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VIERNES 25 DE ABRIL DEL 2003 / EDICION No. 23069 / ACTUALIZADA 02:30 am
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El factor Ronaldo

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Ronaldo actuó como lo que es, el mejor. (LA PRENSA/AP)

 

Edgard Tijerino M.
edgard.tijerino@laprensa.com.ni

Como en el tango de Gardel, uno adivina el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando su presencia. Esos destellos inconfundibles que identifican al goleador pura sangre, puro instinto, pura inspiración, pura magia, divino y seductor, siempre desequilibrante, ombligo del espectáculo.

Lo comprobó la multitud reunida en Old Trafford, y el resto del planeta por TV, viéndolo asestar esas tres estocadas que Dumas hubiera deseado describir en sus Tres Mosqueteros.

Fue Ronaldo quien impulsó al Real Madrid a semifinales de la Liga de Campeones, más allá de la derrota por 4-3 sufrida ante el Manchester, en un partido lleno de bravura, de destreza, de sentido práctico, de movimientos envolventes, de llegadas constantes y de peligros inminentes.

“El fútbol necesitaba un partido como éste”, comentó Alex Ferguson, pero para que un partido como ese adquiera tanta inmensidad, se necesita de la trascendencia de Ronaldo, quien es capaz de convertir una brisa suave en algo brusco y espectacular sin quebrantar la belleza de un amanecer en la playa, o ser un trueno tratando de rasgar la luna llena en una noche poética.

El primer gol, una lección de cómo moverse sin pelota participando en la construcción de las maniobras. El pase largo de Guti hacia la derecha, la entrada del matador, su toque, la posibilidad de desborde cancelada, y el remate de derecha sobre el intento de cierre de Barthez.

El segundo, apareciendo en el momento preciso para convertir en algo tan fácil como un pincelazo de Monet, una pelota en las narices de Barthez consecuencia de una efectiva pared entre Zidane y Roberto Carlos por el sector izquierdo.

El tercero, la recepción segura, el amague para obtener el mejor perfil, un leve movimiento hacia su derecha, y el cañonazo inteligente desde las 20 yardas atravesando las murallas de Jericó y metiéndose por un ángulo que no se le hubiera ocurrido a Bramante, el arquitecto que trabajó en la Basílica de San Pedro.

Hace poco, la revista Don Balón publicó una interesante estadística sobre Ronaldo y su importancia: es líder en goles decisivos para el Real Madrid por encima de Raúl. Ayer, sin el lesionado Raúl en la trinchera, Ronaldo se sintió obligado a crecer y tuvo el atrevimiento y la confianza en advertirlo.

Parecía una jactancia, como las de Alí o Maradona, y se excedió. Tres veces estuvo adelante en el Real Madrid aprovechando la flexibilidad, olfato y seguridad para resolver de Ronaldo.

Cuando apareció David Beckham con sus dos goles, uno de tiro libre, trazado con poder y precisión, y el otro sobre la raya, prácticamente ya hecho, todo estaba consumado. Ronaldo se había encargado de sepultar las esperanzas del Manchester.

Una vez más, la calidad del genio se ha impuesto. Su forma de entender el fútbol, esa facilidad para ser armonioso, su presencia, su importancia, su crecimiento, lo hacen lucir inmenso.

¿QUÉ DIJERON?

“Dios salve a Ronaldo”, tituló el diario deportivo As, y agregó: ojalá podamos disfrutarlo por largo tiempo.

“Si se hubiera necesitado un gol más, seguramente Ronaldo lo hubiera marcado. Pero, con esos tres bastaba para preservar la grandeza del Real”, escribió Carlos Toro.

“Todo lo que Ronaldo toca lo convierte en oro. Para eso están los cracks, para convertir las ocasiones”, apuntó Jorge Valdano.  
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