Crédito rural sigue a medias
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Se estima que el sector rural demanda unos 140 millones de dólares anualmente para resolver medianamente sus necesidades de financiamiento, pero las microfinancieras, que en su mayoría son las que atienden ese tipo de clientela, apenas alcanzan a dar una cobertura de aproximadamente 30 millones de dólares |
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María Antonia López M. maria.lopez@laprensa.com.ni
Desde que la banca de desarrollo desapareció como alternativa de atención a la demanda financiera de los sectores rurales, muchas organizaciones no gubernamentales y microfinancieras no convencionales se dieron a la tarea de cubrir la insuficiencia crediticia. No obstante, con el paso de los años, el déficit de cobertura aumenta.
Alfredo Ruiz, investigador del Instituto Nitlapán de la Universidad Centroamericana (UCA), advirtió que el crédito entregado por las microfinancieras ha permitido de alguna manera la reactivación productiva, pero que si el capital de cobertura continúa limitado, como actualmente sucede, en el corto plazo el sector rural puede entrar a una nueva crisis como la que imperó tras el cierre del Banco Nacional de Desarrollo (Banades) en 1997.
Según Ruiz, para suplir la demanda efectiva en el centro y Caribe del país se necesitan 140 millones de dólares anualmente, pero las microfinancieras apenas disponen de 27 millones de dólares.
“Si analizamos el volumen total de las microfinancieras es mayor a los 100 millones de dólares, pero un 60 por ciento de su cartera está colocada en sectores urbanos y una buena parte se ubica en el Pacífico”, sostuvo.
Ruiz es de la opinión que esa tendencia difícilmente va a cambiar en tanto las microfinancieras no estén en capacidad de asumir el riesgo que implica financiar la actividad productiva rural.
Aunque reconoció que muy a pesar de los riesgos, las microfinancieras asociadas a Asomif han sostenido la cobertura crediticia en un 70 por ciento de clientes de los llamados “campesinos finqueros” que nunca habían sido atendidos ni por la banca estatal ni por la privada.
VARIOS SERVICIOS
Pese a ese entorno, las microfinancieras consideran que debido a la dispersión de oficinas en el país, no pueden continuar limitadas a la entrega del crédito, porque el mercado es más exigente ahora.
Johan Bastiaensen, de la Universidad de Amberes, Bélgica, quien asesora a varios proyectos de microfinanzas, reconoció que todavía hay vacíos para aumentar la cobertura crediticia por la dispersión geográfica de los pobladores rurales, pero también los préstamos entregados son de corto plazo para obligar a una rotación mayor, en tanto los de largo plazo prácticamente no se ejecutan pese a ser necesarios para permitir la inversión en la finca y por ende dar lugar para que los productores tengan más posibilidades de ahorro efectivo.
“El ahorro es muy importante, porque los sectores rurales pobres tienen problemas para manejar sus flujos de caja”, dijo Bastiaensen.
Sin embargo, para el especialista, las microfinancieras a la larga podrían prestar los mismos servicios que la banca comercial, con más ventajas, ya que tienen costos de operación menores, tienen mayor cobertura nacional (más cerca de los clientes), no urgen de una alta inversión tecnológica.
Pero también señaló que se requiere de algunos mecanismos de protección para los clientes, sobre todo si se pretende implementar el ahorro alguien debe asumir una posible quiebra.
Jorge Savany, director del Fondo de Crédito Rural (FCR), dijo que esa entidad intermedia recursos hacia las cooperativas fundamentalmente para que el crédito no se encarezca.
En tanto, sostuvo que aunque se apruebe una ley de regulación de las microfinancieras, dificilmente habrá un avance en ese sentido, ya que no hay capacidad para darle seguimiento sobre los servicios que prestan o las altas tasas de interés que cobran.
Sinforiano Cáceres, presidente de la Federación Nacional de Cooperativas Agropecuarias, detalló al respecto que ellos como afiliados a la Asociación de Microfinancieras (Asomif), han implementado programas de ahorro con un beneficio directo para los afiliados: “El 15 por ciento del crédito otorgado proviene del ahorro, también concetramos ahorro navideño y algunas transferencias de remesas familiares principalmente provenientes de Costa Rica”.
“LA PIEDRA EN EL ZAPATO”
Las entidades de microfinanzas están claras en su posición de crecimiento y demanda de los usuarios, sin embargo, tienen un “trabón”: el marco legal.
Sinforiano Cáceres explicó que tras la reforma de la Ley de Bancos en el 2001 las organizaciones de microfinanzas quedaron sin regulación. Eso conlleva a que éstas queden desprotegidas y las oportunidades de aumentar su capital a través de intermediación de fondos extranjeros se vean limitadas.
“La falta de regulación nos vuelve invisibles ante el sistema financiero nacional y por tanto, no sujetos a obtener nuevas fuentes de financiamiento de organismos internacionales, el capital que trabajamos es pequeño y eso nos impide apoyar la inversión, en tanto el crédito que les damos es de sobrevivencia”, dijo Cáceres.
Alfredo Alaniz, presidente de la Asociación de Microfinancieras de Nicaragua (Asomif), es de la opinión que el marco regulatorio es necesario porque esto permitiría mantener la solidez de las entidades, pueden aumentar la eficiencia en el manejo de los recursos y superar los obstáculos que impiden la intermediación a otros estratos rurales, así como las nuevas ofertas de servicios.
El diputado Carlos Noguera, miembro de la Comisión de Asuntos Económicos y Presupuesto de la Asamblea Nacional, recordó que el dictamen de Ley Especial de Asociaciones de Microfinanzas está engavetado, a la espera que el Banco Central de Nicaragua y la Superintendencia de Bancos emitan opinión al respecto.
SIB YA OPINÓ
La versión del Legislativo que aduce que la Ley sobre microfinancieras está engavetada por retrasos del Banco Central y de la Superintendencia de Bancos (SIB), fue refutada, al menos por esta última instancia.
Uriel Cerna, director legal de la SIB, señaló que ya han enviado en dos oportunidades sus comentarios al respecto, “me extrañan que digan eso”, y opinó que las microfinancieras desempeñan un papel importante para los sectores que no tienen acceso a la banca comercial, debido a que representa altos costos financieros brindarles atención.
“Ante los ojos de la SIB, las microfinancieras son algo positivo”, aseguró, no obstante dijo que han planteado un par de recomendaciones al marco legal que podría regirlas: no podrían estar bajo la supervisión de la SIB pues no cuentan con la infraestructura, ni los fondos para hacerlo.
“Nosotros sugerimos que se establezca una especie de supervisión especial por parte de ellas mismas, una auditoría que les garantice orden”, comentó.
El otro aspecto que Cerna dijo haber recomendado es que las microfinancieras no deberían captar depósitos del público pues es un aspecto que amerita supervisión más estricta.
LA ANTESALA
Desde mediados de la década de los noventa hasta el 2000 se reportaba un crecimiento de la oferta de crédito en el sector rural, ligado a la reactivación productiva del café.
La caída de precios internacionales para el café y el ajonjolí años después causó una recesión con fuertes consecuencias para el sector rural.
El crédito comercial convencional todavía está altamente ligado a la cobertura crediticia de rubros exportables.
La banca comercial tiene poca cobertura en los sectores rurales, de alguna manera ligado a la quiebra de las entidades financieras al inicio de la década.
CORTADA A LA MITAD
Desde que desapareció el Banco Nacional de Desarrollo (Banades), en 1998, se registra una reducción de más del 50 por ciento de la cobertura crediticia al sector rural, a lo cual se suma la falta de atención de la banca comercial y la decisión de las casas comerciales de no continuar asumiendo riesgos financieros, sobre todo en rubros de exportación como el café y el ajonjolí, sostiene Alfredo Ruiz, investigador del Instituto Nitlapán de la Universidad Centroamericana (UCA).

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