“Bola recia” y bumerang
El principal argumento con que se quiere justificar o “explicar” el nuevo pacto de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán –quienes han sumido al país en una grave crisis política y una gran incertidumbre social–, es el de que el presidente Bolaños no ha entendido que la política se basa en el “te doy para que me dés”, o sea que debió pactar con Ortega para que éste no lo hiciera con Alemán.
También se dice que Bolaños no debió alarmar a Ortega apoyando el dictamen de minoría sobre la Ley de Carrera Judicial, la que además sólo era una estratagema del PLC para negociar con los sandinistas la excarcelación de Alemán, y su subsiguiente sobreseimiento.
Igualmente se dice que el pacto fue provocado por las declaraciones del secretario de Estado Colin Powell, y del subsecretario Dan Fisk, contra la permanencia de Ortega en el escenario político y por lo tanto de su nueva candidatura presidencial, máxime que el presidente Bolaños se mostró de acuerdo con ellas.
Inclusive hay quienes avalan el pacto, porque Bolaños se habría ensañado con Alemán al permitir que fuera encarcelado por “apenas” 100 millones de dólares, pero no hizo igual contra Ortega y otros sandinistas que apropiaron de muchos más bienes nacionales, dinero público y propiedades ajenas.
Finalmente, los pactistas dicen que los medios de comunicación independientes son parciales, pues condenan a los sandinistas porque negocian con los liberales pero no dicen nada, o aplauden, cuando Ortega lo hace con el presidente Bolaños, como el año pasado para conformar la “nueva mayoría” legislativa que destituyó a Alemán de la presidencia de la Asamblea Nacional y lo desaforó a fin de que pudiera ser procesado.
Pero es imposible justificar lo injustificable. El hecho innegable y repugnante es que los caudillos del FSLN y el PLC han puesto en marcha un pacto para detener la lucha contra la corrupción, liberar de cárcel y cargos a Alemán, reforzar el control sandinista sobre el Poder Judicial y otras instituciones estatales, suspender las elecciones municipales del próximo año y boicotear los acuerdos del país con la comunidad internacional, incluso la HIPC y la condonación del 80 por ciento de la deuda externa.
Lo cierto es que Ortega y Alemán están jugando con bola recia, como siempre han dicho que les gusta jugar. Practican la estrategia leninista de agudizar al máximo las contradicciones para provocar un “salto de calidad”, en este caso para obligar al presidente Bolaños a avalar el pacto mediante una negociación “a tres bandas”.
Lo que quiere Alemán es quedar “limpio” y ser candidato presidencial en las próximas elecciones, mientras que Ortega pretende fortalecer su control del Poder Judicial y otras instituciones del Estado, y además, quitarse el veto de Estados Unidos para lo cual necesita el apoyo de Bolaños.
De manera que el Presidente de la República sólo tiene dos salidas: someterse a los caudillos Ortega y Alemán y participar en la negociación a tres bandas del nuevo pacto, o mantener su posición de dignidad moral y enfrentar a los pactistas con la misma bola recia que a ellos les gusta jugar.
No es cierto que el presidente Bolaños sea débil porque no tiene en la Asamblea Nacional un partido que lo sostenga. Su fortaleza radica en el respaldo de la mayoría de los nicaragüenses, en el apoyo de la comunidad internacional, y en su propia autoridad moral. Y esta fuerza es suficiente para derrotar la conspiración de los caudillos.
Ya la comunidad internacional comenzó a hacer su parte al suspender el financiamiento a las instituciones que Ortega y Alemán convirtieron en baluartes de su poder político y de la corrupción. Pero EE.UU. debe reactivar las investigaciones del lavado de dinero que ciertos políticos de Nicaragua hicieron o pudieron haber hecho en territorio estadounidense. Y las fuerzas democráticas y honestas de Nicaragua deben movilizarse para desalojar a los corruptos de las instituciones que tienen secuestradas.
Es cierto, como dice Ortega, que sus turbas se pueden tomar el Palacio Presidencial; pero las fuerzas democráticas también pueden tomarse la Asamblea, la Corte, la Contraloría y todo lo que sea necesario.
La estrategia de fuerza de los caudillos se les puede convertir en un bumerang.

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