¿Es Cuba una potencia en derechos humanos?
José Antonio Peraza joperaza@hotmail.com
El ex presidente del gobierno español, Felipe González, afirmó que Fidel Castro siempre será el invitado más popular, porque ha descubierto un truco perfecto: hace denuncias de las injusticias y declaraciones de principios. Nunca da respuestas. Así siempre será aplaudido. Sin embargo, aclara que a pesar de su gran popularidad y que sus denuncias son justas, sugiere que basta con preguntarle lo siguiente, para destruir su argumento: ¿Pero me quiere decir usted qué ha hecho para resolver los 70 años de imperio comunista? Desde luego que para esa pregunta no tendrá respuesta convincente.
A igual conclusión parece haber llegado el Premio Nóbel de Literatura, José Saramago, quien ante la ejecución de tres hombres condenados por asaltar un transbordador con el propósito de huir a los Estados Unidos, escribió en el diario El País: “Cuba no ha ganado una batalla heroica al ejecutar a esos tres hombres, pero ha perdido mi confianza, dañado mis esperanzas, y defraudado mis sueños”. Saramago comenzó y finalizó su artículo con las palabras: “Hasta aquí he llegado”.
No obstante, estas reflexiones nihilistas de dos amigos de Fidel Castro pertenecientes al mundo desarrollado ibérico, el escritor cubano Cabrera Infante fue menos cortés con el dictador al mostrar que la naturaleza del régimen “ha sido un escarmiento. Todos los ejecutados eran negros, el más joven tenía 21 años, fueron acusados de terrorismo pero no mataron a nadie y no han puesto ninguna bomba, lo único que hicieron fue intentar llegar a Estados Unidos”.
En nuestras tierras, un diputado se atreve a manifestar que todas las personas que disienten del dictador de La Habana son “aventureros y delincuentes” y “trasnochados ideólogos y activistas de la derecha” y afirma que Cuba es potencia mundial en la defensa, la protección y la promoción de los derechos humanos y buscado autoridad cita estadísticas dudosas. Algo similar a lo que sucedió en Nicaragua que antes del 90 tenía las mejores estadísticas sociales gracias a la revolución y un mes después de haber entregado el poder se convirtieron en las peores de Centroamérica.
La única explicación comprensible a este fenómeno de percepción errónea de la realidad la encuentro en Sartori cuando manifiesta que “el ideal (comunista) está apagado, pero la enorme red de intereses continúa sobreviviendo”; y continúa, “el fin de la ideología tiene un deterioro acelerado en Europa Occidental; pero es relativamente lento y parcial en los países que están a miles de kilómetros de Moscú en los cuales el marxismo ha llegado tarde y en los que preveo que terminará con igual retraso”, y lapidariamente afirma: “Las ideas transformadas en creencias son ideas fijas, objeto de fe ya no de reflexión”; y para terminar: “Es evidente que en nuestro mundo pululan los personajes que gritan hasta perder el aliento (Fidel) pero no tienen ninguna idea de cómo llegar a algo mejor”.
El autor es politólogo. 
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