La escuela debe enseñar a pensar
Hortensia Rivas Zeledón
Salvo honrosas excepciones, la escuela nicaragüense, especialmente la estatal, se ha caracterizado por no enseñar a pensar. No se hace que los alumnos analicen y reflexionen sobre los contenidos que les imparten. Por el contrario, se les hace repetir de memoria los conocimientos, conceptos y nociones hechas que les recita el maestro.
Esta situación ha empeorado considerablemente en los últimos 24 años, debido a la politización partidista de los planes y programas de estudios que hizo el régimen totalitario sandinista en los años ochenta; por el carácter eminentemente teórico de los contenidos programáticos que además se han vuelto muy superficiales; por la gran cantidad de buenos maestros que fueron echados de las aulas acusados de reaccionarios, o se fueron del país o a sus casas por los pésimos salarios o por la represión del sandinismo, y que fueron sustituidos por maestros empíricos con muy poca preparación y con escaso dominio de las materias que pretenden enseñar.
Por todo lo anterior se hace necesario establecer un sistema de educación que dé al alumno el dominio de las operaciones racionales fundamentales del pensamiento; que le desarrolle su inteligencia, su raciocinio y su juicio; que le enseñe a analizar detenidamente con profundidad y exactitud todos los aspectos y cualidades de los objetos, fenómenos, conocimientos y acontecimientos, y que aprenda a sintetizar y sistematizar todo lo aprendido.
Un sistema de educación que, además, le enseñe al alumno a conocer y examinar las cosas en sí mismas, a partir de la observación concreta de esas cosas; que le enseñe, a través de la comparación, a establecer las semejanzas y las diferencias entre unas cosas y otras, a separar lo esencial y fundamental de lo intrascendente y superficial de cada cosa, fenómeno o experiencia; y que a partir de objetos y situaciones conocidas, pueda resolver y enfrentar problemas y situaciones nuevas y desconocidas; que cultive la inteligencia, la imaginación y la memoria del niño; que le desarrolle la capacidad de elaborar sus propios juicios, conceptos y conclusiones sobre los conocimientos y problemas que le plantea el maestro en la clase, así como sobre la realidad que lo rodea.
Se necesita un sistema de educación que le enseñe al alumno a pensar en forma lógica, crítica e independiente, para que sea capaz de comprender el qué y el cómo de las cosas, fenómenos, conceptos y conocimientos, y descubrir las relaciones de causa y efecto que hay en todo cuanto existe; una educación moderna y dinámica, acorde con las exigencias del tercer milenio; una educación, como decía hace cuatro siglos el padre de la pedagogía, el checo Juan Amos Comenio (1592-1670), “que no enseñe nada que sea completamente escolar sino lo que sea útil y tenga valor para la vida”; pero que a la vez inculque valores éticos y forme hábitos de trabajo, para que realmente forme a un ciudadano, a una persona, es decir, a alguien que sea capaz, creativo, hábil, crítico, independiente, laborioso, con iniciativa, honesto, responsable, que esté preparado y dispuesto a enfrentar con éxito los retos de un mundo cada vez más cambiante y complejo, en una época en que los avances tecnológicos suceden con una velocidad vertiginosa.
La autora es maestra de educación.

|