Leyes fiscales y competitividad
Marco Mayorga L.
Para un gobernante es complicado proponer cambios en las leyes fiscales y obtener 100 por ciento de apoyo. Cuando el ex presidente Arnoldo Alemán introdujo la Ley de Justicia Tributaria, tuvo el rechazo político y empresarial porque intentó aplicar impuestos parecidos a los que ahora se proponen. El presidente Enrique Bolaños, para proponer esta Ley, realizó más de 100 reuniones con especialistas, el Cosep y el Gobierno. El menú de estas propuestas es la base del proyecto de ley. A partir del anuncio del presidente Bolaños, el Cosep extraoficialmente ha manifestado desacuerdo y los especialistas han expresado que por primera vez han tenido oportunidad de ser consultados, unos opinan que algunos criterios están incorporados, otros están de acuerdo y otros prefieren ser cautelosos hasta conocer la letra pequeña.
Dejando a un lado el aspecto político del apoyo del FSLN y el rechazo del PLC, para el presidente Bolaños que conoce el sentir de la empresa privada le será complicado quedar bien con todos los sectores económicos. Y esto podría significar fricción con sectores económicos o con el Cosep y otras organizaciones del sector privado. Es notorio que el enfoque de la propuesta del presidente Bolaños es favorecer el sector exportador y continuar apoyando al sector turístico aparentemente limitando actuales beneficios, con el riesgo que por evitar excesos o abusos podría ser negativo.
Algunos opinan que la DGI y DGA con las mismas leyes actuales tienen oportunidad de cobrar mucho más, pero actúan tímidamente (tal vez por costo y manipulación política) con los contrabandista, grandes comerciantes, industriales, agricultores y profesionales informales o semiformales. Entonces algunos sectores piensan que todo incremento o nuevo impuesto significa continuar orientando los esfuerzos de cobros al sector formal que ya tributa más que el resto del área centroamericana y podría afectar la competitividad de Nicaragua.
También existe la posibilidad y esperanza de que los fondos públicos puedan ser manejados correcta y eficientemente más allá del Ejecutivo. Lo que puede significar continuar apoyando la gestión del presidente Bolaños, otorgándole un voto de confianza y darle oportunidad de gobernar sin oponerse a la actual ley confiando en los resultados y cambios o ajustes que podrían realizarse en el camino.
La política de apoyar las exportaciones como estrategia de crecimiento económico, nadie duda que es correcta. Desconozco si existe un análisis de la nueva Ley de Reforma Fiscal, sobre si hará a Nicaragua más o menos competitiva que el resto de Centroamérica. Pero definitivamente el Tratado de Libre Comercio creará un entorno en el que habrá una competencia por atraer las inversiones orientadas a las exportaciones del mercado de EE.UU. Se puede pensar que es la mejor ley y autoengañarse, pero son los inversionistas quienes tienen la última palabra favoreciendo o eligiendo otro; y se satisfará con seguir siendo el pobre de la región.
Es indispensable vigilar permanentemente las inversiones en Nicaragua versus Centroamérica para evaluar si la actual ley fiscal es competitiva y atractiva, o simplemente ajustarla y reducir las tasas e impuestos. Se está entrando en un nivel de competencia que exigirá ser ágiles. Es una obligación despolitizar la estrategia económica, de lo contrario continuará sorprendiendo la situación de los nicaragüenses.
El autor es ex presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua. 
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