Día del Idioma Español
Inés Izquierdo Miller ines.izquierdo@laprensa.com.ni
Ayer 23 de abril se volvió a celebrar el Día del Idioma Español, fecha que festejan los hispanoparlantes como reconocimiento a uno de los escritores más extraordinarios de todos los tiempos: Miguel de Cervantes Saavedra, cuya muerte ocurriera en ese día, pero en el año de 1616.
Es indudable que Cervantes y el idioma español constituyen un armonioso binomio, indisoluble y eterno. Cervantes tomó del idioma español los elementos necesarios para gestar esa obra imperecedera llamada Don Quijote de La Mancha; pero a la misma vez dimensionó la lengua a forma insospechada al proyectar en el género que utilizó giros, expresiones, modismos y construcciones sintácticas valederas aún en nuestros tiempos.
El español, en pleno 2003 sigue lozano y robusto, pese a los depredadores que quieren talarlo y mutilar sus ramas más frondosas, los canibalescos afanes de los destructores del idioma no han logrado dañar esta lengua que hoy por hoy es la segunda más importante del mundo y la tercera más hablada, con 400 millones de habitantes nativos.
Sin embargo, el idioma español aún con su lozanía debe preservarse y darle las atenciones que requiere para evitar su deterioro. Cada país debería cuidar su lengua materna como si fuera una área protegida, parte del desarrollo sostenible.
La lengua es como un hermoso manantial, que nace de un pequeño ojo de agua y se va nutriendo de afluentes, sobrepasando meandros y cañadas para convertirse en un hermosa corriente cristalina y plena. Los nuevos vocablos engrosan el caudal idiomático, los disparates merman su riqueza. El español, cuya base léxica es el latín, se nutrió de los dialectos regionales, así como del árabe, quienes dominaron ochocientos años la Península Ibérica. Posteriormente en América aumentó su riqueza con los diferentes aportes de cada uno de los países donde se adoptó el castellano como lengua oficial. De esa manera integradora y fecunda se vigorizó la lengua española
Hay que reflexionar sobre este aspecto para mantener al español como un adalid moderno que enfrenta dragones y legiones enemigas con un lápiz, una cuartilla y un diccionario, que es una herramienta insustituible para conocer y emplear con acierto y corrección nuestro querido idioma. 
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