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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 16 DE AGOSTO DE 2003
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Hombre y caballo, tinta, 13 cm x 9 cm, 1986. Fabio Herrera.

 

Fernando Contreras*

A eso del mediodía se descubre la ausencia del prisionero. El mejor de los soldados es enviado en su búsqueda. Hacia la noche, el fugitivo es alcanzado por el mejor de los soldados. El soldado ha corrido en cuatro horas lo que el fugitivo ha caminado en ocho. El soldado colapsa a los pies del fugitivo quien, después de observarlo largo rato, se percata de que su perseguidor ha estado a punto de sufrir un ataque al corazón, por lo que decide asistirlo: le da masaje al pecho, le da respiración artificial, le ayuda a volver en él. Lo carga hasta la cabaña que lo esperaba en el bosque, como a tantos fugitivos. Cuida de él. Lo alimenta. Le ayuda a recuperarse, proceso durante el cual, se conocen conversan hasta volverse confidentes.

Una mañana, el fugitivo despierta con las manos atadas a la espalda. Se incorpora hasta donde puede, y mira al soldado a la cara. Este se ha ataviado con su uniforme y lo apunta con su arma.

Habla el fugitivo: ¡Usted es un traidor!

Habla el soldado: Yo en ningún momento dejé de ser su enemigo. Nunca dejé de seguirlo, así fuera con la mirada. Nunca me separé de usted, así estuviera inconsciente. Nunca dejé de interrogarlo, así fuera para conversar. Y ahora que tengo la oportunidad de capturarlo, no dejo de hacerlo.

Usted en cambio, sí es un traidor: No me dejó morir en el camino. No aprovechó mi flaqueza para huir. No protegió el camino de los prófugos. No guardó el secreto de la cabaña en el bosque, ni protegerá los nombres de los suyos cuando lo torturen para que los diga.

Habla el fugitivo: Yo nada le debía, y le hice un bien.

Habla el soldado: Yo le debía un mal, y le cumplí.

Habla el fugitivo: En eso se equivoca, usted sin saberlo, me ha hecho un bien; me ha enseñado qué esperar de un enemigo, y la indignación me ha fortalecido: ahora no sucumbiré a la tortura.

Habla el soldado: Usted sin saberlo, me ha hecho un mal. Sus cuidos me han reblandecido. Siempre me dolerá haberlo entregado.

*Costa Rica, 1963. Narrador y ensayista. En narrativa publicó Única mirando al mar (novela, 1993), Los Peor (novela, 1995, Premio Nacional Aquileo J. Echeverría), Urbanoscopio (cuento, 1997), El tibio recinto de la oscuridad (novela, 2000, Premio Nacional Aquileo J. Echeverría). Además, artículos, ensayos, epigramas, epitafios, esquelas, etc.  
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