Terrorismo contra el mundo
Los enemigos de Estados Unidos no han podido ocultar su alborozo por el espantoso atentado terrorista contra la sede de la ONU en Bagdad, que mató a unas 20 personas incluyendo al jefe de la misión del organismo internacional, el brasileño Sergio Vieira de Mello.
Inclusive el secretario general de la ONU, Koffi Anan, se abstuvo de condenar a los terroristas que perpetraron el atentado del martes 19 de agosto, y más bien culpó a Estados Unidos. “La potencia ocupante es responsable de la ley, el orden y la seguridad en la región”, declaró Anan, y agregó: “esperábamos que las fuerzas de la coalición nos garantizaran las condiciones para cumplir con nuestro trabajo de reconstrucción y permitir que los iraquíes continuaran con su trabajo. Eso no ha ocurrido”.
Sin embargo, un vocero norteamericano en Bagdad, el teniente Peter Reekers, desmintió a Annan al explicar que “corresponde a la ONU garantizar su propia seguridad. Contrataron los servicios de una empresa privada que garantizaba la seguridad alrededor del complejo” (la sede de la ONU). Mientras que el portavoz de Naciones Unidas en Bagdad, Fred Eckhard, admitió que “el atentado pudo ocurrir por la escasa seguridad en el edificio, justificada por querer mantener una cierta apertura para los iraquíes que eran recibidos allí”.
Pero es inútil que Estados Unidos y la ONU se responsabilicen mutuamente por el mortal atentado del martes pasado. Los únicos culpables son los terroristas que tienen la obsesión de matar por matar, sin importarles inclusive si entre sus víctimas hay amigos o personas condescendientes con ellos. En realidad, el asesinado jefe de la representación de la ONU en Bagdad era un crítico de la guerra de Estados Unidos contra Irak y de la ocupación militar, lo que obviamente no le valió de nada cuando los terroristas lo escogieron como víctima propiciatoria para causar conmoción internacional.
Ciertamente, el monstruoso ataque de los terroristas contra la ONU demuestra que quieren impedir a toda costa la normalización de Irak y el establecimiento en ese país de un sistema de vida basado en la libertad, la democracia y la tolerancia, que es lo que están tratando de construir –exitosamente a pesar de los atentados terroristas— las fuerzas de ocupación de Estados Unidos y sus aliados. Como dijo el Wall Street Journal el miércoles pasado, “un pueblo iraquí viviendo en un país libre y pacífico es la peor pesadilla para el terrorismo global”.
Aunque los medios no informan sobre esto, hay grandes avances en la reconstrucción democrática de Irak, sin perjuicio de la oposición de muchos iraquíes a la ocupación militar extranjera, lo que no debe extrañar puesto que Saddam Hussein era apoyado por centenares de miles entre más de 24 millones de habitantes. Pero los terroristas iraquíes son pocos, y precisamente por eso es que los últimos atentados de gran magnitud, como el que sufrió la embajada de Jordania en Bagdad el 7 de agosto corriente y el de la sede de la ONU el martes de esta semana, fueron realizados por terroristas extranjeros, de Al Qaeda, que al parecer llegaron de Arabia Saudita y Siria, particularmente.
Eso es lo que explica el atentado contra la ONU y el asesinato de Vieira de Mello, y en general la táctica terrorista de no sólo asesinar a soldados norteamericanos sino de golpear a todas las fuerzas extranjeras que hay en el país, incluyendo a las que desarrollan actividades estrictamente humanitarias, como las Naciones Unidas.
Esto significa que hay una marcada tendencia de quienes se conservan leales a Saddam Hussein, pero sobre todo de los terroristas extranjeros que han llegado a Irak a “hacerse cargo de la situación”, a poner la mira sobre lo que se da en llamar “objetivos blandos”, o sea no militares.
Los terroristas no quieren ninguna salida al problema de Irak, mucho menos que se construya allí una sociedad libre, democrática y laica, lo único que quieren es la violencia absoluta. De manera que la lucha por la normalización de Irak ha sido convertida por los mismos terroristas en parte esencial de la guerra global contra el terrorismo, que como lo dijera el presidente estadounidense George Bush después del 11 de septiembre, tendrá que ser larga, difícil y muy peligrosa.

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