienzo de nuestra relación me pareció un persona aislada y de difícil carácter, sin embargo, luego de algunas visitas que le hice comencé a cambiar mi equivocada apreciación.

El primer problema con el padre Putoy era su figura. Si no hubiera sido por la sotana, se le habría creído un campesino común y corriente de apenas un metro cincuenta centímetros de estatura, tan delgado que apenas pasaba de las cien libras, moreno y el pelo chirizo, casi cortado a rape. Me parece haber sido el año 1963 cuando conversamos por primera vez.

Había sido ordenado sacerdote por el Obispo de León, monseñor Pereira y Castellón, el 8 de diciembre de 1913, luego de realizar estudios en el Seminario de San Ramón, llegado de Masaya, ciudad donde había nacido en un humilde hogar. En el Seminario sería catedrático a la vez que tesorero en 1923. Desde 1928 fue nombrado por monseñor Lezcano y Ortega, como párroco de La Concepción, hasta su muerte el 3 de mayo de 1966.

Pese a la diferencia física, cuando veía o me acordaba del padre Putoy, también se me venía la imagen del Santo Cura de Ars. Durante muchos años hizo sus recorridos a caballo. Su humildad era tan grande que en marzo de 1966, monseñor González y Robleto dispuso elevarlo a la categoría de Canónigo, es decir, sería llamado monseñor. Sólo fue posible que aceptara bajo el ordeno y obediencia al arzobispo.

Vivió en el barrio indígena de Monimbó, en Masaya. Permanecía en La Concepción los fines de semana, días festivos y en especial la Semana Santa, en la que algunas veces me encargó las lecturas bíblicas. Viajaba de Masaya a San Marcos en bus y luego a La Concha en unos taxis todos desvencijados. Las limosnas cubrían estrictamente el transporte y su comida. Era muy cuidadoso en la relación con sus feligreses, en especial las personas de pocos recursos económicos. Cuando falleció solamente encontraron en sus haberes unas cuantas monedas que no sumaban un córdoba.

Ironías de la vida. El sacerdote que vivió en extrema pobreza, luego de su muerte, le fue levantado un monumento en cuya parte superior está su pequeña figura. Monumento merecido, construido en Italia a un costo de varios miles de dólares. Al momento de ser trasladados los restos del padre Putoy, del atrio de la iglesia al costado norte, se estableció que el cuerpo estaba incorrupto, igual que fue su conducta como hombre y sacerdote.

FUENTE INFORMATIVA

Escribir la historia eclesiástica de Nicaragua ha sido la obra de casi toda la vida de Edgard Zúñiga. Cuenta con una extraordinaria biblioteca, numerosos documentos, una buena parte inéditos, en fin el conocimiento y material bibliográfico para ser uno de los mejores especialistas sobre el tema. A eso se agrega su experiencia como catedrático que fue de la Unica, y en la actualidad de la Universidad Thomas More.

El período de 1524 a 1821 fue editado en un tomo que financió el empresario cristiano Felipe Mántica Abaunza. De 1821 a 1913 conforman otro tomo del que apenas se editaron 200 ejemplares y tuvo el apoyo de la Embajada de Suecia. Ambos tomos fueron publicados en uno solo, con el financiamiento de Adveniat, organismo de los obispos católicos de Alemania.

Actualmente Edgard trabaja en otro tomo que abarcará el siglo XX, lamentablemente el proyecto no ha continuado por no contar con el apoyo de algún organismo o institución. Consideramos que cualquier trabajo o investigación sobre el tema tiene que recurrir necesariamente a la obra de Edgard Zúñiga. Ojalá pueda recibir la ayuda necesaria para completar una parte valiosa de nuestra historia. Por nuestra parte, especial agradecimiento por la valiosa cooperación recibida.
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