Universo de la música
Alejandro Serrano Caldera
La asistencia que colmó el Teatro Nacional Rubén Darío en la reciente Gala por Radio Güegüense, demuestra hasta qué punto el mensaje de la música, y sobre todo de la música clásica y la música de autores nicaragüenses, ha penetrado el alma de nuestro pueblo.
La Güegüense es, por definición, la emisora de la música y la música es por naturaleza el arte por excelencia. El mundo de los sonidos es quizás, antes que las formas, los colores, los seres y las palabras, la primera expresión de la creación, que rompe el imponente silencio de la nada.
Siempre me han parecido las primeras notas de la Novena Sinfonía de Beethoven el sonido eterno del universo todavía increado, la música infinita anterior a la creación del mundo. Gotas transparentes y arbitrarias que caen sobre la oscuridad impenetrable de la noche originaria, hasta disiparla y hasta iluminarla.
Es el paso del caos al cosmos en el que Beethoven organiza al mundo a través de su universo musical. Poco a poco los sonidos dispersos, previos y espontáneos van organizándose y organizando la brillante síntesis de los primeros acordes.
Luego sucede a la convulsiva brillantez de la organización de la obra, y, me atrevería a decir, del mundo, una melodía dulcemente bella pero no melancólica, pues la melancolía es un rumor de alas del pasado, ave ingrávida que se posa sobre las columnas rotas de un antiguo templo, y en la Novena Sinfonía todos los templos están intactos y todos los tiempos están presentes.
El último movimiento es la fuerza total y la belleza absoluta. Cima de la música y del arte en la que se reúnen los versos de Schiller de la Oda de la Alegría. Así mientras Schiller invita a la búsqueda de Dios, Beethoven lo encuentra en el universo radiante de los coros en el último movimiento. Es el arte absoluto que encierra el destello cegador del rayo. Muy lejos ya aquellas primeras notas que han quedado prendidas como puntos luminosos en el cielo del mundo.
La música es el sonido del mundo transformado por la sensibilidad del ser humano. Es la perfección sobre humana de Mozart, la maravilla del barroco de Corelli, Monteverdi, Scarlatti, la inspiración de Vivaldi, la ternura del Adagio de Albinone, la cumbre inalcanzable de Bach, la fuerza de los coros de Verdi, la pasión de Beethoven, el drama de Schubert, ya en la cúspide del romanticismo...
Schopenhauer en su obra El mundo como voluntad y como representación, en el capítulo Metafísica de la música, sostiene que la música es un arte independiente, el más potente de todas las artes, capaz de alcanzar su objetivo por sus propios recursos; la forma pura, sin sustancia, un mundo sólo de espíritus sin materia. Piensa que a diferencia de las otras artes, no es una manifestación de las ideas o grados de objetivación del querer, sino la expresión directa de la voluntad por sí misma.
Nietzsche en El origen de la tragedia la vio en el principio de la vida y en la comunión del hombre con la naturaleza en el mundo presocrático, en la fiesta dionisíaca, aunque luego le negara tal carácter en su obra Humano, demasiado Humano, al expresar que no es más que una ilusión la idea de que ella (la música) provenga del ser íntimo y hable directamente a él.
Como quiera que sea, como todo arte, es una forma de expresar la vida, la naturaleza, el drama y la pasión, recreando la realidad, pues el arte no es sólo reflejo de ella, como tampoco mera evasión hacia mundos ficticios; es siempre distinto a la realidad pero sin dejar de ser ella misma; es la realidad que se trasciende desde la subjetividad del creador; es una forma de amar y comprender la vida.
Por eso la música multiplica, no tanto la naturaleza y la realidad, pues no es un mero reproductor de ella, sino las formas y posibilidades de esa realidad que deviene dúctil, moldeable y multiforme en el alma y en el corazón de quien la crea y de quien la escucha.
En nuestro medio luchar por la supervivencia de Radio Güegüense, significa luchar por la música, por la posibilidad de que todos podamos acceder a ese universo deslumbrante de la música clásica en el que se renueva y enriquece el espíritu y la sensibilidad.
El autor es filósofo y escritor.

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