María Dolores Alemán: “La muerte no es un castigo”
Eduardo Marenco Tercero eduardo.marenco@laprensa.com.ni
En los últimos nueve meses, a la familia Alemán le ha tocado vivir tragedias sucesivas: las muertes de Arnoldo José Alemán Cardenal y de sus tíos Amelia Alemán Lacayo y Agustín Alemán Lacayo. En el ínterin, Arnoldo Alemán perdió la presidencia del Poder Legislativo, su inmunidad, fue enjuiciado y en una sentencia interlocutoria se le dictó un auto de segura y formal prisión por varios cargos de corrupción pública. Su hija, María Dolores Alemán Cardenal, cuenta cómo ha vivido su familia estos episodios
María Dolores Alemán Cardenal defiende a su padre a “capa y espada”. Pero más allá del serio enjuiciamiento a Arnoldo Alemán, María Dolores cuenta a los lectores de LA PRENSA cómo han sobrellevado ella y su familia las sucesivas tragedias que han vivido en los últimos nueve meses, fortaleciendo la unidad y solidaridad familiar.
Sincera al narrar su dolor, también fue altanera a la hora de defender la administración de su padre. En cierto momento se mostró apesarada por los altos niveles de miseria del país, pero se le recordó que es la consecuencia del saqueo al erario que ocurrió durante la gestión de Arnoldo Alemán.
En la entrevista mostró su resentimiento hacia José Rizo Castellón, Vicepresidente de la República, quien días antes que muriera su hermano Arnoldo José, había denunciado que éste lo había amenazado. También se mostró insatisfecha con la militancia partidaria de Eduardo Montealegre, de quien dijo no ha sido “disciplinado”.
Ligeramente bronceada y con libras de menos, durante la entrevista tuvo un estado de ánimo voluble: serena en ocasiones, enérgica en otras y conmovida al recordar las tragedias en su familia.
Los últimos meses han sido intensos. Su esposo, Jerónimo Gadea, estuvo enjuiciado en cierto momento lo que la obligó a refugiarse en República Dominicana, pero se le han levantado los cargos, pasó a ser testigo y ahora ella pasa la mayor parte del tiempo en la Secretaría de la Mujer del PLC, donde tiene una oficina tapizada con madera de lujo.
¿Dónde te encontrabas y cómo recibiste la noticia de la muerte de tu hermano?
Yo estaba en Dominicana, un país lindo, cariñoso, que me abrió las puertas en momentos duros y difíciles, no sólo por la situación que mi familia estaba viviendo, también mi tía estaba grave. Mi hermana me llamó para decirme que había habido un accidente, que mi hermano había fallecido y que hiciera lo posible por regresar.
¿Qué sentiste cuando te dieron semejante noticia?
Tristeza... impotencia...
Fue totalmente inesperado, absurdo. ¿No?
Cuando estás lejos de tu patria cualquier noticia es dura y mucho más de la familia. Días antes de su muerte José Rizo había denunciado que mi hermano lo había amenazado, pero mi hermano murió después salvándole la vida a otro ser humano. Eso sólo te demuestra el amor que hay en nuestra familia. En mi casa, gracias a Dios nunca ha habido odio, nos criaron con mucho amor.
Mi hermano tampoco era un santo, pero demostró que dio su vida por otro ser humano sin importarle su propia vida. Fue un golpe durísimo, que es la fecha y todavía nos duele.
¿Qué es lo que más extrañás de tu hermano?
Todos sus sueños, todos sus sueños.
Luego vino el golpe de la muerte de tu tía Amelia. ¿Qué significaba ella para vos? Entiendo que era como la matrona de la familia.
Cuando a mi padre lo echaron preso nosotros nos fuimos a vivir con ella, siempre tuvo una excelente relación con mi madre, sus hijas crecieron con nosotros, y mis dos primas son como mis hermanas, fuimos una familia grande. Cuando mi madre murió, ella se convirtió en nuestra segunda madre, ella crió a Carlos Miguel, estuvo con nosotros en los momentos duros y difíciles.
Mucha gente te dice: ¿Cómo hacen ustedes para aguantar tanto? Pues sí, es verdad, pero tenemos el amor de Dios y creo que eso te ayuda a que tu carga sea menos pesada y a saber que todo pasará.
¿Ustedes estaban preparados ya para la muerte de doña Amelia?
Fijate que sí, duele igual que no estuvieras preparado, mucha gente creía que la protegíamos para que no estuviera presa y nunca nos creyeron que ella verdaderamente estaba enferma. A ella le habían quitado la visa (de Estados Unidos) y cuando muere se dieron cuenta que estábamos diciendo la verdad. Ya al final ella no tenía vida, prolongarle una agonía no era lo que nosotros deseábamos para ella. Nos ha hecho una falta horrible, porque ella era la conciencia, la otra voz de mi papá, su ángel de la guarda como le decía.
Ahora ocurre la lamentable muerte de don Agustín Alemán. ¿Fue igual de sorpresivo?
Mi tío estaba enfermo pero nunca esperábamos que fuera de muerte la enfermedad que tenía, él se fue sano (a Estados Unidos); el lunes antepasado estuvimos platicando todavía en una reunión del PLC, fue una de las reuniones más largas que hemos tenido, y por la noche él tuvo otra reunión, se sintió mal, pero (la dolencia) no era de muerte. La verdad que fue el designio del Señor y fue duro porque, como dijo mi padre, no sólo era su hermano, era su amigo, su asesor. Y esto lo ha golpeado a mi padre, ha sido golpe tras golpe, que si no tuviéramos la fe en Dios y la unidad de la familia sería más difícil de llevar y levantarse.
¿Cómo han interpretado ustedes estas tragedias tan dolorosas y consecutivas?
Simplemente son los designios de Dios. Nacemos para morir.
Los peores adversarios políticos de Arnoldo Alemán terminan por reconocer. ¡Qué aguante!
Eso te demuestra que es un líder y no un caudillo, el líder aguanta porque siente el amor del pueblo, el caudillo es aquél que pone la bota y aplasta y tiene liderazgo autoritario. Mi padre no. Mi padre discute y encuentra soluciones, todos nosotros tenemos personalidad distinta aún en el partido, sin embargo, es el único que puede lograr (dentro del PLC) que los distintos puntos de vista logren un camino.
Pero por ejemplo, a su padre se le señala de cortar las aspiraciones a José Antonio Alvarado y Eduardo Montealegre.
Si sos miembro de un partido, tenés que ser disciplinado. Eduardo Montealegre, es mi amigo y es el candidato que apoyaba para la elección y no a Enrique Bolaños, aunque públicamente yo fui quien llevó a Enrique Bolaños a la base del partido. (Pero) Eduardo Montealegre no ha sido disciplinado con el partido, y vos no podés esperar que en un partido alguien sea más que alguien, porque cada voto vale lo mismo.
Fueron las bases del partido liberal (las que pidieron su suspensión) y Eduardo está defendiendo medidas económicas del Gobierno que afectan los intereses del partido y del pueblo, simplemente se le dijo: “Cuando ya no estés apoyando el Gobierno, aquí está el partido liberal y te abre las puertas”.
Pero, ¿habrá celo de liderazgo de parte de su padre hacia Eduardo Montealegre?
No, fijate que no, el liderazgo no se impone, se gana, porque él va a la comunidad, que es algo que admiro de mi padre, él llega a Yalagüina o a El Tortuguero, y él sabe el nombre del líder, de la esposa, de la suegra, del tío, del vecino. Y a la gente le gusta en un partido político que sepás cómo te llamás, quién sos, porque le das importancia.
Hay quienes se preguntan: ¿La tragedia que vive la familia Alemán es un “castigo divino”?
No considero que la muerte sea un castigo. Aquéllos que creen que la muerte es un castigo son personas que no tienen fe, que no tienen ninguna enseñanza moral y religiosa. La religión católica nos ha enseñado que morir es comenzar a nacer. Y estoy segura que tanto mi hermano como mis tíos ya están gozando de la vida eterna y están en mejores situaciones que nosotros. Cuando nacemos sabemos que vamos a morir.
Además: Alemán volverá

|