El problema no es el tono
Además de apoyo a los editoriales en los que hemos criticado a la izquierda nicaragüense e internacional (“Aunque el miedo devore el alma”, “Intolerancia y totalitarismo ideológico”, “El canciller ante la Asamblea”, “Reacción ante una reacción”, y “El vocero de la justicia”), también hemos recibido algunos mensajes insultantes.
Esto último no nos sorprende, porque muy bien sabemos que la izquierda se orienta por una ideología integrista e intolerante, que pretende ser dueña de la verdad sobre la base del conocido apotegma leninista de que “el marxismo es todopoderoso porque es exacto”.
Lo que llama la atención es que haya personas democráticas que en vez de solidarizarse con quienes defienden la libertad y el derecho de las personas a expresar libremente lo que piensan, se molestan con los que refutan las ideas de los izquierdistas. Y como no pueden negar que la crítica es veraz y fundada en hechos actuales e históricos, entonces alegan que lo malo es el “tono” con que se responde y se critica a los izquierdistas.
Pero la verdad es que, salvo excepciones, en general quienes critican las ideas y actitudes de izquierda lo hacen de manera respetuosa. Por lo menos en esta columna editorial de LA PRENSA, en la que por cierto no sólo criticamos a la oposición izquierdista sino también al Gobierno y a la oposición derechista del PLC arnoldista, jamás usamos epítetos, ni imputamos a nadie hechos irregulares que no existan, ni usamos un lenguaje ofensivo y difamatorio contra nadie.
Lo que pasa es que decimos la verdad de manera franca y directa, que es como se debe decir para que nos haga libres (sobre la piñata; el totalitarismo bajo el régimen del FSLN; el latrocinio y la represión somocista; los checazos y los chinampazos arnoldistas; el despilfarro en las instituciones del Estado; las millonarias pensiones de privilegio, incluyendo la que recibe el presidente Enrique Bolaños, etc.). Lo que pasa es que la verdad en ciertos casos y para determinadas personas, duele mucho más que la mentira.
Sin embargo, como no se puede negar la veracidad de la crítica y de los hechos históricos, entonces se reprocha “el tono” con que se dice la verdad y la “arrogancia” con que se critica a los izquierdistas, que por cierto es lo mismo de que nos acusan los arnoldistas cuando denunciamos los abusos y la corrupción en el gobierno anterior.
Curiosa preocupación. Los izquierdistas pueden decir lo que quieren y con un lenguaje ofensivo contra quienes no comparten sus ideas y propósitos y critican sus hechos. Insultan (por ejemplo, dicen que los presidentes centroamericanos y todas las personas que apoyan a la coalición democrática en Irak, son perros que “lamen la bota del amo imperial”), mienten, difaman e inclusive acusan a sus adversarios ideológicos ante juzgados de lo criminal (y cuando están en el poder censuran, encarcelan y torturan a los periodistas independientes y democráticos —como hacían en Nicaragua en los años 80—, y hasta los condenan a 20 ó 25 años de prisión —como hacen en Cuba ante los aplausos y el regocijo de los izquierdistas nicaragüenses—, pero a ellos hay que tener cuidado en responderles y criticarlos... por “el tono”.
Es comprensible, aunque no necesariamente correcto, que los izquierdistas piensen y actúen de esa manera. Lo lamentable es que haya personas democráticas que por la razón o el motivo que sea, consideran que no se debe refutar las posiciones avasallantes de la izquierda, porque pueden calificar el tono como arrogante, olvidando que “la libertad que no se defiende, se pierde”.
El problema no es el tono. El problema es que los izquierdistas desprecian la libertad y la democracia, y sólo las soportan cuando no las pueden abolir y tienen la oportunidad de usarlas para impulsar sus fines liberticidas. El problema es que no soportan el pensamiento ni la palabra ajenos cuando son opuestos a los de ellos.
Sin embargo, mientras no puedan restringir o liquidar la libertad, los izquierdistas deben soportar que los demás la practiquen. Y ojalá que de tanto soportarla lleguen a comprender que la libertad es indispensable para convivir civilizadamente, y que deben respetarla no sólo cuando los favorece sino también cuando los perjudica. 
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