“Dios trató conmigo para cambiar mi vida”
Emiliano Chamorro emiliano.chamorro@laprensa.com.ni
Ver su rostro es impactante y lo primero que uno se pregunta al verlo es: ¿Qué le pasó a este hombre? Y después de saberlo surge otra pregunta: ¿Cómo este hombre puede estar vivo después de tan terrible tragedia?
Luis Alfonso Abelar, de 31 años y de origen salvadoreño sostiene: “Dios tuvo que mostrarme esta cruda experiencia para enseñarme su amor y reconocerlo como único salvador del mundo”.
El 29 de marzo del 2000, a las siete se la noche, Abelar conducía un trailer con 35 toneladas de material de construcción cuando se le fueron los frenos en una pendiente. Lo que más temía en ese momento era arrasar un caserío con aquella pesada mole de hierro y provocar muertes.
Esa noche los minutos para Abelar estaban contados, y se aferraba más a la vida cuando el pesado vehículo aumentaba la velocidad por la pendiente. De pronto el camión impactó con la parte esquinera de una casa para luego estrellarse contra un paredón.
El impacto fue tan fuerte que Abelar salió catapultado por el parabrisas, cayendo a varios metros del automotor. “Inmediatamente sentí que la rastra cayó encima de mi cabeza... dio una vuelta”, recuerda.
Aquello era siniestro, la parte derecha del rostro de este hombre estaba totalmente desfigurada. De su cuerpo emanaba abundante sangre producto de las múltiples heridas, pero mientras estaba inerte escuchaba voces que decían: “Este hombre está muerto”.
UN MILAGRO DE DIOS
No era para menos pensar así, pues la masa encefálica de Abelar estaba fuera de su lugar y la sangre no cesaba. Su ojo derecho estaba extirpado, pero lo más impresionante era ver que este hombre que tenía su cara desfigurada y la masa encefálica fuera de su lugar aún estaba con vida.
Abelar quien antes del accidente llevaba un vida desordenada, inmerso en las drogas, las discotecas y cambiando mujeres cada día, tiene una respuesta a la tragedia de esa fatídica noche. “Dios me resucitó de los muertos para que diera testimonio de su poder al mundo de que sin Él no somos nada”, asegura.
Los médicos no le daban oportunidad de vida, asegura que cuando ingresó al hospital el médico que lo atendió dijo: “Este hombre no vivirá hagamos lo que hagamos por salvarle la vida”.
Según Abelar, después de la tragedia aprendió que Dios es capaz de hacer lo que la ciencia médica no podrá nunca. “Dios me resucitó y eso no lo comprenderá nunca la ciencia médica”, asegura.
Este hombre, quien desde la edad de 13 años aprendió a conducir vehículos pesados, hoy en día ya no maneja trailers, sino que se dedica a predicar la palabra de Dios.
En medio de aquella tragedia Luis Alfonso Abelar asegura que vivió algo que considera “lindo”, una voz del cielo le habló: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, el que es, el que era, y el que ha de venir. ¡Tú nunca quisiste entender que hay un Dios Supremo, que siempre quise ayudarte, pero nunca quisiste abrir tu corazón. Hijo mío vengo a tu encuentro, vengo a darte otra oportunidad que vivas de nuevo”, le dijo la voz.
SALIENDO DE CAMINOS TORCIDOS
La tragedia transformó la vida desordenada de Luis Alfonso Abelar, quien asegura que ahora su vida es de Cristo. “Nuestras vidas son de Cristo. Entendamos esto. Si andamos en caminos torcidos nos espera desgracia y muerte. Cristo quiere que seamos obedientes porque Él nos ha mostrado su amor al entregar a su único hijo que fue crucificado para que tuviéramos vida”, reconoció
Asegura que su experiencia es un mensaje de Dios para aquéllos que son “arrogantes y que aún, a como me pasó a mí no han querido aceptar y comprender lo que Dios quiere darnos. Él quiere bendecirnos, abrámosle el corazón para que Él entre a nuestras vidas y haga cosas maravillosas. Desechemos el pecado porque es sinónimo de muerte”, aseguró.
Sostiene que las marcas en su rostro dejadas por el accidente no lo acomplejan y por el contrario aprendió que Dios lo trató de esa forma para que se alejara de una vez por todas de la “vida desordenada que llevaba”, reconoce.
Al salvadoreño le han practicado dos cirugías y para poderle ajustar parte de la piel que perdió de su rostro tuvieron que extraerle carne de su pierna derecha.
“Es increíble todas las cosas que me han pasado en mi cuerpo. Pero mi fe está a la altura y estoy seguro que permaneceré en la verdad... y esa verdad es mi entrega total a Jesucristo”, afirma apretando las palmas de sus manos.
Luis Alfonso Abelar estuvo en Nicaragua realizando una campaña de evangelización, donde además contó su testimonio. En el país permaneció hasta el 28 de julio. Dentro de su agenda de actividades visitó iglesias y mercados.

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