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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 2 DE AGOSTO DE 2003
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“Once minutos” (Fragmento)

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Paulo Coelho

—¿Esa historia es cierta?

—Según Platón, el filósofo griego.

María lo miraba fascinada, y la experiencia de la noche anterior había desaparecido por completo. Ella veía a aquel hombre lleno de la misma “luz” que él había visto en ella, al contar aquella extraña historia con entusiasmo, con los ojos brillándole, ya no de deseo, sino de alegría.

—¿Puedo pedirte un favor?

Ralf respondió que podía pedirle cualquier cosa.

—¿Puedes enterarte de por qué, después de que los dioses dividiesen a la criatura de cuatro piernas, algunas de ellas decidieron que ese abrazo podía ser simplemente una cosa, un negocio como otro cualquiera, que en vez de enriquecer, absorbe toda la energía de la gente?

—¿Te refieres a la prostitución?

—Eso. ¿Puedes enterarte de cuándo el sexo dejó de ser sagrado?

—Lo haré si quieres, respondió Ralf. Pero nunca he pensado en ello, y no creo que nadie más lo haya hecho.

María no aguantó la presión:

—¿Y se te ha ocurrido pensar que las mujeres, principalmente las prostitutas, son capaces de amar?

—Sí, se me ha ocurrido. Se me ocurrió el primer día, cuando estábamos en la mesa del café, cuando vi tu luz, entonces, cuando pensé en invitarte a un café, escogí creer en todo, incluso en la posibilidad de que tú me devolvieses al mundo, de donde partí hace mucho tiempo.

Ahora ya no había vuelta atrás. María, la maestra, tenía que acudir rápidamente en su auxilio, o ella lo besaría, lo abrazaría, le pediría que no la dejase.

—Volvamos a la estación de tren, dijo. mejor dicho, volvamos a esta sala, al día en que vinimos aquí por primera vez, y tú reconociste que yo existía, y me hiciste un regalo. Fue la primera tentativa de entrar en mi alma, y no sabías si eras bienvenido. Pero, como dice tu historia, los seres humanos fueron divididos, y ahora buscan de nuevo ese abrazo que los una. Ése es nuestro instinto. Pero también nuestra razón para soportar todas las cosas difíciles que suceden durante esa búsqueda.

“Quiero que me mires, y quiero, al mismo tiempo que evites que yo lo noté. El primer deseo es importante porque está escondido, prohibido, no permitido. No sabes si estás ante tu otra mitad perdida, ella tampoco lo sabe, pero algo los atrae, y es preciso creer que es verdad.

“¿De dónde saco todo esto? Lo saco del fondo de mi corazón, porque me gustaría que siempre hubiese sido así. Saco estos sueños de mi propio sueño de mujer”.

Ella bajó un poco el tirante de su vestido, de modo que una parte, sólo una ínfima parte de su pezón quedase al descubierto.

—El deseo no es lo que ves, sino aquello que imaginas.  
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Paulo Coelho, Una historia en “Once minutos”


“Once minutos” (Fragmento)


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