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MARTES 29 DE ABRIL DEL 2003 / EDICION No. 23073 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Crónica de una impostura

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Gonzalo Cardenal M.

He venido siguiendo con mucho interés el debate público que actualmente se está dando principalmente entre la gente de la Coordinadora Civil, el Diario LA PRENSA, y el “Comité Nicaragüense Pro Defensa de la Vida” quienes ha pedido públicamente (estos últimos) al Presidente de la República la destitución del Conpes de Violeta Delgado y Ana Quirós, miembros de la Red de Mujeres Contra la Violencia, por la violación del derecho a la vida en el caso de “Rosa” y por posiciones publicadas en algunos folletos. Estas personas han respondido con una demanda por injurias a algunos miembros de dicho Comité, haciendo que no me aguante la tentación de historiar un poco sobre el trasfondo de esta situación por las consecuencias que esto pudiera acarrear.

Para comenzar, creo que toda persona convencida demócrata tiene que coincidir en este caso con el editorialista de LA PRENSA, quien puso el dedo en la llaga al definir con absoluta claridad lo que siempre ha significado para nosotros los nicaragüenses la libertad de expresión, diciendo que “incurren en el antiguo y contumaz defecto de los izquierdistas de todo el mundo, quienes creen que sólo ellos son inteligentes, usan el cerebro y tienen la razón, y que quienes no compartimos sus criterios actuamos por reacciones viscerales, o como se decía en Nicaragua cuando mandaban los sandinistas y se dice actualmente en Cuba, por intención “criminal”.

No termino de explicarme cómo algunas personas tienen la desfachatez de reclamar olímpica y sistemáticamente derechos y respeto que nunca estuvieron —ni están aparentemente— en disposición de conceder a sus adversarios. Creen que tienen el monopolio de la verdad, de la moral, de las buenas intenciones y la representatividad del pueblo.

En Nicaragua estas personas operan desde las Organizaciones No-gubernamentales (ONG) fundadas por el FSLN. En efecto, apenas perdieron el poder, entre los meses de febrero y mayo de 1990 este partido organizó a toda prisa 600 ONG que fueron aprobadas curiosamente sin discusión por la Asamblea Nacional de entonces. Acto seguido el FSLN procedió a hermanar a estas ONG con los llamados Comités de Solidaridad con la Revolución Sandinista que existían en el exterior, canalizando para ellas grandes cantidades de donaciones que recaudaban entre sus simpatizantes extranjeros, dando trabajo a muchos correligionarios que al perder el poder salieron de la planilla del gobierno. Luego muy hábilmente el Frente dividió en dos sectores a sus 600 ONG, dejando a la mitad bajo el liderazgo de la Fundación Augusto César Sandino, adscritas directamente a la línea política e ideológica del partido, y a la otra mitad bajo la Coordinadora Civil (la misma que ha estado haciendo semejante alharaca defendiendo el aborto y el homosexualismo) con la misión de llenar el espacio político que había quedado vacío, y desde ahí, adoptando una mesurada distancia con el FSLN, hacer creer que representaban a una sociedad civil independiente a la política e ideología frentista.

De ahí es de donde han salido todas esas voces disonantes, como la de la señora internacionalista Ana Quirós Víquez, de origen tico-mexicano, inmiscuyéndose en todos los asuntos de la vida nacional, arrogándose la representatividad de nuestra sociedad en su carácter de miembro de la tal Coordinadora Civil, especialmente en los llamados “derechos sexuales y reproductivos” que su organización CISAS fomenta en todo el país.

Digo todo esto porque en esta discusión los nicaragüenses deben conocer plenamente la crónica de esta impostura, de esa representatividad falsa de estas señoras (pocas pero que tanta bulla hacen) que no ostentan ningún cargo de representación popular elegidas por votos de los electores, ni encarnan la manera de pensar de la inmensa mayoría de nicaragüenses.

El autor es educador.  
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