Ancianos entre el desamparo y el olvido
Arlen Pérez arlen.perez@laprensa.com.ni
Son más de cincuenta. Cada uno con una historia y muchas dificultades. Los ancianos que piden frente a la Catedral de Managua padecen de enfermedades, abandonos y el dolor de no saber qué será de ellos el día siguiente.
Eduardo Julio Payán Reyes no recuerda cuánto tiempo tiene de pedir dinero, sólo sabe que es bastante. El dinero que recibe se lo da a su hermana con la que vive, ella le da comida y le lava la ropa. Es poco lo que se le entiende cuando habla y poco lo que recuerda, pero entre las cosas que parece no olvidar, está la muerte de su madre un siete de agosto.
Ellos piden a cierta distancia del templo aunque consideran que adentro les dan más dinero. Una de las ancianas dijo que la han corrido en dos ocasiones cuando sólo llegaba a rezar y no a pedir.
UNIDAS POR LA ENFERMEDAD
La mayoría de las ancianas padecen de alguna enfermedad. Se han hecho compañeras y amigas. Todas cuentan su historia y conocen las de las demás como si se tratara de familiares. Algunas que pudimos conocer son las de Leopoldina Sánchez, que tiene 33 años de padecer una úlcera varicosa; Bienvenida Altamirano es la más anciana de todas y además de ser no vidente, sufre de otras enfermedades. En el caso de Celia Largaespada (48), una de las más jóvenes de las mujeres que pide limosna en la Catedral de Managua, sufre de dolores en el vientre, ella tiene que operarse, pero no ha podido porque no tiene con quien dejar a sus hijos.
“Yo padezco de epilepsia, tengo siete niños, mi esposo me abandonó y yo no puedo trabajar. Si me voy a trabajar lo hago por un mes o quince días, porque la gente me despide por los ataques que me dan”, dijo Largaespada.
Todas estas mujeres se apoyan mutuamente y reconocen que cada una tiene que lidiar con problemas diferentes. Verónica, viuda de González, por ejemplo, pide para regresar a su hogar en el barrio Fátima en Bluefields. “Está recogiendo para comer y poder irse a su tierra. Ella vino a Managua para enterrar a un hijo y no ha podido regresarse porque el viaje es muy costoso”, comentó una de las amigas de Verónica.
VIVEN SOLOS
La mayoría de los cincuenta ancianos que piden frente a Catedral viven solos o son las cabezas de familias compuestas por más de ocho personas. En un buen día ganan alrededor de cuarenta córdobas. Contradictoriamente, los días que ganan menos son los jueves y domingos cuando llega más gente.
La edad de algunos de ellos asciende hasta los 90 años. Los más jóvenes padecen de enfermedades que no les permiten trabajar y los mayores ya no tienen ni energía, ni las condiciones para buscar un empleo.
Frente al templo católico se encuentran, además de los ancianos, un grupo de niños, muchos de ellos vendiendo platanitos, papitas o dulces. Algunos de estos niños son nietos de los ancianos que estiran su mano para recibir algunas monedas y alimentar a su familia.

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