En letra pequeña
Fabián Medina fabian.medina@laprensa.com.ni
MORIR LEJOS
Me va a perdonar el Ejército y don Enrique Bolaños, pero... ¿qué diablos hacemos nosotros en Irak? ¿Labor humanitaria? ¡Por favor! Si nuestros soldados van a andar de Madre Teresa de Calculta, ¿por qué Irak? No hay otros países más necesitados mucho más cerca. Aquí mismo, en Nicaragua, ¿no podrían estos hombres y mujeres hacer algo por su patria, por la patria de verdad, digo? ¿Por quién habrán muerto si llegan a morir en esas tierras lejanas?
LECCIÓN Y ESCARMIENTO
Si de verdad se quiere que todo el esfuerzo que se hace para remover la corrupción sirva como escarmiento y lección, no basta con que los culpables paguen su delito, sino que resulta imperativo destinar el dinero que se recupere —si es que llega a suceder esto— a un fondo social que nos convenza que cuando alguien le roba al Estado nos roba a todos nosotros. Que se haga una escuela o un hospital y, en vez de poner en una placa el nombre del presidente o del alcalde de turno como es la costumbre, que diga que fueron construidos con el dinero que alguien le robó al Estado. Que se beque a buenos estudiantes pobres o se abastezca de medicina algún hospital... Lo que sería imperdonable es que algún centavo de esos vaya a terminar engrosando los salarios de los mismos de siempre, o alimentando algún proyecto de dudosa transparencia como ha sido la costumbre de la inversión pública.
PLAGA
Quienes vivimos en Managua, ¿estamos condenados a pagar una cuota anual de sangre y destrucción para tener un transporte colectivo? Después de tantos años ya nos hemos acomodado a quejarnos sólo cuando algún bus destripa a otro infeliz o a maldecir cuando un conductor desalmado avanza con esas moles amarillas apartando a pitazos los vehículos que encuentra a su paso. Definitivamente eso resulta muy poco. No es cierto que los buseros tengan que conducir así, tampoco lo es que sólo ellos pueden prestar ese servicio. Podemos y debemos hacer más, si no cualquier día de éstos no será el adolescente huelepega de anteayer, ni el bebé campesino de la semana pasada quien estará muerto sobre el pavimento. Puede ser usted, su hijo o un conocido, a quien le toque esta vez pagar con su sangre la irresponsabilidad de este gremio que se ha convertido en una verdadera plaga en Managua.
TRAIDORES
Hay funcionarios que sueltan cualquier barbaridad ante los micrófonos de los medios de comunicación y se quedan ahí en pose de filósofo, como si de Gandhi se tratara. Un día de éstos el director del INTA dijo que “todo aquel ciudadano nicaragüense que no consuma camote será considerado traidor a la patria”. Vaya. Este señor en dos segundos revolucionó la moral y cívica y nos convirtió en traidores a casi todos los nicas. Y aunque la frase debería competir para las más ridículas del año, reconozcámosle que tiene el derecho de filosofar como quiera, pero por favor, no le pongan un micrófono nunca más y, sobre todo, no lo inviten a hablar frente a una aula de clases.

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