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VIERNES 25 DE ABRIL DEL 2003 / EDICION No. 23069 / ACTUALIZADA 02:30 am
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La mancha humana

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Arquímedes González
arquimedes.gonzalez@laprensa.com.ni

Más de doscientos mil soldados en Irak buscando las tales armas de destrucción masiva, a Saddam Hussein y si están de suerte, a Ossama Bin Laden. No quiero poner en ridículo a la CIA ni al FBI pero en San Juan del Sur encontré las tales armas de destrucción masiva y a estos dos señores bien frescos en chinelas, en calzoncillos porque dijeron que habían salido apurados y sin camisas tomándose unas “chelas”.

Las armas de destrucción masiva que tanto buscó Hans Blix, estaban a la vista de todos. Había incluso megabombas disfrazadas de sifones. Misiles de litro y medio, bombas inteligentes escamoteadas como cócteles de vodka con cerveza. Un arsenal para volar toda la bahía. Incluso vi fedayines y a varios miembros de la Guardia Republicana.

Bueno, yo quisiera en serio, que un equipo táctico ocupara San Juan del Sur y liberara a la playa de tantos establecimientos que no dejan ver el mar. Es horrible. Fui hace unos cinco años y sí, todavía era lugar hermoso, pero esta vez, me desilusioné. Uno encontraba hasta a Judas ya con sólo dos monedas porque había entrado en cada una de las discos que invadieron la playa.

No sé ustedes, pero el mítico San Juan del Sur no existe. Eso de que es el lugar más paradisíaco o natural de toda Nicaragua es una ilusión, como decía el Ministro de Información iraquí. Las hordas llegaron con sus hachas y lanzas a destruir todo vestigio original que había o al menos eso es lo que yo siento al ver nada más bares y bares y más bares como si esperaran a la coalición de alcohólicos con los brazos abiertos.

Hay que preguntarse de forma crítica qué pasa con tanto dinero que entra en ese lugar. ¿Vieron las calles? Parecen las de Managua en tiempo de lluvia. Hay hoyos por todos lados. Y eso que son nada más unas cuantas cuadras las asfaltadas.

Y me perdonan que hable mal de San Juan del Sur. Lo siento por los promotores turísticos, por los que intentan que sea un atractivo permanente, pero debería hacerse un plan para hacer de esa ciudad lo que originalmente era. Una bahía libre de establecimientos en la que podamos llegar y extender nuestras toallas, sacar el bronceador y tener un poco de calma porque el bullicio que se escucha en los días de Semana Santa parecen los bombardeos a Bagdad.

Lo otro que me pregunto es qué pasa con toda la basura que deja atrás la coalición. ¿Qué hacen con tanto? Al menos, en los días que estuve, lo que vi fueron calles repletas de desperdicios, hasta creía que habían saqueos por tanto ir y venir de personas.

Pero yo soy pesimista. Como dice el escritor norteamericano Philip Roth, nosotros, la mancha humana, llegamos a un lugar y lo destruimos. Somos la única especie del planeta que ha acabado con otras, que ha contaminado ríos, lagos, mares, todo para después creernos que somos la gran civilización cuando en realidad lo que padecemos es de gula por engullir cuanto se pueda en el menos tiempo posible.  
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