DOMINGO 3 DE AGOSTO DEL 2003 / EDICION No. 23169 / ACTUALIZADA 1:00 am





EL HUMOR DE




Clemente: muerto pero no olvidado

Eric Green*

A Roberto Clemente, el puertorriqueño que fue también el primer latinoamericano en entrar en el Salón de la Fama de las grandes ligas del béisbol, se le recuerda por su personalidad estelar tanto dentro como fuera del parque de pelota.

Aunque murió hace 31 años, Clemente sigue siendo una inspiración para los fanáticos del deporte, de cualquier edad. Varias escuelas y parques llevan su nombre, y fue el segundo pelotero en aparecer en un sello de correos de Estados Unidos.

Paradójicamente, la extraordinaria dedicación de Clemente a ayudar a otros fue la que lo condujo a la muerte. El legendario jardinero derecho de los Piratas de Pittsburgh murió a los 32 años, el 31 de diciembre de 1972, víspera de año nuevo, al caer el avión en el que llevaba suministros de socorro a las víctimas de un devastador terremoto en Nicaragua. Pero su caridad para con los demás sigue viviendo, como lo significó una ceremonia llevada a cabo el 23 de julio en la Casa Blanca, en la que Clemente fue uno de once norteamericanos de las artes, el deporte, la política, las ciencias y los negocios que recibieron la Medalla Presidencial de la Libertad, la más alta condecoración civil que otorga Estados Unidos.

Este honor se les reserva a las personas que el Presidente considera que han hecho contribuciones especialmente meritorias a los intereses nacionales de Estados Unidos, la paz mundial, la cultura u otras actividades significativas públicas o privadas.

En la ceremonia en la Casa Blanca dijo el presidente Bush que Clemente habría cumplido 69 años el mes próximo.

“Millones de norteamericanos recuerdan haber oído la noticia de que Roberto Clemente había muerto en una misión para ayudar al pueblo de Nicaragua luego de un terremoto”, agregó Bush. “Su nombre completo era Roberto Clemente Walker, y en una era de Willie Mays y Mickey Mantle y Hank Aaron, se clasifica como uno de los grandes. Era un joven con un bate rápido, un brazo certero y un corazón bondadoso”.

Añadió el Presidente: “El verdadero valor de este hombre, visto desde la perspectiva de cómo vivió su vida y cómo la perdió, no puede medirse en dinero. Y en todos estos años que vinieron después, su familia puede saber que Norteamérica reverencia el recuerdo de Roberto Clemente”.

Un biógrafo de Clemente dijo de él una vez que “era un hombre que pudo haber vivido una vida de lujos, lejos de los problemas sociales y la pobreza que encaró cuando era un niño, pero él no era así. Dio su vida tratando de ayudar a otra gente necesitada”.

Su hijo, Roberto Clemente Jr., dijo en una entrevista que: “Sé que papá nos mira desde arriba y se siente muy orgulloso de lo que su legado ha hecho por nuestra cultura hispánica”.

Clemente Jr. ahora comentarista radial para la cadena de noticias deportivas ESPN y antes locutor en español de los juegos de los Yankees de Nueva York, dijo que “nuestros niños aprenden acerca de mi papá en la escuela y en los libros de historia, y tienen a alguien en quien inspirarse”.

De su padre dijo que “este muchachito de Carolina, Puerto Rico, creció hasta llegar a ser un pelotero, pero no sólo eso, creció más allá del deporte del béisbol. Se convirtió en héroe, y 31 años después de su muerte recibe todavía aplausos por haber sido el hombre que fue. El béisbol es en realidad secundario en el legado que dejó como ser humano”.

Clemente murió como vivió, como competidor ferviente, conocido por su generosidad excepcional y su buen corazón. Las Grandes Ligas del béisbol entregan anualmente el Premio Roberto Clemente a un jugador que combina una capacidad deportiva sobresaliente con su labor en el servicio a la comunidad. Cerca del estadio de Pittsburgh donde ahora juegan los Piratas, se levanta una estatua de Clemente.

El propio Clemente dijo una vez que “siempre que uno tiene una oportunidad de mejorar las cosas, y no lo hace, está malgastando el tiempo que tiene en esta tierra”.

Cada víspera de año nuevo sus admiradores todavía ponen flores en la playa situada a un kilómetro del sitio donde se estrelló el avión de Clemente, frente a las costas de Puerto Rico. En la época en que ocurrió el accidente, Clemente buscaba un terreno para establecer una “Ciudad Deportiva” en beneficio de los niños menos privilegiados de su ciudad natal de Carolina. Hoy, la Ciudad Deportiva, establecida por Roberto Clemente Jr., es un centro floreciente de deportes y recreación en Puerto Rico.

El joven Clemente calificó el complejo deportivo de legado de su padre, que hace realidad el sueño que acarició el jugador toda su vida de darles algo a los niños pobres de su Puerto Rico natal.

Además, en Pittsburgh, la fundación sin fines de lucro Roberto Clemente, también establecida por su hijo en 1993, persigue mejorar las vidas de los jóvenes de la zona céntrica de la ciudad. La fundación ofrece programas recreativos e incentivos educacionales, mientras les enseña a los jóvenes la importancia del servicio comunitario.

El ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, dijo que Clemente “jugaba béisbol con una pasión que sólo estaba a la par del servicio comunitario que llevó a cabo por su amado Puerto Rico”. Señaló Giuliani que “los hechos y actos (de Clemente) como hombre humanitario y como pelotero han inspirado a generaciones de norteamericanos.

Clemente jugó con los Piratas de Pittsburgh durante toda su carrera en las grandes ligas, de 1955 a 1972. Fue cuatro veces campeón de bateo de la Liga Nacional, el jugador Más Valioso de la misma liga en 1966, ganó 12 veces el Guante de Oro por su eficiencia en el campo, y fue el jugador Más Valioso en la Serie Mundial de 1971, cuando los Piratas derrotaron a los Orioles de Baltimore. Clemente fue el undécimo jugador en alcanzar los 3,000 hits durante su carrera en las Grandes Ligas. En 1973 se le eligió al Salón de la Fama, y el período de espera normal de cinco años que debe pasar cualquier aspirante a ese honor, le fue dispensado en atención a su muerte prematura.

Tal vez fue un escolar el que mejor resumió la vida de Clemente, cuando escribió: “Admiro a Roberto Clemente porque murió tratando de hacer el bien. Al contrario de algunos atletas que usan su dinero para comprar cosas malas, Clemente pereció en un accidente aéreo tratando de llevar suministros a las víctimas de un terremoto en Nicaragua. Yo puedo tratar de ser como Clemente trabajando tan empeñosamente en lo que hago como lo hizo él, y siendo tan bondadoso y solícito como él lo era”.

* El autor es escritor del Washington File
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