A dos años de su misteriosa partida
A mi adorada esposa: Mercedes Osorno de Calero
Oscar Calero Navarro
Existe el temor y el miedo... pero el más triste de todos los miedos, es el miedo de mirar nuestra propia alma, porque tal vez hay heridas que aún sangran.
Moría la tarde triste, cuando tu vida moría también, porque el destino cruel, fatal e implacable así lo quiso.
Nada en el mundo podía detener esa marcha, luché con todas las fuerzas de mi corazón para detener ese viaje, luché como un león herido tratando de rescatar tu vida y tratando de rescatar la mía, porque sabía que al irte también se iba mi vida, pero todo fue en vano ya que el despiadado e injusto destino había puesto su sello fatal.
Una triste sombra quedó de mi existencia, la cual ha sido tan trágica y tan cruel que la sola rememoración pone en mi alma un gran soplo de horror.
En la zona de abandono que me encuentro, todas las cosas parecieran extrañas y hostiles, el horror del presente aterra, no sé qué será de mi vida, qué ocultos designios misteriosos me tiene preparado Dios.
Presiento la culminación de mi vida muy pronto, quizás se encuentren nuevamente nuestras almas en un lugar de la infinita naturaleza, ya que somos y provenimos de ella, nos encontraremos quizás en medio de una bella aurora, que nace en las flores del campo, en el aire, a la orilla de algún hermoso lago o en la neblina de un hermoso y misterioso valle, entonces nuestras almas nuevamente se unirán para toda la eternidad sin que nada ni nadie pueda separarlas jamás.

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