Crimen de niña estremece Costa Rica
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Madre de la víctima es nicaragüense, originaria de San Juan del Sur, que hace 15 años viajó a ese país
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Sujeto de 54 años se había
obsesionado con la menor, de 11, a quien degolló por celos
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Otto Vargas M. Redactor de La Nación ovargas@nacion.com
La niña Miurel Camacho Cantillano, de 11 años, asesinada por un sujeto de 54 años en un crimen que ha conmocionado a la sociedad costarricense, fue sepultada ayer a la una de la tarde en un cementerio de San José, Costa Rica. Su madre, Verónica Cantillano, es originaria de San Juan del Sur, en Rivas.
La obsesión amorosa que el sujeto de apellido Hernández, y conocido como “Changa”, tenía por Camacho Cantillano, lo habría llevado el lunes a acabar con la menor al asestarle una puñalada en el cuello, poco después de las 7:00 am, en La Cruz, de El Carmen, Goicoechea, en el vecino país del sur.
Al parecer inducido por los celos, “Changa” se molestó por la amistad que la menor entabló con un niño de 13 años.
Aunque Hernández intentó quitarse la vida tras el homicidio, la dosis de veneno ingerida no fue suficiente.
El sospechoso visitaba con frecuencia a la familia. Vive en un destartalado rancho, a escasos 75 metros de la casa de la familia Camacho. Desde hace un año acostumbraba darle regalos a la pequeña.
“A Miurel le llevaba cosas caras, como un Nintendo, una bicicleta y ropa. También le daba plata”, relató Karol Segura, una familiar.
RIVAL MENOR
La tarde del viernes, Miurel Camacho se encontró con un niño conocido. Se saludaron con un beso en la mejilla. Al parecer, eso disgustó a Hernández.
A grandes pasos llegó hasta el menor y se abalanzó sobre él, a quien tomó por el cuello. Dos vecinos intervinieron y separaron a “Changa”.
De ese incidente no hubo reporte a la Policía costarricense, indicó ayer la oficial Cecilia Canales.
El domingo, Hernández comenzó a fraguar un plan de venganza. Por eso pidió a su vecino, Víctor Manuel Segura, que le consiguiera un veneno.
“No me dijo de qué tipo; sólo dijo que quería comprar algún químico. Después me contó que se iba a envenenar. Yo le advertí a los papás (de Miurel) que ese hombre estaba obsesionado”, indicó.
Amigas de la niña recuerdan que en los últimos días la pequeña evitaba a “Changa”, quien se ganaba la vida como jardinero o peón de construcción.
El director regional de la Fuerza Pública de San José, Luis Hernández, comentó que los padres sabían que el sospechoso pretendía a la escolar.
CRIMEN MAÑANERO
Como otras tantas veces, “Changa” se presentó el lunes a la casa de la familia Camacho antes de las 7:00 am. Verónica Cantillano, madre de la menor, estaba a esa hora en una cita médica. El padre, Manuel Camacho, se dirigía a una construcción. Sólo José, el hermanito de siete años estaba en la casa con Miurel.
Hernández lo envió a comprar pan. En ese momento habría atacado a la niña con un cuchillo de cocina. La agresión ocurrió en la única habitación de la casa; aún así, la menor logró caminar hasta la cocina, donde se desplomó.
“Changa” huyó hacia la montaña. Kattia Calderón, una vecina, escuchó a la menor gemir.
“La chiquita se quejaba; pensé que se sentía mal. Cuando entré, la encontré en el piso y vi que se ahogaba”, explicó. Miurel falleció minutos después.
Durante tres horas, el sospechoso permaneció en fuga hasta que la Policía lo detuvo a las diez de la mañana, cerca del templo católico de El Carmen de Goicoechea.
SUEÑOS FRUSTRADOS
Segunda de una familia de tres hermanos, Miurel Camacho Cantillano pasaba su tiempo entre cuadernos y el equipo de fútbol femenino El Huracán. Jugaba como medio-campista, pero anotaba muchos goles. “Quería ser campeona de primera división”, recordó ayer Gabriela Moya, compañera de equipo. Aunque su tío Juan Carlos Camacho asegura que quería convertirse en enfermera, sus amigas recuerdan que también soñaba con ser cantante. “Era una niña muy alegre”, dijo.

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