Reportaje especial
Policías: ¿Protectores o abusadores?
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El regazo de su madre es el único lugar que ha encontrado Zuleidy para refugiarse, luego de sufrir tres violaciones por parte de dos agentes policiales de Rivas. (LA PRENSA/C. CORTEZ)
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Luis Alemán luisaleman@laprensa.com.ni.
A sus quince años, Zuleidy difícilmente volverá a ser la misma. De aquella jovencita alegre, conversadora, dinámica y muy simpática, no queda mucho. Desde el pasado 10 de mayo, cuando fue atacada sexualmente por dos policías bajo la complicidad de una amiga muy cercana, ya no ríe como antes, no sale a la calle, siente que la persiguen y hasta ha perdido la fe en que sus violadores paguen por el daño causado.
Esta joven, además, no sólo tuvo que sufrir la violación sexual de parte de dos compañeros de clases, ambos miembros de la Policía Nacional, sino también soportó un verdadero calvario en su búsqueda de justicia para quienes, bajo el engaño y la coacción, terminaron con su alegría y sus esperanzas de vivir.
Fue necesaria una fuerte presión por más de 20 días, a través de los medios de comunicación, el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) y hasta la misma Fiscal Adjunta, doctora María Lourdes Bolaños, para que la Fiscal Auxiliar de Rivas, Sania Aguirre, resolviera acusar a los agentes Tyron Esmir Martínez Cantillano y Carlos Alfredo Herrera Toruño.
“Mi hija fue violada por los policías y también por la Fiscalía al impedirle el acceso a la justicia”, comentó la madre de la adolescente violada.
EL PASEO
Zuleidy estudiaba el cuarto año de secundaria en los cursos sabatinos que se imparten en el Colegio San Martín de Rivas, durante toda la semana se había preparado para un examen que tendría ese sábado, pero la historia de esta joven ya estaba escrita.
La primera hora de clases fue suspendida, así que su compañera de clases identificada como Julia Junieth, la invita a dar un paseo. “Vamos a dar una vuelta, al fin y al cabo no hay clase”, le habría dicho.
Muy pronto, dos personas más se sumaron a la propuesta de paseo. Se trataba del novio de Junieth y otro amigo más, ambos policías asignados, uno en la delegación de Tola, y el otro en Rivas.
Los tres convencieron a Zuleidy para que los acompañara a las playas de San Jorge. “No te preocupés, vamos a regresar pronto”, le dijo Junieth a su amiga, quien la pensó dos veces, al fin no estaba acostumbrada a salir más allá de lo que sus padres le autorizaban.
Entre la curiosidad y el miedo, Zuleidy accedió y pronto se encaminaron rumbo a San Jorge. En el camino, los varones compraron supuestamente gaseosas, las que metieron dentro del bolso de Zuleidy.
Ya en San Jorge caminaron varios kilómetros sobre la costa hasta llegar a una vivienda propiedad de María Cristina Obando, una antigua afanadora de la delegación policial de Rivas.
LA PRIMERA VIOLACIÓN
En el lugar, Junieth y los dos policías presionan a la adolescente a que tome varios tragos de ron. “Las mujeres de verdad toman guaro”, gritó en tono molesto Junieth, la supuesta amiga, a la par que extendía su mano con el trago de licor.
Tanto fue la presión que la adolescente aceptó el primer trago, pero luego llegó el segundo, luego otro y después otro, hasta que la muchacha manifestó los primeros síntomas de embriaguez.
Tras los tragos llegó la invitación a bañarse: “Para que se te baje un poco el guaro”, le dijo Junieth, quien logró desvestir a la joven y meterla en bloomer al agua.
Después del chapuzón, Zuleidy pidió a su amiga la acompañara al baño porque necesitaba orinar, pero ésta no la acompañó, sino que lo hizo Tyron, quien aprovechó para violar por primera vez a la adolescente.
Aún bajo los efectos del licor y aturdida por lo que había ocurrido, la joven cubrió su cuerpo con una toalla y buscó refugio en un cuarto donde lloró incesantemente hasta que llegó Herrera Toruño.
Zuleidy creyó encontrar ayuda en aquel hombre mayor que ella, sin embargo, fue todo lo contrario. Herrera Toruño ofreció más licor y tras el engaño, le aseguró que un nuevo trago le quitaría los problemas que tenía.
Minutos después llegó Tyron y sin decir una sola palabra nuevamente intentó abusarla y al encontrar resistencia, entre los dos rasgaron las ropas de la adolescente y uno a uno procedieron a violarla. Tanta fue la resistencia que opuso y la violencia usada por los dos policías para poseerla sexualmente, que provocaron que la adolescente perdiera el conocimiento.
“Me quitaron el pantalón, rasgaron mi bloomer y arrancaron mi brasier, luego uno a uno me violaron”, narró la adolescente días después en su declaración ante las autoridades policiales.
CONFIRMAN VIOLACIÓN
Julia Junieth quien había presenciado la violación, ayudó a los dos policías a vestir a la joven, a quien sacaron arrastrándola hasta abordar un taxi en el que la trasladan al hospital de Rivas, donde la dejan en Sala de Emergencia.
Tras una rápida valoración, los médicos descubren que se trataba de una violación por lo que, una hora después, Zuleidy fue examinada por un médico forense, quien confirmó la violación.
“Me violaron, ellos me violaron”, repetía la joven mientras era atendida por los médicos en Sala de Emergencia del hospital.
La valoración del forense determinó la existencia de abundante espermatozoide y lesiones en los genitales, compatible con violación.
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