VIERNES 8 DE AGOSTO DEL 2003 / EDICION No. 23174 / ACTUALIZADA 03:30 am





EL HUMOR DE




¡Hasta la vista baby!

Foto  

 

Arquímedes González
arquimedes.gonzalez@laprensa.com.ni

He tomado la difícil decisión de terminar con esta columna. Así es la vida. Todo se acaba, por la vía natural o violenta, y he preferido la segunda. Sé que gozaba de mucha energía y versatilidad pero ha llegado el momento de enfrentar la situación: con tantas cosas, ya se me ha convertido en un obstáculo y ustedes se merecen mejores cosas.

Para muchos de los que me escribieron con violencia y desesperación, esta noticia será por fin lo que tanto exigieron. Ellos decían que no era serio, que siempre andaba volando alto o gentilmente blasfemaban y recordaban a mi madre varias veces. La mayoría de las mejores cartas que recuerdo, fueron de mujeres. Tal vez ellas sí entendían más de estas cosas. No sé. Pero lo que más me preocupaba era que todos querían certezas y yo nada más tengo preguntas y burlas. En eso he decepcionado a todo el mundo. Yo no sé si Saddam ahora usa barba y bigote o burka para que no lo reconozcan. Tampoco sé si algún día reducirán los precios a los perros calientes que venden en los cines.

Ya desde hace dos semanas que no salía la columna que tuvo una vida de un poco más de un año todos los viernes. Estaba agonizando. Sin decirle a nadie, con alevosía y ventaja, le había cruzado un arpón en medio del corazón y aún así se negaba a morir. Pero hoy ya la veo dando los últimos respiros entrecortados y la mirada triste. Pobre de ella. Tanto la quise y tanto me quiso que se me encharcan los ojos de verla así todavía queriendo vivir.

Había pensado tantas cosas qué decirles para despedirme, pero ahora no me sale nada. Les dejo un adiós sincero y la eterna sonrisa para que enfrenten la vida. Porque sí, es bella, no la desperdiciemos. No la dejemos pasar tan rápido ni tan lento.

Como último deseo me pidió que fuéramos al cine. ¡Le gusta tanto ir y compartir conmigo el perro caliente y el refresco! Así que nos fuimos. Ella con su arpón en el corazón y yo ayudándola porque a veces se atascaba en las puertas. Y decidimos ver a Arnold porque ya habíamos visto las dos primeras partes. Gozamos como si fuera la primera vez. Cuando salimos, la invité a unas cervezas pero se le salía por el orificio en el pecho y me estremeció su bondad y mi egoísmo, así que regresamos y la recosté.

Hablamos toda la noche. Ella ya convencida que moriría y yo, que nunca más la volvería a ver. Que tendría que aprender a olvidar el haberla conocido.

Ahora solamente resta darle un beso, tomarle la mano, llorar y decirle sí, de verdad que la quise mucho, pero ya no más. No me dan las fuerzas para mantenerla con vida y si alguien me acusa de asesinato, lo aceptaré a como se reconoce un error. Sí, yo la maté.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Daniela Luján no quiere ser una niña

Festival de marimba

Ballet Folclórico Nicaragüense festeja a Managua

¡Hasta la vista baby!

Noche vegetariana

Omar Sharif arrestado por golpear a policía

López y Spears en la pantalla chica

Gala de voces femeninas

Música y sabor pinolero en los departamentos

Encuentro de jóvenes cristianos